Un hombre de acción: vida y obra de DF Sarmiento

Sep 11th, 2008 | por admin | Columna: Pensadores

Nació el 14 de febrero de 1811 en San Juan, Argentina. Hijo de José Clemente Sarmiento y Paula Albarracín.

Tuvo una formación autodidacta. Durante la Guerra Civil -que asoló a las Provincias Unidas del Río de la Plata a finales de la década de 1820- combatió en el bando liberal, y cuando Juan Manuel de Rosas estableció su dictadura en 1835, partió como exiliado a Chile. En este país trabajó como periodista y profesor, y fue allí donde publicó “Facundo, civilización y barbarie” (1845), contra el régimen del “Reformador”. En 1842 comenzó a ejercer como director de la importante Escuela Normal de Preceptores en Santiago y, tres años más tarde, el gobierno chileno le envió a Europa y Estados Unidos para estudiar sus sistemas educativos. Tras la caída de Rosas en 1852, regresó a su país. Lo llamaron “chinito petulante” y, él los definió como una “oligarquía con olor a bosta de vaca”. Ministro plenipotenciario de la República Argentina (proclamada en 1862) en Estados Unidos, desde 1864 hasta 1868; al final de su ejercicio fue elegido presidente de la República. Su administración fue enérgica y progresista, extendió el comercio, mejoró el transporte, favoreció la inmigración y fomentó la enseñanza.

Cuando acabó su época presidencial, volvió a enseñar. Como director de escuelas en Buenos Aires, reorganizó el sistema escolar. Entre sus escritos destacan: “Conflictos y armonías de las razas en América” (1883), “La vida de Dominguito” (1885), dedicado a su hijo muerto en la Guerra del Paraguay. En 1885 fundó “El Censor” y se opuso a la candidatura de Miguel Juárez Celman.

Murió del corazón en Asunción, a los 77 años, la madrugada del 11 de setiembre, en el Cancha Hotel. Cerca estaba Aurelia Vélez Sarsfield, su gran amor desde 1865. Fue embalsamado y amortajado con las banderas argentina, chilena, paraguaya y uruguaya.

Arte y ciencia, los amores de Sarmiento

Sarmiento fue un aficionado al dibujo desde su infancia. Después, su temperamento inquieto lo dejó sin tiempo para estudiarlo. Sin embargo, nunca dejó de interesarse por la pintura y de alentar a los artistas, a quienes ayudó en todo momento. La historia le reconoce ser el principal promotor del movimiento plástico que surgió en San Juan a partir de 1840. La mayoría de aquellos artistas fueron mujeres que habían comenzado a adquirir sus habilidades en una escuela fundada por el mismo Sarmiento: “el Colegio de Santa Rosa”.

Algunos de los pintores que integraron el movimiento sanjuanino fueron Benjamín Franklin Rawson, Gregorio Torres, Procesa Sarmiento (su hermana) y Ataliva Lima.

Sarmiento no sólo se ocupó de las artes plásticas en San Juan sino que, siendo presidente de la República, fomentó los cursos de pintura que daba el profesor veneciano Aguyari. Y hasta tuvo la intención de crear la Academia y el Museo de Bellas Artes, sin que le alcanzara el tiempo de su período de gobierno para conseguirlo.

Entre sus amigos contó a algunos pintores de reconocido prestigio, como los franceses Amadeo Gras, Monvoisin y el alemán Mauricio Rugendas. Esta afición por la pintura fue compartida por su familia ya que, además de su hermana Procesa, también su nieta Eugenia Belín se dedicó a la pintura.

El autor de “Facundo” fue también un decidido promotor de la ciencia y de la divulgación del conocimiento científico, el que consideraba fundamental para poder desarrollar el país. Con esta idea en mente, trajo desde el exterior al naturalista Germán Burmeister y al astrónomo norteamericano Benjamín Arpthorp Gould. A este último lo puso al frente del Observatorio de Córdoba, que recientemente había creado. También apoyó el trabajo de los sabios locales, como el del paleontólogo Florentino Ameghino. Y brindó conferencias en las que confesó su admiración por el inglés Charles Darwin, padre de la Teoría de la Evolución.

El método de la lectura gradual de Sarmiento

Con el final de 1882 llega a Buenos Aires una nueva edición del Método de Lectura Gradual creado por Domingo Faustino Sarmiento casi cuatro décadas atrás, cuando residía en Chile. El volumen -de apenas 64 páginas- fue impreso en Bélgica por orden de la librería de Ch. Bouret, de París, con sucursal en México. Se vende por miles en Chile y en otras naciones hispanoamericanas. En Argentina las preferencias- se inclinan por la Anagnosia, de Marcos Sastre.

Años atrás, Sarmiento dio razones de la poca circulación que su obra tuvo en el país: “Para hacer conocer sus ventajas- escribió en 1875 a Miguel Uliarte- era necesario recomendarlo al público, o introducirlo autoritariamente en las escuelas. Pero sucedía que el autor era jefe del Departamento de Escuelas de Buenos Aires y (como) había otros métodos de uso, debió considerar impropio, y acaso incompatible con sus funciones, preconizar su propia obra o hacerla adoptar” Agregó que “requería además, que los maestros adoptasen una nomenclatura artificial o técnica en el nombre que se da a las letras del alfabeto, llamándolas be, ce, de, fe, me, ne, etc y maestros tomados de aquí y de allá no están siempre dispuestos a oir razón, haciendo suyos los nombres usuales de efe, hache, jota, etc, que tanto embarazan y confunden a los niños.

Nuestros escolares de hoy bendecirían a quien les permitiera escribir como proponía Sarmiento. Así, por ejemplo: ¿Qe gusto tendrá el pan echo con esta arina falsificada?. O así: El año se compone de trescientos sesenta i cinco días i seis oras, qe al cabo de cuatro años acen un día entero.

Tras analizar el Método un maestro dijo a su autor: “Por este libro le serán perdonados en la otra vida todas las penas del Purgatorio y le sobrarán seis años de indulgencia todavía”.

