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	<title>Blush &#124; Fiat Lux &#187; Leyendas</title>
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	<description>Revista digital de cultura y humanidades</description>
	<lastBuildDate>Wed, 29 Oct 2008 16:20:29 +0000</lastBuildDate>
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		<title>El chajá, leyenda guaraní</title>
		<link>http://revistablush.com.ar/2008/04/el-chaja-leyenda-guarani/</link>
		<comments>http://revistablush.com.ar/2008/04/el-chaja-leyenda-guarani/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 01 Apr 2008 12:43:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Leyendas]]></category>
		<category><![CDATA[cultura]]></category>
		<category><![CDATA[guarani]]></category>

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		<description><![CDATA[ Las madres de la tribu acudían a ella cuando sus hijos se hallaban en peligro, seguras de encontrar el remedio que los salvara. Era la protectora dispuesta siempre a sacrificarse en beneficio de la tribu.

Los jóvenes admiraban su bondad y su belleza, y muchos solicitaron al Cacique el honor de casarse con tan hermosa doncella. Pero Taca rechazaba a todos. Su corazón no le pertenecía.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="texto"><a title="Las madres de la tribu acudían a ella cuando sus hijos se hallaban en peligro…" href="http://www.larevista.turemanso.com.ar/wp-content/uploads/2008/03/guarani.jpg"><img src="http://www.larevista.turemanso.com.ar/wp-content/uploads/2008/03/guarani.thumbnail.jpg" border="0" alt="Las madres de la tribu acudían a ella cuando sus hijos se hallaban en peligro…" hspace="9" align="right" /></a><span class="titulo"><strong>El cacique y su hija</strong></span></p>
<p><a title="Las madres de la tribu acudían a ella cuando sus hijos se hallaban en peligro…" href="http://www.larevista.turemanso.com.ar/wp-content/uploads/2008/03/guarani.jpg"></a></p>
<p class="texto">Aparte de todas estas condiciones, Taca                        era muy bella. De color moreno cobrizo su piel, tenía                        ojos negros y expresivos, y en su boca, de gesto decidido                        y enérgico, siempre brillaba una sonrisa. Dos largas                        trenzas negras le caían a los lados del rostro. Un                        tipoy cubría su cuerpo hasta los tobillos, y con                        un chumbé de colores lo ceñía a la                        cintura.</p>
<p class="texto">Las madres de la tribu acudían a                        ella cuando sus hijos se hallaban en peligro, seguras de                        encontrar el remedio que los salvara. Era la protectora                        dispuesta siempre a sacrificarse en beneficio de la tribu.</p>
<p class="texto">Los jóvenes admiraban su bondad y                        su belleza, y muchos solicitaron al Cacique el honor de                        casarse con tan hermosa doncella. Pero Taca rechazaba a                        todos. Su corazón no le pertenecía.</p>
<p class="texto">Ará-Naró, un valiente guerrero                        que en esos momentos se hallaba cazando en las selvas del                        norte, era su novio y pensaban casarse cuando él                        regresara. Entonces el viejo Cacique tendría, en                        su nuevo hijo, quien lo reemplazase en las tareas de jefe.</p>
<p class="texto"><strong> <span class="titulo">Un jaguar con sed                        de sangre</span></strong></p>
<p class="texto">La vida de la tribu transcurría serena;                        pero un día, tres jóvenes: Petig, Carumbé                        y Pindó, que salieron en busca de miel de lechiguana,                        volvieron azorados trayendo una horrible noticia. Al llegar                        al bosque en busca de panales, cada uno de ellos había                        tomado una dirección distinta. Se hallaban entregados                        a la tarea, cuando oyeron gritos desgarradores. Era Petig,                        que, sin tiempo ni armas para defenderse, había sido                        atacado por un jaguar cebado con carne humana y nada pudieron                        hacer los compañeros para salvarlo, pues ya era tarde.                        El jaguar había dado muerte al indio y lo destrozaba                        con sus garras. Carumbé y Pindó no tuvieron                        más remedio que huir y ponerse a salvo. Así                        habían llegado, jadeantes y sudorosos, a dar cuenta                        de lo sucedido.</p>
<p class="texto">Esta noticia causó estupor y miedo                        en la tribu, pues hasta entonces ningún animal salvaje                        se había acercado al bosque donde ellos acostumbraban                        ir a buscar frutos de banano, de algarrobo y de mburucuyá,                        que les servían de alimento.</p>
<p class="texto">Desde ese día no hubo tranquilidad                        en la tribu. Se tomaron precauciones; pero el jaguar merodeaba                        continuamente y muchas fueron las víctimas del sanguinario                        animal.</p>
