Henri Bergson, el filósofo del tiempo
Mar 21st, 2008 | por admin | Columna: Pensadores
Una elección decisiva
Henri Bergson, el filósofo de la intuición, nació el 12 de octubre de 1859 en París, de padres anglo judíos. En 1868 ingresó al Lycée Fontane (después Lycée Condorcet), donde fue un alumno brillante que reveló iguales y extraordinarias disposiciones para las ciencias y las letras. Durante largo tiempo vaciló entre ambas. Finalmente optó por estas últimas, con gran escándalo de su profesor de matemáticas, Desbrodes, quien estimó que este ramo había perdido a un futuro gran matemático. Antes de abandonar el liceo, obtuvo un premio por haber resuelto un problema de álgebra con una prueba escrita que fue publicada en los Anales de Matemáticas.
Terminados sus estudios secundarios, Bergson ingresó a la Ecole Normale de Pans, de la que salió con el diploma de Profesor suplente de Filosofía, ocupando el segundo lugar en una promoción cuyo primer puesto fue para Lesbezeilles y el tercero para Jean Jaurés, el futuro líder socialista francés.
El profesor de filosofía, el conferencista, el escritor
El primer nombramiento que obtuvo Bergson fue el de profesor de filosofía en Angers (1881), donde sirvió dos años, y pasó a continuación a ocupar un puesto similar en el de Clermont-Ferrand, que dirigía el padre de Paul Bourget, desde 1883 hasta 1888. La vieja ciudad de Clermont con su quietud y plácido ambiente era propicia al estudio. El joven filósofo se hizo pronto famoso por sus conferencias. El 21 de febrero de 1884 dictó una sobre “La Risa”, que causó sensación y cuyas ideas fueron desarrolladas y maduradas dieciséis años después en el libro que tuvo este mismo título. Desde 1888 hasta 1889, fue profesor del Collége Rodin. En este último año obtuvo su doctorado con su obra “Essais sur les Données Inmediates de la Conscience” (Ensayo sobre los Datos Inmediatos de la Conciencia. En ella trató de establecer valores permanentes allí, donde las ilusiones necesarias de la mente sitúan las apariencias de espacio, para retroceder desde aquí hacia una solución original del problema de la voluntad, que constituía en aquel entonces la principal preocupación de la filosofía francesa.
Desde 1889 hasta 1897, Bergson enseñó, en el liceo Henri IV, y publicó, en el entretanto, “Matiére et Mémoire” (Materia y Memoria, 1896. La Escuela Normal Superior solicitó luego sus servicios hasta el año 1900, en que publicó “Le Riré.
Después de su matrimonio con Mlle. Neuberger, prima de Marcel Proust, Bergson fue profesor de filosofía en el Collége de France desde 1900 hasta 1921. Durante este período (1907) apareció su obra de mayor trascendencia: “Levolútion Créátrice” (La Evolución Creadora. A partir de ese libro, todo el París elegante afluyó a sus conferencias, en tal forma que algunos lo llamaron irónicamente “filósofo para las damas”.
Sus clases, dictadas en la Sala N., 8, que llegó a ser célebre, tuvieron una popularidad que no habían alcanzado jamás, ni las de Michelet ni las de Renan ni siquiera las de Romáin Rolland. Era tal la expectación creada ante cada una de sus clases que un día Chuquet, el profesor de historia, cuyo curso comenzaba una hora antes que el de Bergson, exclamó: “Señoras y caballeros: antes de ir a escuchar a Monsieur Bergson os ruego que tengáis la paciencia de soportarme a mí en silencio”.
Bergson dictaba sus clases con una voz pequeña y suave que se tornaba ligeramente temblorosa en los pasajes sutiles. Como decía una de sus admiradoras, “se sentía vibrar las almas”.
Acerca de la duración y el movimiento
A diferencia de Hegel, Schopenhauer y Spencer, Bergson no fue el creador de un sistema filosófico concebido como conjunto en su juventud y desarrollado más tarde en la vida. Hay, no obstante, en su filosofía una idea que se destaca y que, según se cuenta, fue concebida por él durante una caminata por Clermont-Ferrand cuando tenía 25 años de edad. Desde Platón, la filosofía había consistido en eliminar la duración, en contemplar el tiempo como una ilusión, y Bergson se preguntó si, por él contrario, el ser finito del que los filósofos tenían conocimiento por la reflexión, no sería el Tiempo mismo, no sería algo imperecedero. El substituyó, por consiguiente, la frase de Descartes “Yo soy una cosa que piensa” por la frase “Yo soy una cosa que dura” y el “sub specie ternitatis” de Spinoza, por la “sub specie durationis”. Reemplazando en esta forma los valores estéticos por valores de moción y cambio, operó una verdadera revolución en el campo de la filosofía. Toda su obra esta relacionada con la duración y el movimiento. Bergson no procede por especulación general. Según él, la filosofía como ciencia sólo puede progresar descartando las teorías generales y los sistemas universales y dedicando la atención a los problemas particulares. En cuanto a su método, mientras la mayor parte de los filósofos idealistas contemporáneos trataban de conciliar la filosofía con la ciencia, Bergson substituyó el método propiamente científico por un método nuevo fundado en la intuición. El parte de esta idea esencial: que si queremos representarnos la verdadera naturaleza de la vida, debemos aplicar a este objeto, sobre él cual el conocimiento intelectual no puede tener ninguna captación, otra forma de conocimiento, no analítico, sino directo, inmediato, el cual tiene su principio en el instinto, razón por la cuál muchos han creído ver en el bergsonismo una apoteosis de la intuición y de los valores místicos.