Fuente: Ambas Américas Revista de Educación, Bibliografía y Agricultura Fundada por D.F. Sarmiento en Nueva York en 1867 Pag. 29 Nþ6 Septiembre de 1993

De publicaciones, exilio y sociedades literarias (1835-1845)

En San Juan, entre 1835 y 1840, Sarmiento creó una sociedad literaria, filial de la Asociación de Mayo fundada por Esteban Echeverría en Buenos Aires. Y, en 1839, junto con el llamado Grupo de los Cinco, Manuel Quiroga Rosas, Antonino Aberastáin, Indalecio Cortínez, Guillermo Rawson y Dionisio Rodriguez, fundó el periódico “El Zonda”. Según Natalio Botana-, se editaron seis números en poco más de un mes dirigidos a no más de cincuenta lectores porque sólo tenían 39 suscriptores. El cierre se debió a que el Gobierno sanjuanino los obligó a pagar un impuesto muy elevado por la publicación.

Ese mismo año fundó el Colegio de Señoritas de la Advocación de Santa Rosa de América con el apoyo de su tío, José Quiroga Sarmiento. Por entonces leía a autores como Alexis de Tocqueville, Louis Blanc, el Conde Claudio de Saint Simón y Pierre Leroux.

En 1840 se exilió nuevamente en Chile por participar en una fracasada conspiración unitaria contra el gobernador Nazario Benavídez (federal). Allí, gobernaban los pelucones (conservadores) desde hacía diez años en un régimen político republicano, cuya ley fundamental era la Constitución de 1833. El presidente chileno era el general Joaquín Prieto (1831-1841) a quien sucedió el general Manuel Bulnes (1841-1851).

Durante la presidencia de Prieto se había restablecido la estabilidad política y econonómica. Santiago de Chile era una progresista ciudad de 80.000 habitantes, con libertad de prensa, y una Universidad fundada y dirigida por el ilustre poeta venezolano Andrés Bello.

Sarmiento colaboró -durante el gobierno de Bulnes-, con su amigo y futuro presidente de Chile, el ministro de Instrucción Pública, Manuel Montt.

Viajes y libros (1845)

En 1845, cuando Sarmiento tenía 34 años, algunos acontecimientos influyeron de manera decisiva en su actuación pública. Ese año publicó en “El Progreso” -en forma de folletín-, “Civilización y Barbarie. Vida de Juan Facundo Quiroga y aspecto físico, costumbres y hábitos de la República Argentina”. Con el tiempo, se convirtió en su obra más conocida. También editó su “Método gradual de enseñar a leer el castellano” y “General Fray Félix Aldao, gobernador de Mendoza”.

Ese mismo año, Manuel Montt, ministro de Instrucción Pública de Chile -bajo la presidencia de Manuel Bulnes-, le encargó el estudio de los sistemas educativos y las políticas migratorias de EE.UU y Europa. Sarmiento volcó sus impresiones en “Viajes por Europa, Africa y América, 1845-1847″: cartas editadas en dos volúmenes entre 1849 y 1851. Recorrió el mundo en dos años: visitó Uruguay, Brasil, Francia, España, Argel, Italia, Alemania, Suiza, Inglaterra, EE.UU, Canadá y Cuba.

A fines de 1845 conoció en Montevideo a Esteban Echeverría el ideólogo de la Generación del 37. En Uruguay también encontró a Bartolomé Mitre y a Florencio Varela. De allí viajó a Brasil. Se contactó con José Mármol en Río de Janeiro, y desde esa ciudad se trasladó a Europa.

En Gran Bourg, Francia, visitó al general José de San Martín por 1846. Sarmiento tenía 35 años y San Martín 68. Un año después, en los EE.UU, conoció a un destacado educador norteamericano, secretario del Consejo de Instrucción Pública de Massachusetts, Horace Mann y a su esposa Mary. Ellos influirían significativamente en sus proyectos educativos.

Escritos pedagógicos de Sarmiento

A la obra pedagógica principal de Sarmiento, “Educación popular”, el libro que mas estimaba su autor, deben añadirse los folletos titulados: “Programa de un colegio de señoritas en San Juan” “Análisis de las carillas, silabarios y otros métodos de lectura conocidos y practicados en Chile” (1842) “Método de lectura gradual, adoptado por la Facultad de Humanidades y mandado seguir por el Gobierno en las escuela públicas” “Instrucción a los maestros de escuela” Publico a sus expensas: “Método de lectura en quince cuadernos , por Bonifaz” (1841) Tradujo, para dotar a la instrucción primaria de tratados útiles, los siguientes: “Conciencia de un niño” “Manual de la historia de los pueblos de Levi Alvarez, “El Por qué o la física popularizada” “Vida de Franklin”, entre otros.

Entre sus interesantes artículos periodísticos de carácter pedagógico pueden situarse: “La educación publica en América Latina”. (El Mercurio, 17,18,22,23 de marzo de 1842) “La mujer y la civilización” (El Mercurio del 22,23,24 de agosto de 1841) “El trabajo de la mujer” (El Progreso 25 de septiembre de 1844) “Eficacia de la ley de Instrucción pública” ( La Crónica de junio 24 de 1849 “El medio de crear escuelas” (El Mercurio de noviembre 26 de 1842) “Estado de la Instrucción primaria en los Estados Unidos durante 1851″. Entre otros En 1855 publicó la obra “Plan combinado de educación común, silvicultura e industria pastoral, aplicable al Estado de Buenos Aires” En 1860 se imprimió por “orden del jefe de departamento de Escuelas y Ministro de Gobierno de Buenos Aires, D. Domingo Sarmiento “un Sistema métrico, obra destinada especialmente al comercio y a las escuelas” así como el texto “Aritmética práctica” Sarmiento fundó el primer periódico sobre escuelas que haya tenido el país “Anales de la educación Común” que existieron desde 1858 hasta 1876 con una interrupción de 30 meses (1863-1865) que no fueron nunca oficiales: vivían de la suscripción.

En 1866 da a luz un trabajo titulado “Las escuelas, base de la prosperidad y de la República en los Estados. Informe al ministro de instrucción pública de la R. Argentina.”

Anécdotario (por sus obras los conocereis)

Cuentan que un día Sarmiento se encuentra con un “enemigo” político, mientras caminaba por una vereda de Buenos Aires. Ante la sorpresa, el personaje le espeta: “yo no le cedo el paso a las bestias”. A lo cual Sarmiento respondió bajando a la calle: “yo sí”.

Un día, dando un discurso en el Congreso Nacional, pronunció “Shakespeare” como se escribe; ante la risita de algunos “intelectuales”, Sarmiento optó por continuar su discurso… todo en inglés!!!