<p class="texto"><strong> <span class="titulo">La decisión                        del Consejo</span></strong></p>
<p class="texto">El Consejo de Ancianos se reunió                        para tomar una determinación que pusiera fin a semejante                        amenaza de peligro para todos.</p>
<p class="texto">Y decidieron: era necesario dar muerte a                        quien tantas muertes había producido. Para conseguirlo,                        un grupo de valientes debía buscar y hacer frente                        a la terrible fiera, hasta terminar con ella.</p>
<p class="texto">El Cacique aprobó la determinación                        de los Ancianos. Pidió a los jóvenes de la                        tribu que quisieran llevar a cabo esta empresa, se presentaran                        ante él.</p>
<p class="texto">Grande fue la sorpresa del jefe cuando vio                        aparecer en su toldo a un solo muchacho: Pirá-U.</p>
<p class="texto">De los demás, ninguno quiso exponer                        su vida.</p>
<p class="texto">Pirá-U sentía gran admiración                        y un gran reconocimiento hacia el viejo Cacique. En cierta                        ocasión, hacía muchos años, Aguará                        había salvado la vida de su padre, de quien era gran                        amigo. Fue un verdadero acto de heroísmo el cumplido                        por el valiente Cacique, con peligro de su propia vida.</p>
<p class="texto">Desde entonces, nada había que Pirá-U,                        agradecido, no hiciera por el viejo Aguará. Por eso,                        ésta era una espléndida oportunidad para demostrarlo.                        Él sería el encargado de librar a la tribu                        de tan terrible amenaza. Así fue que Pirá-Ú,                        sin ayuda de nadie, confiando en su valor y en la fuerza                        que le prestaba el agradecimiento, partió a cumplir                        tan temeraria empresa. Gran ansiedad reinó en la                        tribu al siguiente día. Todos esperaban al valiente                        muchacho, deseosos de verlo llegar con la piel del feroz                        enemigo.</p>
<p class="texto">Pero las esperanzas se desvanecieron. Pasó                        ese día y otros más y Pirá-U no regresó.</p>
<p class="texto">Había sido una nueva víctima                        del jaguar. Nuevamente se reunió el Consejo y nuevamente                        se pidió la ayuda de los jóvenes guerreros.                        Pero esta vez nadie respondió&#8230; nadie se presentó                        ante el Cacique. Era increíble que ellos que habían                        dado tantas veces pruebas de valor y de audacia, se mostraran                        tan cobardes en esta ocasión.</p>
<p class="texto">
<p class="texto"><span class="titulo"><strong>Valentía de                        mujer</strong></span></p>
<p class="texto">Taca, indignada, reunió al pueblo,                        y en términos duros y con ademán enérgico,                        les dijo:</p>
<p class="texto">“Me avergüenzo de pertenecer a                        esta tribu de cobardes. Segura estoy de que si Ará-Naró                        estuviera entre nosotros, él se encargaría                        de dar muerte al sanguinario animal. Pero en vista de que                        ninguno de vosotros es capaz de hacerlo, yo iré al                        bosque y yo traeré su piel. Vergüenza os dará                        reconocer que una mujer tuvo más valor que vosotros,                        cobardes! ”</p>
<p class="texto">Así diciendo entró en su toldo.                        El padre, que se hallaba postrado por la enfermedad, se                        oponía a que su hija llevara a cabo una empresa tan                        peligrosa.</p>
<p class="texto">-Hija mía -le dijo- tu decisión                        me honra y me demuestra una vez más que eres digna                        de tus antepasados. Mi orgullo de padre es muy grande. Te                        quiero y te admiro; pero la tribu te necesita. Mi salud                        no me permite ser como antes y sin tu apoyo no podría                        gobernar. ”</p>
<p class="texto">- Padre, los dioses me ayudarán y                        yo volveré triunfante. Si permitimos que el sanguinario                        animal continúe con sus desmanes no podremos llegar                        al bosquecillo en busca de alimentos, y la vida aquí                        será imposible.”</p>
<p class="texto">- Hija mía; otros deben dar muerte                        al jaguar. Tú eres necesaria en la tribu y no es                        muy seguro que te libres de morir entre las garras de la                        fiera.</p>
<p class="texto">- Padre&#8230; tus súbditos han demostrado                        ser unos cobardes. Creen que el yaguareté es un enviado                        de Añá para terminar con nosotros, y temen                        enfrentarlo. Yo debo salvar a la tribu. ¡Permite que                        vaya, padre mío!</p>
