Cuando los héroes lloran

May 24th, 2008 | por admin | Columna: Editoriales

¿Se han preguntado alguna vez por qué películas como Gladiador, “El último de los mohicanos” o “Corazón valiente” despiertan ese sentimiento especial en nosotros? Inflamados de honor, de dignidad, de esperanzas… creemos que vale la pena intentarlo.

Salimos del cine con la idea de que, quizás, aun es posible cambiar las cosas; pretendemos canjear nuestra forma de comprender y actuar en el mundo… aunque más no sea durante el viaje hasta el café, y la charla de rigor criticando a algún político de turno.

Es muy fuerte ver a figuras como Maximus, Hawkeye, Wallace… seres todopoderosos que contra viento y marea lograron ser únicos, con la sola fuerza de su voluntad y su anhelo. Quizás lo que más nos conmueva sea el hecho de que hayan sufrido y resistido más acá de la pantalla, en las calles de la duración ordinaria. Carne y hueso perduran en la memoria bajo la forma del héroe, como signo de que sobrevivir y vivir son vocablos que distan de ser sinónimos.

Al leer, escuchar o ver sus historias algo se agita en nuestro corazón adormilado por el confort y la rutina, algo se enciende y titila desde lo más profundo de nuestro ser … ¿condición de mortal quizás? Nuestra alma soñolienta se despereza y se inclina ante la grandeza de la voluntad, de aquel que a podido renunciar a si mismo en pos del otro.

Entonces ahí, desde la comodidad del sofá o la butaca, se produce la identificación con el héroe. Nos vemos transfigurados en aquel que ha podido resumir en su persona el ansia de creer y confiar.

Creer que es posible defender los ideales con honradez, confiar en la propia acción.

Nos exalta la fuerza que propaga, nos golpea la majestad que posee. El héroe deja de tener vida propia para disolverse en el imaginario popular del mito. Nos tienta el permitirnos fantasear con un papel similar. Creernos invencibles, eternos, poderosos.

Claro que el precio “a pagar” anula las ganas con la rapidez del rayo. Sacrificar la individualidad y los intereses personales por la prosecución de la libertad de un pueblo, no es algo que todos estén dispuestos a consentir.
Confiar.
Creer.
Soñar.

Anhelar.
Moverse.
Concretar.
Durante el mes de mayo, a lo largo de la historia de la humanidad, han acontecido infinidad de sucesos trascendentes. Y cuando hablo de trascendencia no me refiero sólo a los hechos que grabaron la conciencia colectiva, sino también a aquellos que imprimieron su cuota de emoción aunque más no sea a un grupo reducido de seres humanos: un nacimiento, un compromiso de amor eterno, el primer beso, el abrazo que contiene, la palabra que alienta. Hay tantos pequeños gestos de humanidad impregnando el ambiente…

Tomemonos un momento para recordar a aquellos más cercanos, para reconstruir lo que hemos vivido en los mayos antecedentes. Es una deliciosa forma de cultivar nuestra propia identidad. ¿No les parece?

También es bueno recordar la historia del suelo en el que echamos raíces. Mis padres me enseñaron a ser agradecida y honrar a mis antepasados como única forma de crecer con inteligencia. Ya lo decía Cicerón: la historia es cíclica, vale la pena conocerla para evitar cometer los mismos errores una y otra vez. Sábato, por ejemplo, ha observado que estamos entrando en una nueva edad media… pero no nos vayamos por las ramas, volvamos a las raíces. Durante el mes de mayo aquí, en Argentina, una serie de acontecimientos desembocaron en la revolución que abrió el sendero de la independencia.

Allá por 1810…

Que lejanos se nos presentan los hombres y mujeres que hicieron posible el presente: “nuestros próceres”. El término prócer me suena a estatua, fría e inanimada. ¿No les pasa lo mismo?