Brevemente esbozadas, las ideas fundamentales de la que es considerada su obra maestra, “La Evolución Creadora” (donde estudia todo el problema de la existencia) son las siguientes:
Rechazando el monismo tanto idealista como materialista, Bergson concibe el universo como algo que no es ni puramente materia ni puramente espíritu, sino un proceso eterno, un “devenir” que preserva el pasado y crea el futuro. El mundo para él no es fijo, sino que se mueve eternamente, evolucionando, adoptando la forma de un equilibrio eterno en el que “nada se crea, nada se aniquila”. El Tiempo, tal como nosotros lo hemos concebido, es una mera ficción de nuestro espíritu que hemos extraído de la idea de yuxtaposición en el espacio. El Tiempo real es el Tiempo eternamente presente. Esté concepto soluciona las antinomias del instinto y de la inteligencia, de la materia y del espíritu, de la libertad y el determinismo. En vez de estar atado por los grillos de hierro de la necesidad, el universo se mueve siempre hacia adelante, evoluciona constantemente en una actividad libre y creadora.
Las dos fuentes de la moral y la religión
Pero la filosofía de Bergson carecía, para ser completa, de una Moral. En 1932, la proporcionó a sus discípulos con la publicación de su obra “Les deux sources de la Morale et de la Religion” (Las dos fuentes de la Moral y de la Religión), que aparece dividida en cuatro partes: la primera está consagrada a la Obligación Moral; la segunda, a la Religión estática; la tercera, a la Religión dinámica, y la cuarta, a la Mecánica y a la Mística. El libro termina con algunas observaciones en que el autor expresa sus puntos de vista sobre el porvenir de la Sociedad y sobre las cuestiones sociales que dominan nuestra época, como ser la Democracia, la Sociedad de las Naciones, el eugenismo, el industrialismo, etc. Oponiendo la Mecánica a la Mística, Bergson piensa que la era del maquinismo debe ceder ante un retorno a la vida simple que el propio progreso mecánico hará posible, a una vida mística cuya primera luz se vislumbra quizás en el umbral de esta “terra incognita” que la metafísica intenta hoy explorar.
Su legado
Una parte muy importante de la filosofía de Bergson se encuentra asimismo en sus trabajos menores, como ser “Le Rire”; en sus conferencias sobre “La Perception du Changement” (La percepción del cambio), “Le intuition philosophique” (La intuición filosófica), “La conscience et la vie” (La conciencia y la vida), “Lame et le corps” (El Alma y el Cuerpo, 1912). “La Philosophie de Claude Bernard”, leída en el Collége de France; en su volumen titulado “Durée et simultaneité” (Duración y Simultaneidad, 1922), en que discute las teorías de Einstein, y en prefacios escritos a varios volúmenes de filosofía.
Sus obras han sido traducidas al alemán, inglés, italiano, ruso, húngaro, polaco, checoslovaco, entre otros. En español existen: “Materia y Memoria”, “La Evolución Creadora”, “La Risa”, “Ensayo sobre los datos inmediatos de la conciencia”, “La Energía espiritual” y “El pensamiento y lo Movible”, una versión española de “La Pensée et la Mouvant” (1935), en que Bergson recopiló sus últimos trabajos. Son artículos y conferencias precedidos de dos ensayos introductivos, uno sobre “el crecimiento de la verdad” y el otro sobre “posición de problemas” en que, sin descender a la polémica, Bergson trató de responder a las críticas que se alzaron contra su método.
El orgullo de la sangre.
En los últimos años de su vida, Bergson solía cambiar con frecuencia de residencia para huir de los visitantes que acudían de todas partes a turbar su soledad, y por esta razón se le había puesto el apodo de “el Judío Errante”. Su último hogar fue una casa en el barrio de Passy, en París, donde vivía con su hija en un aislamiento total. Allí permaneció al estallar la Segunda Guerra Mundial, no obstante la advertencia de sus amigos de que se pusiera a salvo de la posible persecución “nazi”. Orgulloso de su sangre judía, rehusó, en diciembre de 1940 y un mes antes de su muerte, el ofrecimiento del gobierno de Vichy de eximirlo de los decretos que exigían la renuncia de los judíos a todos los cargos prominentes. El 9 de diciembre entregó voluntariamente su cátedra honoraria en el College de France, aun cuando el gobierno le pidió que permaneciera, en mérito a “sus servicios artísticos y literarios a la nación”. También rehusó ser eximido de firmar los registros públicos de los judíos. A los ochenta y un años, se levantó de su lecho de enfermo e hizo cola para firmar dichos registros. Y así murió en soledad, el 4 de enero de 1941.








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Quedo sorprendido al ver que en tan poco espacio es posible dar una percepción tan grata y clara de Henri Bergson. Bergson me ha parecido, por el momento, el filósofo que hay que leer, comprender, y seguir. Encuentro su escritura cautivadora, y sus ideas siempre actuales. No se puede ser más libre que volviendo a la vida…en fin.
Quería felicitar al autor de este pequeño texto, y preguntarle si conoce la manera de conseguir las conferencias de Bergson en español. Gracias!