En una de sus incursiones por las escuelas de la provincia, tuvo oportunidad de encontrar a un maestro que le dijo que no creía necesaria la enseñanza de los signos de puntuación. Sarmiento, lejos de discutir, le pidió que escribiera: “El maestro dijo Sarmiento es un bruto” cuando el docente hubo terminado, el sanjuanino se acercó al pizarrón y colocó dos puntos: “El maestro dijo: Sarmiento es un bruto”

Ante el horror del docente Sarmiento borró los dos puntos y agregó dos comas, el texto quedó asi: “El maestro, dijo Sarmiento, es un bruto”

El maestro comprendió lo importantes que eran los signos de puntuación.

En una ocasión, Sarmiento mantenía una discusión con el doctor Facundo Zuviría, quien estaba en contra de la libertad de imprenta. El doctor, haciendo gala de su erudición, intentaba convencer a Sarmiento de sus argumentos. Finalmente, harto de tanta necedad, el gran sanjuanino le dijo: “Es imposible saber más, ni entender menos la materia de que se trata”.

Sarmiento sabía del valor inapreciable de los libros, base de todo saber. Por eso, en la portada de sus libros puso las siguientes “instrucciones”:

1þ Nunca tomes un libro con las manos sucias.
2þ Nunca mojes el dedo para volver la hoja.
3þ Nunca te pongas el libro en la boca.
4þ Nunca rajes las esquinas.
5þ Nunca dobles una página como señal.
6þ Nunca dejes el libro abierto.
7þ Nunca lo dejes sino en lugar seguro.

Los ferrocarriles y los risueños legisladores (conste en acta!)

(1)Para construir el ferrocarril a San Fernando debía acordar la Legislatura una garantía pero los senadores, que “eran razonadores universitarios, notables por su mala preparación para la nueva vida a que era llamado el país”, se espeluznaban ante el capital de 800.000 pesos fuertes y hallaban excesiva carga garantizar el 7% del mismo.

Contestaba Sarmiento que, por el contrario, era tan poca cosa, que en Londres, un banquero a quien se le fuera a pedir esa suma, contestaría: “Vean ustedes al prestamista del barrio”. “En cuanto a mí, agregaba, no he de morirme sin ver empleados en ferrocarriles, en este país, íNo digo 800.000 duros (*), sino ochocientos millones de duros!”.

Los senadores y la barra se echaron a reír, tan insensata les parecía la suma, y Sarmiento pide que conste esa hilaridad en el acta.

“Porque necesito que las generaciones venideras sepan que para ayudar al progreso de mi país, he debido adquirir inquebrantable confianza en su porvenir. Necesito que consten esas risas, para que se sepa también con qué clase de necios he tenido que lidiar”.

Rira bien qui rira le dernier (**)

(*) Duros. Sinónimo de pesos fuertes

(**) Rira bien qui rira le dernier. Palabras francesas que significan: Reirá bien quien ría último.

Pero la decencia lo impide (1)

Necesitaba Sarmiento gobernar y ser al mismo tiempo el expositor de sus ideas en su viejo amigo José Posse (*) y su vigorosa pluma. Pero eran reducidas y mezquinas las situaciones que pudo ofrecerle para radicarse en Buenos Aires y abandonar su tucumán florido. Era imposible mermar la autoridad de los ministros cada uno en su ramo y los puestos disponibles inferiores a los méritos del amigo.

Años después, lamentaba Sarmiento haberse privado de tan eminente colaboración forzado a ser su propio comentarista, con el manoseo consiguiente en la prensa diaria.

Habiéndole oído más de una vez ese lamento, le ocurrió a quien esto escribe preguntarle qué motivo hubo para que Posse no fuese uno de los ministros, teniendo la autoridad adquirida como ministro y gobernador, diputado, etc. Sarmiento parecía caído del cielo ante semejante idea.

“Nunca -dijo- se me hubiera ocurrido hacer ministro responsable a un amigo íntimo. No está prohibido que un hermano del presidente fuese ministro pero la decencia lo impide. La firma de ministro es un contralor legal. ¿Qué quieres? Esta clase de escrúpulos me ha impedido hacer muchas cosas buenas y tal vez algunas malas”.

(*) Posse, José. Abogado, periodista y político tucumano (1816-1906). Fue miembro de la convención de 1860 que refirmó la Constitución de 1853. En su provincia fue gobernador y rector del Colegio Nacional.

Igualdad ante la ley (1)

Los grandes propietarios, con sus estancias abiertas de par en par, se quejaban amargamente de los buhoneros, pequeños comerciantes ambulantes, a quienes acusaban de encubrir los robos de cueros. Se trató de ponerles una fuerte patente para escarmentarlos; pero el vigoroso buen sentido de Sarmiento se puso por delante: -”No hay cosa que produzca más fatales resultados que hacer leyes de carambola que apuntan a una parte para ir a dar en otra. Las leyes de impuestos deben ser para lo que son, para contribución, y entonces ha de haber la gradación según el capital; pero nunca se han de convertir en leyes penales.

“Ese pequeño comerciante es un elemento de progreso, de movimiento, y si recoge lo que está abandonado, es que las estancias no tienen límite. No hagamos leyes para proteger el atraso de los estancieros que no se guardan, que no emplean la gente necesaria, que no amansan sus ganados, que no cercan sus estancias.

“La ley nunca muere debe llevar el sello de la clase social que la dictó en su beneficio y en perjuicio de otros”.

Reglas de elocuencia (1)

A la edad de trece años paseábamos en bote con Sarmiento en un lago de los Estados Unidos, cuando preguntó: -Augusto, ¿sabes nadar? -No, señor.

-Desnúdate; te voy a echar al agua; no te olvides que no te dejaré ahogar, y nadarás con tal de conservar la cabeza fuera del agua.

Así se hizo y, en la confianza de que aquello no encerraba el menor peligro, nadamos un rato a manotones y metodizando otras dos experiencias; Sarmiento, que de anciano llamaba la atención como insigne nadador, logró muy pronto hacernos nadar.

Pues bien; muchos años después, formando parte de un cuerpo constituyente, creíamos haber acopiado algunas ideas propias sobre un asunto, y manifestamos al mismo maestro la perplejidad de no saber hablar en público.

-¿Te acuerdas cómo aprendiste a nadar? Pues así se habla: echándose al agua. Estudia y medita; y si logras adquirir un convencimiento, exprésalo tal como lo sientes. Darás manotadas inútiles al principio, si te preocupas demasiado del efecto; pero la convicción y el asunto mismo te sostendrán sobre el agua. Si tienes ideas propias, tendrás estilo propio. Las reglas de la elocuencia se han inventado para explicar la elocuencia, y nunca han servido para hacer elocuente a nadie.