<p class="texto">El anciano tuvo que acceder. Las razones                        que le daba su hija eran justas y claras &#8211; y no había                        otra manera de librarse de enemigo tan cruel.</p>
<p class="texto">
<p><span class="titulo"><strong>El regreso de Ará-Ñaró</strong></span></p>
<p><span class="texto"> Y Taca empezó los preparativos                        para ponerse en viaje ese mismo día al atardecer. </span></p>
<p><span class="texto"> Cuando se disponía a partir,                        varios jóvenes trajeron la noticia de que los cazadores                        que partieran hacía una luna, se acercaban. Estaban                        a corta distancia de los toldos. </span></p>
<p><span class="texto"> Fue para Taca una noticia que la lleno                        de placer y de esperanza. Entre los cazadores venía                        Ará-Ñaro, su novio, y él podría                        acompañarla para dar muerte al jaguar. Impacientes                        esperaban la llegada de los bravos cazadores, los que se                        presentaron cargados de innumerables animales muertos, pieles                        y plumas, conseguidos después de tantos sacrificios                        y de tantos peligros. </span></p>
<p><span class="texto"> Fueron recibidos con gritos de alegría                        y de entusiasmo por toda la tribu que se había reunido                        cerca del toldo del Cacique. Junto a la entrada se encontraba                        éste con su hija Taca, rodeados por los ancianos                        del Consejo. </span></p>
<p><span class="texto"> El viejo Aguará saludó                        con todo cariño a los valientes muchachos, que se                        apresuraron a poner a sus pies las piezas más hermosas. </span></p>
<p><span class="texto"> Ará-Naró, después                        de agasajar al Jefe, se dirigió a Taca, y como una                        prueba de su gran amor, le ofreció el presente que                        le tenía dedicado: una colección de las más                        vistosas y brillantes plumas de aves del paraíso,                        de tucán, de cisne, de garza y de flamenco. El gozo                        y la satisfacción se pintaron en el rostro de la                        doncella, que con una suave sonrisa agradeció el                        obsequio. </span></p>
<p><span class="titulo"><strong>Cuando los amantes se convierten                        en leyenda</strong></span></p>
<p><span class="texto"> Después&#8230; cada uno se retiró                        a su toldo. Aguará, Taca y Ará-Naró                        quedaron solos. El sol se había ocultado detrás                        de los árboles del bosquecillo cercano. Un reflejo                        rojo y oro teñía las nubes, y como venido                        de lejos se oyó el grito lastimero del urutaú. </span></p>
<p><span class="texto"> En ese momento, el viejo Cacique comunicó                        a Ará-Naró la decisión de su hija. </span></p>
<p><span class="texto"> -Hijo mío- le dijo &#8211; un jaguar                        cebado con sangre humana ha hecho muchas víctimas                        entre nuestro pueblo. El primero fue Petig, que tomado desprevenido,                        murió deshecho por la fiera. Después Saeyú                        y otros que, confiados, fueron al bosque en busca de alimentos.                        Se decidió dar muerte al sanguinario animal; pero                        Pirá-Ú, encargado de ello, no ha vuelto. Fue,                        sin duda, una víctima más&#8230; Y ahora nadie                        quiere hacer frente a tan terrible enemigo. Todos le temen                        creyéndolo un enviado de Añá, imposible                        de vencer. </span></p>
<p><span class="texto"> Taca, por su parte, ha decidido ser                        ella quien termine con el jaguar, y piensa partir ahora                        mismo. </span></p>
<p><span class="texto"> -Taca, eso no es posible- dijo resuelto                        Ara-Ñaro-. Esa no es empresa para ti. Y los guerreros                        de nuestra tribu: ¿qué hacen? ¿Cómo                        permiten que una doncella los aventaje en valor y los reemplace                        en sus obligaciones?. </span></p>
<p><span class="texto"> -Los jóvenes temen a Añá,                        y no quieren atacar a quien creen su enviado. </span></p>
<p><span class="texto"> -Taca, ¡no irás! Seré                        yo quien dé muerte al jaguar, y su piel será                        una ofrenda más de mi amor hacia ti. </span></p>
<p><span class="texto"> -No podrá ser, Ará-Ñaró.                        ¡He dado mi palabra y voy a cumplirla!&#8230; Dentro de                        un instante saldré en busca del jaguar, y cuando                        vuelva gritaré una vez más su cobardía                        a los súbditos del valiente Aguará. </span></p>
<p><span class="texto"> -No has de ir sola, Taca. Espera unos                        instantes y yo te acompañaré. </span></p>