Si nos mencionan a William Wallace, nos conmovemos; si nos nombran a Manuel Belgrano, lo único que se nos viene a la mente es la figurita del Billiken que ni siquiera representa al Belgrano rubio, de ojos claros y apasionado de la realidad. ¿Cómo es posible esto? Aquí descubrimos dos problemas, uno se relaciona con la posmodernidad y el otro con la educación: Marketing y estrategia de venta por un lado, y conciencia de hechos, por el otro.

Seamos realistas, nuestros héroes no tienen prensa, los han hecho carecer de “encanto novelístico”, y para colmo son encasillados en roles fijos e inflexibles. Belgrano, el creador de la bandera; Sarmiento, el maestro; San Martin, el militar y estratega. Sólo exponer algunos casos.

Despojados de todo viso de humanidad y grandeza han devenido en pedazos de mármol arrastrándose por los pasajes de la memoria escolar.

Imágenes unidimensionales de hechos trastocados y personalidades desinfectadas. O lo que es igual de injusto: resaltamiento de las imperfecciones humanas con el fin de sentirnos menos miserables desde nuestra posición de comodidad massmediática.

La historia bien entendida comienza por casa… porque es típico: a la hora de hacerse cargo, la culpa siempre la tiene el otro.

Compartir el pasado familiar es el primer paso para comprender la historia nacional y mundial. Generar la inquietud y la curiosidad por las cosas es fundamental. Despertar el sentimiento de compromiso con nuestra memoria es hacernos cargo de nuestra realidad , es dejar de criticar compulsivamente la acción de todo aquel que pretende hacer algo. Resulta imperioso unirse a la rueda de un accionar inteligente dejando de mirar la existencia desde el diván de la evaluación.

Educar en y con valores es una de las estrategias para resolver esta encrucijada de vacuidad y sinrazón,

A veces me desespera la indiferencia a la que son sometidos todos aquellos sujetos que forjaron y se sacrificaron por sus ideales. Debido a eso, esta editorial es para honrarlos, traerlos al frente de la memoria, acunarlos en los brazos de la gratitud y tomar la antorcha de la lucha. Los tiempos nos imponen una nueva revolución. Seguramente menos sangrienta.. una revolución de las mentes, una liberación de los grilletes conceptuales que nos aprisionan impidiéndonos Ser con dignidad.

Sentir el honor de ser humanos.
Liberarnos del peso de los egoísmos y caprichos.
Unirnos en vez de dividirnos.
Contener en lugar de pedir.
Renunciar en lugar de acumular.

Es verdad, hubo y hay héroes que luchan por la libertad de los pueblos, héroes que escriben por la emancipación de las ideas, héroes que curan, héroes que escuchan, que aconsejan, sonríen, enseñan… Héroes que plasman sus sueños en el inconsciente del pueblo y unifican las acciones de los muchos para beneficio de todos. Héroes que abandonan el rebaño, que dejan de postrarse ante las imposiciones de los que ostentan el poder.

Hay infinidad de maneras de convertirse en héroe, todas nos hablan del desapego, la solidaridad y el amor. Hay héroes a cada paso; encontramos a los que luchan desde su puesto de trabajo, para hacer del mundo un lugar más justo, más cálido, más sano, más feliz, más inteligente, más armónico. Están los que se sumergen en la desesperanza de otros y tratan de encontrar allí la semilla de la alegría. Los que alimentan el cuerpo y los que nutren el alma; los que enseñan a comprender la realidad a partir del propio ejemplo. Los héroes cotidianos que no se encuentran en los libros de historia, aquellos que permanecen vivos en el recuerdo de los que se sintieron contenidos y amados.

Aprendamos a honrar a nuestros antepasados y a quienes, desde el presente, se juegan enteros por sus convicciones. Comencemos a construir el edificio de nuestra identidad desde las bases de nuestro pasado individual y grupal. Sólo de esa forma encontraremos en nosotros aquel sentimiento de grandeza que incendia nuestro corazón.

Brindo por el despertar del sueño dogmático de la indiferencia.

Feliz mes de la revolución.

A nuestra salud!

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