La exposición de Córdoba (1)

Un amigo de gran sentido práctico y de gran valía para él, se fue a pelearlo al presidente sobre su empeño de llevar a cabo la Exposición de Córdoba.

N.- No tenemos otra cosa que exponer que la carencia de industria- le decía.

Pte.- Será un balance de la situación saber que en 1870 no había industria, y un punto de partida para crearla.

N.- Vamos a mostrar nuestras miserias. Hay un millón de destituídos, sin profesión, sin tierra, sin casa, sin medios de vivir…

Pte.- Y hay ríos navegables, territorios inmensos de pan llevar, bosques con maderas exquisitas, minerales, etc., etc. Se hará sensible la coexistencia de estos dos hechos: ítanta riqueza y tal miseria, y su causa la falta de industria!

N.- Siquiera se hiciese en Buenos Aires, para estudiar mejor los productos de las provincias y sus necesidades.

Pte.- Deje ueted. Para la población de Buenos Aires la exposición sería como el carnaval, como tantas otras exhibiciones de su cultura, y de nungún provecho para el pueblo, para quien se hacen estas cosas. Entre exponer aquí la pobreza de allá y llevarles allá el ejemplo de otros progresos, elijo lo más provechoso.

N.- Pero aquí el extranjero vería una ciudad culta y se formaría mejor idea de nosotros.

Pte.- Para el extranjero precisamente. Empiece usted con que verá el gran río hasta el Rosario, espectáculo más codiciado por el europeo que todas las baratijas de una exposición. Después, el Rosario, única ciudad floreciente que se haya levantado después de la independencia. En seguida, la Pampa, por leguas, silenciosa, inhabitada, inculta, y la contemplará con respeto al saber que hemos decretado suprimirla; y por fin, Córdoba misma. ¿Qué cree usted, que Córdoba es cosa así no más? Es la verdadera joya de la República. Una ciudad colonial, con el espíritu de entonces, su Universidad, sus conventos, su herencia inquisitorial. En vano recorrería el viajero la Europa y la América en busca de un pedazo de mundo antiguo inocente de toda reforma, de toda innovación.

N. -Esas gentes serán refractarias a todo progreso.

Pte. -De lo que se trata es de revolucionar todo eso. Si los cordobeses son reacios, materia de exposición. Si corresponden a la idea que todos abrigan de su cultura y aptitud al progreso, materia de exposición . . .

N. -Pero ha de saber V.E. que hay católicos cordobeses que, al saber que una máquina útil sale de manos herejes, retirarán con asco las suyas y declararán abominable y malsano el pan que se confeccionase con el trigo que hubieses trillado, cosechado y sembrado tales máquinas.

Pte. -No averiguan tanto como eso. De todos modos, no existe otro medio de renovar un mundo atrasado, sino haciendo penetrar ideas nuevas por medio del bienestar y de la propia conveniencia. Vaya uno a decirles que si Salomón, en toda su gloria, está vestido apenas como un lirio de los campos, ha necesitado de toda la industria humana para vestirse tal como se vistiera. Si tal decimos, somos herejes contumaces; pero por los ojos entra la vida.

N. ¿Y no se avergonzaría el presidente de mostrar ese atraso a los europeos? Pte. -íQué se avergüence la España! Si no tenemos industria fabril, es porque así lo quiso, en su propio daño, la nación de que procedemos. Cuando un pueblo pretende ser civilizado, es preciso que tenga el coraje de serlo, y el punto de partida de la reforma no debemos ocultarlo ni a nosotros mismos ni a los demás. Por exiguo que sea el resultado de la exposición, su conocimiento será ya un progreso. Sabremos que no tenemos aún los medios de enriquecernos que otros pueblos han acumulado en la variedad de industrias manuales; pero el observador notará cuáles son los recursos, cuáles son los obstáculos para su desarrollo y cuáles las industrias que progresarían si el capital europeo y la inteligencia viniesen a fecundarlas. El interior de la República, ignorado aún para los que gobiernan, es un misterio para el mundo exterior, y una política ilustrada está interesada en ir descubriendo el velo que oculta aquel misterio.

N. -Mucho me temo que la Exposición sea un fracaso y mal gastado tanto dinero.

Pte. -Tenemos que hacer mal las cosas para saber cómo deberemos hacerlas mejor. Quiero mostrar lo que no hemos hecho y lo que nos queda por hacer. La Exposición será un acontecimiento más beneficioso que una batalla, y Córdoba empezará a marchar, como que la cultura mal encaminada pero real que allí existe será el origen de un gran progreso. Créame: Córdoba será un barrio de Buenos Aires, si Buenos Aires no es al fin un barrio de Córdoba.

N. -Que los cordobeses del porvenir se lo premien, señor presidente, que los del presente no se lo perdonarán.

Pte. -Amén.

Dinero para las escuelas (1)

Durante la administración libérrima de Don Pastor Obligado (A), tan patriota como el que más, en la intención, negóse la creación de un departamento separado de educación primaria, la que estaba afecta al rector de la Universidad; pero Sarmiento hacía tanta insistencia de su propósito de consagrarse a la educación y condición de su permanencia en Buenos Aires, que consiguió se introdujese en el presupuesto la separación, como de contrabando. Al proponer los items que para el año entrante debían figurar en el presupuesto para sostenimiento y creación de escuelas en toda la provincia, Sarmiento propuso 200.000 pesos moneda corriente (B), como ocho mil fuertes (C).

Por poco no se cae de espaldas el buen gobernador al leer corregida la cifra del anterior presupuesto de 20.000 pesos (menos de mil fuertes). íEra de no creer a sus ojos! í200.000 pesos en útiles y libros! Ya empezaba a cobrar fama de loco el autor de la enmienda; pero atribuyó el error a no estar en antecedentes “este mozo que venía de afuera”.