<p><span class="texto"> &#8211; Ya debo partir, Ará-Ñaro;                        “yahá!”…, “yahá!”…(¡vamos!,                        ¡vamos!). </span></p>
<p><span class="texto"> Pronto se reunió Ará-Ñaró                        a su prometida, y cuando la luna envió su luz sobre                        la tierra, ellos marchaban en pos del enemigo de la tribu.                        La esperanza de terminar con él los alentaba. Cuando                        llegaron al bosque, Ará-Ñaró aconsejó                        prudencia a su compañera, pero ella, en el deseo                        de terminar de una vez por todas con el carnívoro,                        adelantándose, lo animaba: </span></p>
<p><span class="texto"> &#8211; “yahá!”…,                        “yahá!”… </span></p>
<p><span class="texto"> Cerca de un ñandubay se detuvieron.                        Habían oído un rozamiento en la hierba. Supusieron                        que el jaguar estaba cerca. Y no se equivocaban. Saliendo                        de un matorral vieron dos puntos luminosos que parecían                        despedir fuego. Eran los ojos de la fiera, que buscaba a                        quienes pretendían hacerle frente. Con paso felino                        se iba acercando, cuando Ara-Naró, haciendo a un                        lado a su novia y obligándola á guarecerse                        detrás de un añoso árbol, se dirigió,                        decidido, hacia la fiera. </span></p>
<p><span class="texto"> Fueron momentos trágicos los                        que se sucedieron. ¡El hombre y la fiera luchando                        por su vida! Ará-Naró era fuerte y valiente,                        pero el jaguar, con toda fiereza, lanzó un rugido                        salvaje. Taca, que desde su escondite seguía con                        ansiedad una lucha tan desigual, se estremeció. </span></p>
<p><span class="texto"> Un zarpazo desgarró el cuello                        del valiente indio y lo arrojó a tierra. Con él                        rodó la fiera enfurecida y poderosa. </span></p>
<p><span class="texto"> Taca dio un grito, y de un salto estuvo                        al lado del animal ensangrentado, que se trabó en                        pelea con su nueva atacante. </span></p>
<p><span class="texto"> Pero fue en vano. En esa prueba de                        valientes, ninguno salió triunfante. </span></p>
<p><span class="texto"> Taca, Ará-Ñaró                        y el jaguar pagaron con su vida el heroísmo que los                        llevó a la lucha. </span></p>
<p><span class="texto"> Pasaron los días. En la tribu                        se tuvo el convencimiento de la muerte de los jóvenes                        prometidos. </span></p>
<p><span class="texto"> -El viejo Cacique, cuya tristeza era                        cada vez mayor, fue consumiéndose día a día,                        hasta que Tupá, condolido de su desventura, le quitó                        la vida. </span></p>
<p><span class="texto"> Todos lloraron al anciano Aguará,                        que había sido bueno y valiente, y de quien la tribu                        recibiera tantos beneficios. </span></p>
<p><span class="texto"> Prepararon una gran urna de barro,                        y después de colocar en ella el cuerpo del Cacique,                        pusieron sus prendas y, como era costumbre, provisiones                        de comida y bebida. </span></p>
<p><span class="texto"> En el momento de enterrarlo, en el                        lugar que le había servido de vivienda, una pareja                        de aves, hasta entonces desconocidas, hizo su aparición                        gritando: &#8212; “yahá!”…, “yahá!”… </span></p>
<p><span class="texto"> Eran Taca y Ará-Naró,                        que convertidos en aves por Tupá, volvían                        a la tribu de sus hermanos. </span></p>
<p><span class="texto"> Ellos los habían librado del                        feroz enemigo, y desde ahora serían sus eternos guardianes,                        encargados de vigilar y dar aviso cuando vieran acercarse                        algún peligro. </span></p>
<p><span class="texto"> Por eso, el chajá, como le                        decimos ahora, sigue cumpliendo el designio que le impusiera                        Tupá, y cuando advierte algo extraño, levanta                        el vuelo y da el grito de alerta: &#8220;Yahá!&#8230;,                        &#8221; &#8220;Yahá!&#8221;&#8230; </span></p>
<p><span class="titulo">Reseña sobre fauna argentina</span></p>
<p><span class="texto"> El Chajá es un ave zancuda.                        Su cuerpo de regular tamaño, está recubierto                        por plumas de color gris plomizo. En su cuello una línea                        de plumas negras forma un collar, y dos manchas blancas                        se destacan en el dorso. Sus alas están provistas                        de espolones, y luce un copete en la nuca. Habita en lugares                        húmedos, pantanosos o en las orillas de ríos                        o arroyos. Entra al agua, pero no sabe nadar. </span></p>
