Tres minutos de reality show, 1 segundo de memoria

Mar 24th, 2008 | por admin | Columna: Editoriales

Los tiempos que nos envuelven y la esperanza de un pensamiento inteligente.

¿Qué es la realidad? Frivolidad vs Supervivencia

Duración.

Estamos atrapados en el tejido de la tercera dimensión. Perpetuidad efímera de pensamiento anulado. Nuestra realidad se escabulle por los resquicios de cronómetros que se apoderan del gozo, el sufrimiento y la vida. 15 minutos de desayuno, 20 segundos para alcanzar la salida, 1 segundo para sonreír y 10 para enojarse.

El ayer es lejano… el hoy se recrea en la magnificación de la acción inactiva. Un poco por desidia de los escritores de historias, otro poco por vouyerismo, y mucho por intereses particulares que pretenden enraizarse en el inconciente colectivo, el ”reality show” es llevado al extremo, hasta el punto de destrozar todo parecido con la realidad. Vivir a través de, sentir mediado por… “acción inactiva”. Entonces nos preguntamos: ¿ Es ese “otro observable” una ventana o simplemente un espejo? ¿Es que mediatizando la acción se logra escapar de la perduración del sentido? o mejor aún ¿contemplando la vida de otros es posible apaciguar la incomodidad de ser?

Hoy se respira la cultura de la insignificancia. El tiempo del pensamiento reflexivo cede su ubicación a la manipulación financiera, a la especulación racional y emocional.

Si nos dejamos llevar por los medios de comunicación social, de pronto parecería como si la vida se dividiese en el tiempo de los otros y el tiempo de los seudo-intelectuales, esos que pretenden inmolarse en salvadores globales, convirtiendo la solemnidad de la imbecilidad en una moneda de cambio. “Nuestro” tiempo dio un paso al costado, se dejó avasallar por una serie de sin sentidos y nimiedades.

Tiempo de tener. Tiempo de mostrarse. Tiempo de anestesia emocional. Tiempo que se detiene para permitir la juventud eterna. Teen Time (1). Tiempo de necesidades generadas por deseos de poder. Tiempo de paradojas.

Se observa en la sociedad esa compulsión por ser sujetos descremados, poseedores de pocas razones e infinidad de deseos. Y a pesar de que recordamos con dolor la inquisición medieval… no podemos dejar de percatarnos la condena que sufre todo aquel que es “diferente” o “normal”… porque estamos frente a un siglo contradictorio donde es rechazado tanto lo “diferente” como lo normal. ¿Han reparado en el hecho de cómo ciertas ideas han sido trastocadas con el fin de “legalizar” lo “anormal”? Es que sin duda han confundido cantidad con normalidad. Que una gran cantidad de sujetos sean corruptos no significa que ser corrupto sea “normal”. ¿Estamos de acuerdo?

Adviertan otra curiosidad, si le preguntamos a cualquier persona ¿quién es? casi seguro nos responde con un nombre, un apellido y una profesión. Juan Perez, abogado… como si todo su ser dependiera de esa circunstancia. Como si todo su valor de ser humano se remitiera a un doctorado. Y es que con esta lógica, aquel que no tuvo la posibilidad de convertirse en “profesional”, deja de SER. Y eso me parece completamente injusto y oscuro.

Asistimos a un tiempo de indefiniciones e indiferencias.

El mundo comparte un tiempo ilusorio, determinado por meridianos… pero se pierde en tiempos parciales coincidentes con universos sociales y culturales. El tiempo del hoy, tiende a ocultar el ayer.

La memoria se adormece en los cajones de la historia. Y de pronto la anestesia se evapora en el suspiro de la conmemoración. Una evocación cada 32 años!(2) ¡¡”qué incomodo que es recordar”!!

¿Quienes somos?

Si no podemos recordar, no podemos conocer. Si no podemos conocer, no podemos amar. Es amando como aprendemos a sentir, y es sintiendo como nos hacemos seres humanos. La indiferencia y la desmemoria son los peores venenos que el hombre haya inventado. Indiferencia ante el sufrimiento, ante la maldad, ante el bien. Da lo mismo. Es tan tóxico olvidar los sucesos equivocados como deslucir los actos heroicos.

Pero por favor, observémonos, las imágenes se suceden como si nuestro mundo se fragmentara en cuadros y tomas al azar. La edición corre por cuenta de nuestro antojo. Vemos lo que queremos ver. Escuchamos lo que queremos escuchar. El presente global es una ilusión de nuestros sentidos. ¿Cómo podemos comprender el Todo si no alcanzamos a conocer lo nuestro? Ver nuestra realidad es el primer paso para sintonizar nuestro reloj con el reloj universal. No es la economía, ni la política la que marcan los tiempos… esa es una manipulación de aquellos que poseen los “privilegios” del poder. La conciencia es algo que todos atesoran en algún espacio de su ser; y es eso que TODOS pueden desarrollar lo que aterra a los que se creen exclusivos y abusan de esa condición.

Autoconciencia. Conciencia de ser. Conciencia del otro. Conciencia de la realidad que me circunda.

No importa el color de la piel, la calidad social, el poder adquisitivo, la cultura, o el sexo al que un sujeto pertenece. Hay algo que lo convierte en ser humano y es esa capacidad de volcar la conciencia hacia si mismo. No nos dejemos engañar con falsas expectativas de igualdad financiera.

Celebremos las diferencias dándoles a todos el mismo status. ¿No creen que es tan valioso el catedrático como el baqueano? sí, por la simple razón de que ambos son irreemplazables. Las culturas no son mejores o peores, ricas o pobres. Las culturas son la expresión telúrica del espacio. Son respetables y dignas, porque llevan en su interior la síntesis del tiempo y las ansias de la existencia. De ahí la necesidad de escuchar y ver. Escuchar las voces de los condenados al silencio. Ver los rostros de aquellos que “no son” o “son con vergüenza”.

Hay esperanzas.

Como una llama, temblorosa en medio de la noche… hay hombres y mujeres que escuchan y ven lo que el otro es, lo que el otro necesita. Es su tiempo el anhelo y su esfuerzo la promesa. La fractura se instaura en las profundidades y devine en paradoja.

Superficies insipidas, atravezadas por tiempo de decisiones, de heroicidades, de pensamientos inteligentes , de empatia, de valores compartidos.

Y es en medio de la tormenta que se anuncia el horizonte. Y es el tiempo de cada uno el que construirá el tiempo de todos. Será recién cuando ese tiempo tenga en cuenta las diferencias y su tic tac sea el autentico sonido de la libre expresión y la posibilidad; cuando el tiempo del descontento, la angustia y el sufrimiento se esfume como la oscuridad ante la llegada del sol.

¿Estamos frente a un nuevo amanecer de la conciencia? El tiempo y la historia desvelarán esta incógnita. Mientras tanto los invito a recordar, escuchar, ver y comunicar. Frente a la cultura de lo efímero evoquemos las palabras de Almafuerte “No tengas el afán de parecer, sino el afán de ser.”

***

(1) Teen Time: “tiempo adolescente” (arriba)

(2) En referencia a los 32 años del golpe militar en Argentina.(arriba)

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