-Venga , doctor -le dijo al ministro Vélez (D)-a ver la graciosa equivocación de su amigo. íComo no está en antecedentes, ha leído en el presupuesto un item de 20.000 para útiles, y al copiarlo le ha agregado un cero y propone 200.000! Rieron mucho gobernador y ministro de la peregrina ocurrencia; pero el ministro, que tenía mejores antecedentes del asunto, sugirió, antes de enderezar el entuerto, hablar con el causante, “porque -decía el cándido doctor- no se que le he oído a Sarmiento y bueno fuera que le oyera usted.” Llamado a conferencia particular y expuesto el caso, le dijo que, en efecto, al llegar a aquella partida había meditado mucho para fijar la suma indispensable para proveer de mobiliario, mapas, textos, a todas las escuelas de la provincia, y calculado necesario, por ahora, dos millones de pesos papel…

-íDos millones! -le interrumpió el gobernador, con muestras visibles de espanto, pudiendo leer el interlocutor en su semblante signos manifiestos de que encontraba confirmada la sospecha popular de que tenía propensiones a la locura-. íDos millones en escuelas…! Nos podemos imaginar las elocuentes razones de uno y otro lado. La lucha duró varias horas, empeñado el jefe de escuelas en mantener sus 200.000 pesos como mínimo, y el gobernador emperrado en sus 20.000 pesos, que todavía creía exorbitantes. A fuerza de regatear, consiguió como un triunfo 70.000 pesos papel, que figuraron en el presupuesto.

(A) Obligado, Pastor. Abogado argentino (1818-1870) que fue gobernador de la provincia de Bs.As. (1854-1857).

(B) Moneda corriente. Moneda papel cuyo valor era una veinteava parte, aproximadamente, del peso plata. Según los años, su valor varió en más o en menos

(C) Pesos fuertes: Denominación del peso plata, equivalente a un dólar norteamericano de la época.

(D) Vélez Sarfield, Dalmacio: Jursconsulto argentino (1801-1875) que volvió de Montevideo al caer Rosas. Ocupó altos cargos y varias veces fue ministro. Compiló los códigos Civil y Comercial.

El Rastreador

El más conspicuo de todos, el más extraordinario, es el rastreador. Todos los gauchos del interior son rastreadores. En llanuras tan dilatadas, en donde las senda y caminos se cruzan en todas direcciones, y los campos en que pacen o transitan las bestias son abiertos, es preciso saber seguir las huellas de un animal y distinguirlas de entre mil, conocer si va despacio o ligero, suelto o tirado, cargado o de vacío: esta es una ciencia casera y popular. Una vez caía yo de un camino de encrucijada al de Buenos Aires, y el peón que me conducía echó, como de costumbre, la vista al suelo: “Aquí va -dijo luego- una mulita mora muy buena . . .; ésta es la tropa de don N. Zapata . . ., es de muy buena silla . . ., va ensillada . . ., ha pasado ayer . . .”. Este hombre venía de la Sierra de San Luis, la tropa volvía de Buenos Aires, y hacía un año que él había visto por última vez, la mulita mora, cuyo rastro estaba confundido con el de toda una tropa en un sendero de dos pies de ancho. Pues esto, que parece increíble, es, con todo, la ciencia vulgar; ¿éste era un peón de área, y no un rastreador de profesión.

El rastreador es un personaje grave, circunspecto, cuyas aseveraciones hacen fe en los tribunales inferiores. La conciencia del saber que posee le da cierta dignidad reservada y misteriosa. Todos le tratan con consideración: el pobre, porque puede hacerle mal, calumniándolo o denunciándolo; el propietario, porque su testimonio puede fallarle. Un robo se ha ejecutado durante la noche: no bien se nota, corren a buscar una pisada del ladrón, y encontrada, se cubre con algo para que el viento no la disipe. Se llama enseguida al rastreador, que ve el rastro y lo sigue sin mirar, sino de tarde en tarde, el suelo, como si sus ojos vieran de relieve esta pisada, que para otro es imperceptible. Sigue el curso de las calles, atraviesa los huertos, entra en una casa y, señalando un hombre que encuentra, dice fríamente: “íEste es!” El delito está probado, y raro es el delincuente que resiste a esta acusación. Para él, más que para el juez, la deposición del rastreador es la evidencia misma: negarla sería ridículo, absurdo. Se somete, pues, a este testigo, que considera como el dedo de Dios que lo señala. Yo mismo he conocido a Calíbar, que ha ejercido, en una provincia, su oficio, durante cuarenta años consecutivos. Tiene, ahora, cerca de ochenta años: encorvado por la edad, conserva, sin embargo, un aspecto venerable y lleno de dignidad. Cuando le hablan de su reputación fabulosa, contesta: “Ya no valgo nada; ahí están los niños”. Los niños son sus hijos, que han aprendido en la escuela de tan famoso maestro. Se cuenta de él, que durante un viaje a Buenos Aires le robaron una vez, su montura de gala. Su mujer tapó el rastro con una artesa. Dos meses después, Calíbar regresó, vio el rastro, ya borrado e inapercibible para otros ojos, y no se habló más del caso.

Año y medio después, Calíbar marchaba cabizbajo por una calle de los suburbios, entra a una casa y encuentra su montura, ennegrecida ya y casi inutilizada por el uso. íHabía encontrado el rastro de su raptor, después de dos años! El año 1830, un reo condenado a muerte se había escapado de la cárcel. Calíbar fue encargado de buscarlo. El infeliz, previendo que sería rastreado, había tomado todas las precauciones que la imagen del cadalso le sugirió. íPrecauciones inútiles! Acaso sólo sirvieron para perderle, porque comprometido Calíbar en su reputación, el amor propio ofendido le hizo desempeñar con calor, una tarea que perdía a un hombre, pero que probaba su maravillosa vista. El prófugo aprovechaba todos los accidentes del suelo para no dejar huellas; cuadras enteras había marchado pisando con la punta del pie; trepábase en seguida a las murallas bajas, cruzaba un sitio y volvía para atrás; Calíbar lo seguía sin perder la pista. Si le sucedía momentáneamente extraviarse, al hallarla de nuevo, exclamaba: “íDónde te mi as dir!”. Al fin llegó a una acequia de agua, en los suburbios, cuya corriente había seguido aquél para burlar al rastreador . . . inútil! Calíbar iba por las orillas sin inquietud, sin vacilar. Al fin se detiene, examina unas yerbas y dice: “Por aquí ha salido; no hay rastro, pero estas gotas de agua en los pastos lo indican”. Entra en una viña: Calíbar reconoció las tapias que la rodeaban, y dijo: “Adentro está”. La partida de soldados se cansó de buscar, y volvió a dar cuenta de la inutilidad de las pesquisas. “No ha salido” fue la breve respuesta que sin moverse, sin proceder a nuevo examen, dio el rastreador. No había salido, en efecto, y al día siguiente fue ejecutado. En 1831, algunos presos políticos intentaban una evasión: todo estaba preparado, los auxiliares de fuera, prevenidos. En el momento de efectuarla, uno dijo: -”¡Cierto!” -contestaron los otros anonadados, aterrados-. ¡Calíbar! Sus familias pudieron conseguir de Calíbar que estuviese enfermo cuatro días, contados desde la evasión, y así pudo efectuarse sin inconveniente.