<p><span class="texto"> Sólo se los caza vivos y en                        pareja, pues si así no se hiciera, el ave moriría                        al ser separado de su compañero. </span></p>
<p><span class="texto"> Es tal el cariño que se profesan                        entre sí, que si uno se enferma, el otro no se aparta                        de su lado y trata de auxiliarlo en todo momento con mucho                        cariño. Si llega a morir, no es extraño que                        al poco tiempo muera el otro también. </span></p>
<p><span class="texto"> Construyen el nido ayudándose                        los dos, y cuando llega el momento de empollar, lo hacen                        también los dos alternativamente. Una vez nacidos                        los polluelos, ambos se encargan de ellos: la hembra los                        cuida y el macho les proporciona alimento y los defiende. </span></p>
<p><span class="texto"> Es un ave vigilante, y a la menor                        señal de peligro, levanta el vuelo y grita: &#8220;Chajá!&#8221;                        o &#8220;Yahá&#8221;. De este grito se ha tomado el                        nombre con que la distinguimos. </span></p>
<p><span class="texto"> Vuela a gran altura describiendo círculos                        y puede mantenerse mucho tiempo en el aire. Persigue a las                        aves de rapiña, siendo por ello una excelente guardiana                        de gallineros y rebaños, reemplazando muchas veces                        al perro. </span></p>
<p><span class="texto"> Se domestica con facilidad, llegando                        a reconocer a su amo y a las personas de la casa. </span></p>
<p><span class="texto"> El hombre no la persigue para comer,                        pues su carne no es comestible. Al cocinarla se transforma,                        en su mayor parte, en espuma. </span></p>
<p><span class="texto"> De aquí el dicho &#8220;Pura                        espuma como el chajá</span>&#8220;.</p>
<h3>Vocabulario</h3>
<p><strong>Aguará</strong>:                                  Zorro<br />
<strong>Ara- ñaró</strong> : Rayo<br />
<strong>Carumbé</strong>: Tortuga<br />
<strong>Chumbé</strong>: Faja<br />
<strong>Lechiguana</strong>: Abeja<br />
<strong>Petig</strong>: Tabaco<br />
<strong>Pindó</strong>: Palmera<br />
<strong>Pira – ú </strong>: Pescado negro<br />
<strong>Saeyú</strong>: Amarillo<br />
<strong>Taca</strong>: Luciérnaga<br />
<strong>Tipoy</strong>: Túnica</p>
]]></content:encoded>
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		</item>
		<item>
		<title>La guerra de Troya</title>
		<link>http://revistablush.com.ar/2008/03/la-guerra-de-troya-griega/</link>
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		<pubDate>Fri, 21 Mar 2008 18:11:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Leyendas]]></category>
		<category><![CDATA[cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Grecia]]></category>
		<category><![CDATA[historia]]></category>

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		<description><![CDATA[
“Pues bien detén a                          los demás troyanos y a los aqueos todos, y dejadnos                 [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote></blockquote>
<blockquote><p><em><span class="texto">“Pues bien detén a                          los demás troyanos y a los aqueos todos, y dejadnos                          en medio a Menelao y a mí para que nos enfrentemos.                          Helena y sus riquezas serán el premio del combate:                          el que venza, demostrando ser el más fuerte, lleva                          a su casa, como es de justicia, a la mujer con todas sus                          riquezas. “</span></em><span class="texto"> (Canto                          Tercer/ Ilíada/ Homero)</span></p></blockquote>
<blockquote></blockquote>
<p><span class="texto"> </span><img src="http://www.larevista.turemanso.com.ar/wp-content/uploads/2008/03/200px-trojan_horse_canakkale.jpg" alt="El caballo" align="left" hspace="9" /><span class="titulo">La leyenda épica que fue llevada al <a href="http://www.warnerbros.es/movies/troy/" title="la más reciente" target="_blank">cine</a> y a la literatura (con gigantes de la talla de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Homero" target="_blank">Homero</a> y otros menos geniales) tuvo su lugar histórico y geográfico. </span>Está situada en la actual provincia <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Turqu%C3%ADa" title="Turquía">turca</a> de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Provincia_de_%C3%87anakkale" title="Provincia de Çanakkale">Çanakkale</a>, junto al estrecho de los <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Dardanelos" title="Dardanelos">Dardanelos</a> (<a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Helesponto" class="mw-redirect" title="Helesponto">Helesponto</a>), entre los ríos <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Escamandro" title="Escamandro">Escamandro</a> (o <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Janto_%28ciudad%29#El_r.C3.ADo_Janto" title="Janto (ciudad)">Janto</a>) y <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Simois" title="Simois">Simois</a>) <span class="titulo">aunque  <a href="http://www.ecuadorciencia.org/noticias.asp?id=3022&amp;fc=20071007" target="_blank">ahora dicen</a> que la batalla se libró en <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Bosnia" target="_blank">Bosnia</a>.   </span></p>