¿Qué misterio es éste del rastreador? ¿Qué poder microscópico se desenvuelve en el órgano de la vista de estos hombres? ¡Cuán sublime criatura es la que Dios hizo a su imagen y semejanza!

El baqueano

Después del rastreador, viene el baqueano, personaje eminente y que tiene en sus manos la suerte de los particulares y de las provincias. El baqueano es un gaucho grave y reservado, que conoce a palmos, veinte leguas cuadradas de llanuras, bosques y montañas. Es el topógrafo más completo; es el único mapa que lleva un general para dirigir los movimientos de su campaña. El baqueano va siempre a su lado. Modesto y reservado como una tapia, está en todos los secretos de la campaña; la suerte del ejército, el éxito de una batalla, la conquista de una provincia, todo depende de él.

El baqueano es casi siempre fiel a su deber; pero no siempre el general tiene en él, plena confianza. Imaginaos la posición de un jefe condenado a llevar un traidor a su lado y a pedirle los conocimientos indispensables para triunfar. Un baqueano encuentra una sendita que hace cruz con el camino que lleva: él sabe a qué aguada remota conduce; si encuentra mil, y esto sucede en un espacio de cien leguas, él las conoce todas, sabe de dónde vienen y adónde van. El sabe el vado oculto que tiene un río, más arriba o más abajo del paso ordinario, y esto en cien ríos o arroyos; él conoce en los ciénagos extensos, un sendero por donde pueden ser atravesados sin inconveniente, y esto en cien ciénagos distintos.

En lo más oscuro de la noche, en medio de los bosques o en las llanuras sin límites, perdidos sus compañeros, extraviados, da una vuelta en círculo de ellos, observa los árboles; si no los hay, se desmonta, se inclina a tierra, examina algunos matorrales y se orienta de la altura en que se halla, monta en seguida, y les dice, para asegurarlos: “Estamos en dereceras de tal lugar, a tantas leguas de las habitaciones; el camino ha de ir al Sur”; y se dirige hacia el rumbo que señala, tranquilo, sin prisa de encontrarlo y sin responder a las objeciones que el temor o la fascinación sugiere a los otros.

Si aún esto no basta, o si se encuentra en la pampa y la oscuridad es impenetrable, entonces arranca pastos de varios puntos, huele la raíz y la tierra, las masca y, después de repetir este procedimiento varias veces, se cerciora de la proximidad de algún lago, o arroyo salado, o de agua dulce, y sale en su busca para orientarse fijamente. El general Rosas, dicen, conoce, por el gusto, el pasto de cada estancia del sur de Buenos Aires.

Si el baqueano lo es de la pampa, donde no hay caminos para atravesarla, y un pasajero le pide que lo lleve directamente a un paraje distante cincuenta leguas, el baqueano se para un momento, reconoce el horizonte, examina el suelo, clava la vista en un punto y se echa a galopar con la rectitud de una flecha, hasta que cambia el rumbo por motivos que sólo él sabe, y , galopando día y noche, llega al lugar designado.

El baqueano anuncia también la proximidad del enemigo, esto es, diez leguas, y el rumbo por donde se acerca, por medio del movimiento de los avestruces, de los gamos y guanacos que huyen en cierta dirección. Cuando se aproxima, observa los polvos y por su espesor cuenta la fuerza: “Son dos mil hombre” -dice-, “quinientos”, “doscientos” y el jefe obra bajo este dato, que casi siempre es infalible. Si los cóndores y cuervos revolotean en un círculo del cielo, él sabrá decir si hay gente escondida, o es un campamento recién abandonado, o un simple animal muerto. El baqueano conoce la distancia que hay de un lugar a otro; los días y las horas necesarias para llegar a él, y a más, una senda extraviada e ignorada, por donde se puede llegar de sorpresa y en la mitad del tiempo; así es que las partidas de montoneras emprenden sorpresas sobre pueblos que están a cincuenta leguas de distancia, que casi siempre las aciertan. ¿Creeráse exagerado? íNo! El general Rivera (1), de la Banda Oriental, es un simple baqueano, que conoce cada árbol que hay en toda la extensión de la República del Uruguay. No la hubieran ocupado los brasileros si su auxilio; no la hubieran libertado, sin él, los argentinos. Oribe (2), apoyado por Rosas, sucumbió después de tres años de lucha con el general baqueano, y todo el poder de Buenos Aires hoy, con sus numerosos ejércitos que cubren toda la campaña del Uruguay, puede desaparecer, destruido a pedazos, por una sorpresa hoy, por una fuerza cortada mañana, por una victoria que él sabrá convertir en su provecho, por el conocimiento de algún caminito que cae a retaguardia del enemigo, o por otro accidente inapercibido o insignificante.

El general Rivera principió sus estudios del terreno el año de 1804: haciendo la guerra a las autoridades, entonces, como contrabandista; a los contrabandistas, después, como empleado; al rey, enseguida, como patriota; a los patriotas, más tarde, como montonero; a los argentinos, como jefe brasilero; a éstos, como general argentino; a Lavalleja (3), como Presidente; al Presidente Oribe, como jefe proscripto; a Rosas, en fin, aliado de Oribe, como general oriental, ha tenido sobrado tiempo para aprender un poco dela ciencia del baqueano.

Notas:

(1) Fructuoso Rivera (1788-1854), nacido en Montevideo e importante terrateniente del sur de la Banda Oriental. Defensor y amigo de la política imperial, combatió por sus ideas federales con suerte desigual. En 1830 fue elegido presidente constitucional del Uruguay, derrotó a Lavalleja y se alió con los exiliados argentinos y los franceses. Venció en Cagancha a las fuerzas argentinas. En 1842 es derrotado, resiste, y finalmente se refugia en el Brasil.