<p><span class="titulo">Sea como sea, lo que es indudable es que l</span><span class="texto">a                        guerra de Troya constituye uno                        de los núcleos más importantes de las denominadas                        leyendas heroicas, en las que según la tradición                        se inspiró Homero ( s. VIII a. C.), para componer los dos grandes                        poemas épicos: <a href="http://www.iliada.com.mx/" target="_blank">la Ilíada</a> y la <a href="http://books.google.com.ar/books?id=sKyssxwMsysC&amp;dq=la+odisea&amp;pg=PP1&amp;ots=94hphDprak&amp;sig=kvubML7F-Esuow0-pIqPGDwFWJw&amp;hl=es&amp;prev=http://www.google.com.ar/search?hl=es&amp;client=firefox-a&amp;rls=org.mozilla:es-ES:official&amp;hs=z0Q&amp;q=la+odisea&amp;btnG=Buscar&amp;sa=X&amp;oi=print&amp;ct=title&amp;cad=one-book-with-thumbnail" target="_blank">Odisea</a>, gracias                        a los cuales, y a las fuentes de aquel acontecimiento que                        nos han llegado podremos reconstruir paso a paso aquella                        importante lucha. La Guerra de Troya , relato “épico”,                        no es exactamente ni mítico ni histórico:                        se sitúa en la encrucijada del mito y de la historia,                        y participa, simultáneamente, de las características                        de ambos. Por tanto, es posible pasar del mito a la leyenda,                        y de la leyenda a la historia.</span></p>
<p>A continuación  el artículo de <span class="texto"><strong>Máximo A. García                           González </strong>[<a href="http://seharq.blogspot.com/" target="_blank">Sociedad Española de Historia                          de la Arqueología</a>] y el relato de la leyenda.<br />
</span></p>
<p class="texto"><span id="more-43"></span></p>
<p class="texto"><strong>Helena se casa con Menelao, rey de Esparta.</strong></p>
<p class="texto"> Una vez que los Dióscuros salvaron                        a Helena, y  ésta regresó a Lacedemonia,                        su padre Tindáreo consideró que había                        llegado el momento de entregarla en matrimonio. Convocó                        a los pretendientes a una asamblea, acudiendo un número                        muy importante de ellos. Para que no quedaran descontentos                        los no elegidos, y siguiendo el consejo de Odiseo, propuso                        que fuera la propia Helena la que eligiera y que, si alguien                        intentaba alguna acción contra la bella Helena, todos                        debían unirse para castigar al usurpador. Helena                        eligió a Menelao, el rey más opulento de los                        griegos.</p>
<p class="texto"> <strong> El Juicio de Paris, y el rapto de Helena.                        </strong></p>
<p class="texto"> Se celebraban las bodas de Peleo, rey de                        Ptía en la región de Tesalia, con la nereida                        Tetis, y a la ceremonia fueron invitadas todas las divinidades,                        a excepción de Eris ( la Discordia). Durante el banquete                        apareció Eris y, dirigiéndose al cortejo de                        diosas allí presente, les arrojó con desprecio                        una manzana de oro en la que podía leerse: “regalo                        para la diosa más hermosa”. Tras una serie de                        exclusiones, la elección quedaría reducida                        a: Hera, Atenea y Afrodita. Éstas solicitaron de                        Zeus que actuara de árbitro en la concesión                        del preciado premio, pero éste, sugirió que                        fueran a buscar a Paris, (hijo de Príamo, rey de                        Troya) experto en estas lides, que apacentaba en el monte                        Ida los rebaños reales de la ciudad.</p>
<p class="texto"> Un oráculo había predicho                        a Príamo que su hijo causaría la ruina de                        su familia y de su ciudad, y por eso el rey resolvió                        alejarlo, obligándole a realizar un oficio de pastor,                        no acorde con su condición de príncipe. Paris                        compartía su vida sentimental con la ninfa Enone,                        y su padre Príamo hacía tiempo que no sabía                        de él.</p>
<p class="texto"> Cierto día Paris ve aparecer ante                        él las bellísimas figuras de las tres grandes                        diosas, que le expusieron el objeto de su visita. Una a                        una le intentaron sobornar  con promesas muy sugerentes:                        Hera le prometió el poder sin límites, Atenea,                        la sabiduría y, por último, Afrodita, el amor                        de la mujer más bella de aquel entonces. Paris que                        tenía ya fama de  ser un mujeriego, no dudó                        un instante y concedió la manzana a la diosa del                        amor. Así fue el famoso Juicio de Paris, inmortalizado                        por las artes, y cuya decisión sería el origen                        y causa de la Guerra de Troya.</p>