(2) Manuel Oribe (1772-1857), montevideano. Combatió bajo el mando de Artigas. Participó de la expedición de los 33 orientales (1825) y en el sitio de Montevideo. Después de participar en Ituzaingó y Caaguazú, aliado a Rosas, combate a Rivera. Derrotó a Lavalle en Famaillá y a López en Santa Fe. Vuelto a Uruguay permaneció en su cuartel general del Cerrito. Capituló en 1851.

(3) Juan Antonio Lavalleja (1786-1853), oriental, se inicia en la lucha, combatiendo junto a Artigas contra los españoles, el directorio porteño y los portugueses. Cae prisionero. Con los Treinta y tres orientales invade desde Buenos Aires la Banda Oriental para desalojar al invasor brasileño. Se suceden los enfrentamientos con el Brasil. Obtenida la independencia uruguaya, se enfrenta a Rivera, luego se une a Oribe presidente. Desde 1848 hasta 1851 participa del sitio de Montevideo; muere en 1853, siendo miembro de un triunvirato formado luego de la derrota del presidente Giró.

Fuente: Facundo Capítulo 2. Pág. 44 a 46 Domingo F. Sarmiento Biblioteca General Básica Centro Editor de América Latina. 1992

Cronología de un luchador

El 22 de abril de 1816 ingresó en la Escuela de la Patria. Ignacio y José Rodríguez fueron sus maestros de primeras letras. José Oro -hermano de fray Justo Santa María de Oro- le enseñó latín, geografía y religión.

1821
Viajó con su padre a Córdoba. Procuraba una beca en el Seminario de Loreto, que le fue denegada. Tenía 10 años.

1823
Intentó el ingreso al Colegio de Ciencias Morales, en Buenos Aires, en la Manzana de las Luces. Alcanzó la beca provincial, pero perdió dos veces por sorteo.
En una carta dirigida al gobernador de la provincia, Martín Rodríguez, le pidió ingresar al Colegio como supernumerario. Pero no pudo ser.
.Trabajó en la Oficina de Topografía de San Juan con el ingeniero francés Víctor Barreau.
.Acompañó a su tío al destierro, a San Francisco del Monte, en San Luis.

1827
.Fue dependiente en la tienda de su tía y, debido a esos trabajos, viajó a Chile por primera vez. Tenía 16 años.
.El joven, que se dedicaba al comercio pero que tenía otros horizontes al que las instituciones de excelencia educativa existentes le habían cerrado las puertas, leía por su cuenta a Cicerón, Benjamín Franklin, Rousseau, la Biblia…

1828
.Fue subteniente de la segunda compañía del batallón de infantería provincial, con 17 años. Pero el cargo lo perjudicaba. Faltó a tres guardias y lo procesaron. Intervino la familia Oro. Argumentó que había faltado por “subsistir y socorrer a su pobre familia”.
.Se hizo unitario, como su padre.

1829
Intervino en la Campaña de Jáchal, contra Facundo, a órdenes de Nicolás Vega.
Peleó en: Las 9 Quijadas; Niquivil; Tafin (salvó la vida en este desastre). .29 de setiembre: En la derrota unitaria de Pilar, fue ayudante de Rudecindo Alvarado.
Huyó con Narciso de Laprida.

1830
Fue ascendido por el gobernador Juan Aguilar a ayudante del Escuadrón de Dragones de la Escolta. Tenía 19 años.

1831
Al triunfar Quiroga en Chacón, se exilió en Chile, con su padre.
.Se unió con una chilena, María Jesús del Canto. Tuvo una hija, Ana Faustina, que nació el 18 de julio de 1831.
Fue maestro en la escuela municipal de los Andes, hasta que lo destituyeron de ese cargo.

1832
Siempre en Chile, entonces en Pocuno, trabajó en una mina. Pero también dio clases.

1833
Trabajó en Valparaíso, como dependiente de comercio. Aprendió a leer inglés. Tenía mala pronunciación y contaba 22 años.

1834
En Chile, (más precisamente en Copiapó), fue Mayordomo de una mina de plata (La Colorada), propiedad de su antiguo jefe, Nicolás Vega.
En esa tarea pudo vérsele con el humilde saco azul y el sencillo birrete rojo que usaban todos los mineros.
En ese lugar, siguió ejerciendo su vocación educativa dictando clases de francés. Y se dedicó a dibujar animales y pájaros. También tradujo una parte de la obra novelística del escritor Walter Scott.

1835
Enfermó de fiebre tifoidea. Tenía 24 años. Su familia consiguió que lo readmitieran en San Juan, tras cinco años de extrañamiento.

1836
En San Juan enseñó dibujo y francés. Actuó de perito tasador y de procurador de los Tribunales.
.Murió el sacerdote Oro.
.Sarmiento conoció al médico Guillermo Rawson.

1839
En San Juan fundó “El Zonda”. Tenía 28 años.
.Por entonces leía a Byron.
.Fundó un Colegio de niñas. Al Colegio de Pensionistas de Santa Rosa asistían 18 niñas. Allí se enseñaba: lectura, escritura, geografía, aritmética, gramática, ortografía, religión, dibujo, música, francés, italiano, labores.
Sus hermanas Bienvenida, Procesa, Rosario estudian y trabajan en la institución.

1840
Clausuraron el diario. Sarmiento emigró a Chile. Y en unas rocas escribió aquella frase: “Las ideas no se matan”, que según Groussac, es una frase que le pertenece a Volney.
Entonces, según algunas referencias de ese período, estuvo un tiempo sin trabajo ni medios, padeció -quizás- hasta el hambre y, posiblemente, la soledad y, han creído que todo esto le produjo un envejecimiento anticipado. El escritor Lastarria dice de él, en esos años: “El hombre era realmente raro; sus treinta y dos años de edad parecían sesenta, por su calva frente, sus mejillas carnosas, sueltas y afectadas, su mirada fija pero osada, a pesar del brillo de sus ojos, y por todo el conjunto de su cabeza, que reposaba en un tronco obeso y casi encorvado. Pero eran tales la viveza y la franqueza de la palabra de aquel joven viejo que su fisonomía se animaba con los destellos de un gran espíritu, y se hacía simpático e interesante”.

1841 Chile.
Trabajó en El Mercurio (Valparaíso), del que era su director M. Rivadaneira. .Luego en El Nacional (Santiago), por amistad con Manuel Montt. Ministro de Instrucción Pública.
.Fundó la Primera Escuela Normal de Preceptores de Sudamérica.
.Colaboró en El Progreso.
.Sostuvo que el Estrecho de Magallanes y sus tierras adyacentes eran pertenencia de Chile.
.Trabajó en otros diarios y periódicos.