<p class="texto"> La mujer más bella era Helena, pero                        existía un problema: estaba casada con Menelao, rey                        de Esparta, por muerte de su suegro Tindáreo. Sin                        embargo, Afrodita condujo a Paris a Esparta, donde Menelao                        y Helena atendieron maravillosamente al huésped (                        las leyes de hospitalidad en aquella época eran sagradas),                        sin sospechar nada. Menelao tuvo que ausentarse a Creta                        para estar presente en las exequias del rey cretense Catreo,                        y Helena tuvo que reemplazar a su esposo en las funciones                        de anfitrión. Afrodita hizo el resto : Helena se                        entrega irremisiblemente a los encantos del huésped.</p>
<p class="texto"> Cuando Menelao regresó se encontró                        con la desagradable nueva de que se habían marchado                        “ los enamorados” hacia Troya. Sus lamentos estremecieron                        no sólo al Peloponeso, sino a toda Grecia. La afrenta                        fue mayor, pues Paris se había aprovechado de las                        leyes de hospitalidad para conseguir su objetivo. Entonces                        Menelao, apela al juramento realizado por los príncipes                        griegos cuando Helena le había escogido, les convocó                        a todos ellos para hacerse a la mar y reducir a cenizas                        a la ciudadela de Troya.</p>
<p class="texto"> Sin embargo, no fue sólo el rapto                        de Helena el motivo del conflicto bélico, sino que                        en primera instancia por el odio que Hera y Atenea sintieron                        contra Paris al verse postergadas, jurando venganza sobre                        él y el pueblo troyano, por extensión.</p>
<p class="texto">   <strong> Preparativos para la guerra.                        </strong></p>
<p class="texto"> Según algunas versiones, durante                        el  viaje de regreso a Troya, Paris y Helena sufrieron                        las iras de  Hera, que desvió la nave en la                        que viajaban hacia la ciudad fenicia de Sidón ( actual                         Libano). La Ilíada alude a este episodio. Parece                        ser que algún hermano de Paris le instó a                        que devolviera a Helena a su esposo, por los grandes males                        que su rapto acarrearía. Pero Príamo que,                        ya anciano,  por fin recuperaba a su hijo Paris, tras                        su largo ostracismo por culpa del oráculo,                         decide que se queden, y poco después se celebró                        la boda.</p>
<p class="texto"> Agamenón, hermano del ultrajado Menelao,                        fue nombrado jefe supremo de la expedición contra                        Troya. Primero, intentaron con embajadores exigir la inmediata                        devolución de Helena. Pero Príamo aprobó                        la conducta de su hijo, y les recordó que los mismos                        griegos en otro tiempo habían raptado a diversas                        princesas, e incluso a Hesíone, su propia hermana.                        Regresan los embajadores con la negativa de Príamo.                        Entonces se inician los preparativos para la guerra. Agamenón                        reúne una extraordinaria flota , con los más                        importantes príncipes de toda Grecia, incluso los                        dos más reticentes al principio: Odiseo y Aquiles.                        En efecto, Odiseo, casado con Penélope y con un hijo,                        Telémaco, al saber que lo andaban buscando, simuló                        haber perdido la razón y con ropa de campesino fingió                        sembrar sal en sus campos en lugar de trigo. Pero el emisario                        utilizó otra estratagema: colocó a su hijo                        Telémaco delante de la reja del arado de su padre,                        con lo que Odiseo no tuvo más remedio que girar la                        reja del arado, salvando así a su hijo  de una                        muerte segura, pero a la vez demostrando que estaba cuerdo.                        Como el juramento era sagrado, Odiseo, a regañadientes,                        siguió al mensajero.</p>