1843
Publicó “Mi defensa” y “Memoria sobre la Ortografía americana”.
.Querelló a Domingo S. Godoy.
.Miembro de la Facultad de Humanidades de la Universidad.
.Redactó el “Método de lectura gradual” (con él aprendieron a leer 2.000.000 de niños).

1845
Chile
.Publicó en los folletines de El Progreso “Facundo o Civilización y barbarie”.
A Paz le dijo respecto del “Facundo” que era una “obra improvisada llena de inexactitudes a designio, a veces”.
.El gobierno de Chile lo envió a Europa y a los EE.UU. a estudiar los sistemas de educación primaria. A decir verdad, se lo sacaron de encima. Pero valió la pena, transformó su alejamiento en valiosa experiencia e inspiración creadora.

1847
Estuvo el 24 mayo con San Martín, en Grand Bourg.

1848
Volvió a Chile luego de tres años de estudios en el exterior. Tenía 37 años. .Casó con Benita Martínez Pastoriza (viuda de Domingo Castro y Calvo). Con ella concibió a su hijo Dominguito, que murió a los 22 años.

1849
Publicó sus recuerdos de viaje “Viajes en Europa y América”. En 1851 apareció la segunda parte de la obra.
.Publicó “Educación Popular”. Acaso la producción más valiosa en la materia durante el siglo pasado.

1850
Publicó “Argirópolis, o La Capital de los Estados Confederados del Río de la Plata”, que dedicó a Urquiza.
.Publicó “Recuerdos de Provincia”.
.Se separó de su esposa.

1851
Se incorporó al ejército de Urquiza, junto a Mitre, como boletinero.

1852
Caseros. Participó de la batalla. Escribió el parte del combate con la pluma de Rosas.
.Se peleó con Urquiza y volvió a Chile.
.Publicó el “Diario de la Campaña del Ejército Grande”.

1853
Polemizó con Alberdi -que escribió el libro “Cuatro cartas sobre la prensa y la política militante en la República Argentina”, las “Cartas Quillotanas”-. El le contestó con “Las ciento y una”.
.Fundó en Santiago “El Monitor de las escuelas primarias”, cuando Montt era presidente. En 4 años produjo doce volúmenes.

1855
Estuvo en Argentina, en Buenos Aires. Tenía 44 años.
.Concejal por la parroquia de Catedral al Norte.
.Jefe del Departamento de Escuelas de Buenos Aires, hasta 1862.

1858
Creó los “Anales de la Educación Común”.
Asumió como Miembro del Instituto Histórico-Geográfico, presidido por Mitre.

1860
Senador en la Legislatura porteña.
.Participó en debates por proyectos de leyes para la educación.
.Derqui lo nombró Enviado Extraordinario y Plenipotenciario ante los EE.UU. Pero no aceptó.
.Falleció Paula Albarracín, su madre.

1862
Fue Gobernador de San Juan
Su acción fue intensa en la educación primaria y en materia de minería.
Reapareció “El Zonda”.
Llevó la guerra contra El Chacho Peñaloza.

1863
Murió el Chacho. Según el general Paunero, Sarmiento era sanguinario como un jacobino. Dijo Sarmiento: “El Chacho ha sido perseguido, ha sido alcanzado en Olta, e Irrazábal le ha cortado la cabeza. Yo he aplaudido el hecho precisamente por la forma”.

1865
Embajador en EE.UU.
.Fue amante de Aurelia Vélez Sarsfield, hija del famoso jurista.

1868
Presidente de la República. Tenía 57 años.
.Fundó millares de escuelas y de bibliotecas populares.
.También fundó el Observatorio Astronómico de Córdoba.
.Prolongó ferrocarriles y telégrafos.
.Levantó el primer Censo, el de 1869.
.Proyectó la construcción de los puertos de Buenos Aires y de Rosario.
.Sancionó el Código Civil de Vélez Sarsfield.
.Organizó la Primera Exposición Nacional.
.Terminó la Guerra con Paraguay.

1870
El 3 de febrero se reunió con Urquiza, que murió asesinado el 3 de abril.
.Llegó a su fin la lucha de Sarmiento contra López Jordán.
.Fundó el Colegio Militar de la Nación y reorganizó la Escuela Naval.
.Se sancionó la Ley de Bibliotecas Populares (creó cien bibliotecas y envió muchísimos libros. Leopoldo Lugones escribió que en una de esas bibliotecas descubrió su vocación).
1871
Se produjo la epidemia de fiebre amarilla.

1872
Instaló la Escuela Normal de Paraná, la primera del país.

1873
23 de agosto. Atentaron contra su vida en la esquina de Maipú y Corrientes. El hombre que intentó asesinarlo respondía a López Jordán.

1874
Tenía 63 años.
Finalizó su período presidencial.
Le sucedió Nicolás Avellaneda.

1875
Fue Senador Nacional por San Juan y Director de Escuelas de Buenos Aires.

1879
Tenía 68 años y renunció a su banca de senador.
.Fue Ministro del Interior de Avellaneda por un mes y medio.

1881
Superintendente General de Escuelas del Consejo Nacional de Educación.
Renunció tras una polémica con Avellaneda por la enseñanza laica en las escuelas. Avellaneda era católico.

1884
Roca publicó las obras completas de Sarmiento, a cargo del erario público. Son 52 tomos. La edición fue de su nieto Augusto Belín Sarmiento.

1886
Publicó dos opúsculos biográficos: “Coronel Francisco Muñiz” y “Vida de Dominguito”.
.Recorrió escuelas del interior.

1887
Enfermo, se trasladó a Paraguay, a los 76 años.

1888
Falleció el 11 de Septiembre de 1888 en la ciudad de Asunción, Paraguay.

::::

(1) Fuente: Sarmiento Anecdótico Cuarenta anécdotas narradas por su nieto, Augusto Belín Sarmiento. Selección, prólogo y notas de Narciso Biayán. Editorial Kapelusz. 1961

Share and Enjoy:
  • Digg
  • Sphinn
  • del.icio.us
  • Facebook
  • Mixx
  • Google Bookmarks
Tags: ,

Un comentario
Deje su comentario »

  1. hola que tal…. me gustaria por este medio conseguir el escrito de la carta que sarmiento le escribe a aurelia velez cuando el tenia 77 años pidiendole que lo visite en paraguay ojala me la puedan enviar

Deje su comentario