<p class="texto"> Aquiles, por su parte, era hijo de Peleo,                        y de la nereida Tetis. Cuando nació  Aquiles,                        su madre lo sumergió en la laguna Estigia, haciéndolo                        invulnerable, salvo por la parte por donde lo había                        sujetado. ( otra versión nos cuenta que queriendo                        hacer inmortales a los hijos  que va teniendo, Tetis                        los arroja recién nacidos al fuego, a escondidas                        de Peleo. Así perecieron seis hijos. El séptimo                        sería Aquiles. Tetis se dispone a hacer lo mismo,                        pero Peleo, se lo arrebata. Tetis confía luego su                        hijo al centauro Quirón para que se encargue de su                        educación)</p>
<p class="texto"> La nereida sabía que si su hijo iba                        a la guerra perecería. Por ello lo disfrazó                        de mujer  y lo envió a la corte del rey Licomedes.                        Agamenón encargó a Odiseo que averiguara dónde                        se hallaba escondido Aquiles. Odiseo se disfrazó                        de mercader ambulante y se presento en el palacio de Licomedes.                        Todas las mujeres y muchachas quisieron comprar al improvisado                        vendedor muñecas, cosméticos y abalorios femeninos,                        excepto Aquiles que, despreocupado, se fijó en unas                        espadas y puñales que el astuto Odiseo había                        ocultado entre las otras prendas femeninas. Y así                        descubrió el engaño, y le instó a que                        se incorporara a la flota hacia Troya.</p>
<p class="texto">  Homero refiere que la flota griega                        se componía de 1070 naves. Según el historiador                        Tucídides, el ejército lo componían                        75.000 combatientes. Agamenón, rey de Micenas,                         sería el caudillo supremo.</p>
<p class="texto"> En la Ilíada se nos indica un largo                        catálogo de los pueblos helénicos que participaron                        en la guerra, entre otros: arcadios, atenienses, espartanos,                        beocios, cretenses, eubeos, itacenses, mirmidones, tesalios,                        etc.</p>
<p class="texto"> Por lo que se refiere a los troyanos, tuvieron                        como aliados  a los siguientes- algunos  mítico-legendarios-                        : amazonas, ciconios, dardanios, frigios, pelasgos, persas,                        etíopes, etc. Los propios dioses se dividieron en                        dos bandos:</p>
<p class="texto"> a) Poseidón, Hera y Atenea: ayudarán                        a los griegos.</p>
<p class="texto"> b) Afrodita  y, ocasionalmente, Ares                        y Apolo a los troyanos.</p>
<p class="texto"> Zeus prefirió mantenerse neutral,                        aunque al principio manifestó predilección                        por Héctor, hijo de Príamo y hermano del raptor                        Paris, el más valiente de los jefes troyanos.</p>
<p class="texto"><strong>Sacrificio de Ifigenia, hija de Agamenón</strong>.</p>
<p class="texto"> La flota griega se reunió en el puerto                        de Áulide, aguardando los vientos favorables para                        atravesar el Helesponto. Pero los dioses no se mostraron                        favorables con sus deseos. Los soldados griegos comienzan                        a impacientarse, y cunde el desánimo en las tropas.                        Consultado el adivino Calcante, éste,tras hacerlo                        al oráculo, manifestó que la diosa Ártemis                        se hallaba ofendida con el rey Agamenón por haberla                        querido emular en la caza matando a una liebre consagrada                        a ella y no haberla ofrecido sacrificios. Debería                        apaciguar a la diosa con el sacrificio de su propia hija                        Ifigenia. Agamenón rechazó rotundamente la                        idea. Sin embargo, terminó por acceder, a instancias                        sobre todo de su hermano Menelao y al comprender, tanto                        él como los demás príncipes que se                        debía acatar el oráculo. Ifigenia, engañada,                        llega al altar para ser sacrificada. En el instante supremo                        del cruel martirio, Ártemis, compadecida, sustituyó                        a la doncella por una cervatilla ( ¿ sacrificio de                        Isaac en versión mitológica?). Ifigenia fue                        llevada a Táuride ( actual península de Crimea),                        en donde la diosa la convirtió en su sacerdotisa.</p>
<p class="texto"> El viento se hace favorable y la flota puede                        zarpar hacia Troya.</p>
<p class="texto"> <strong>La cólera de Aquiles. </strong></p>
<p class="texto">      Al cumplirse el                        10þ año de la guerra, Troya se hubiera rendido ya                        por falta de agua y provisiones, y de ayuda exterior. Pero,                        entonces en el campo griego estalló la discordia,                        una vez más con una mujer como causa. Sucedió                        que los griegos habían hecho prisionera a la bella                        Criseida, hija de Crises, sacerdote de Apolo. Agamenón,                        lleno de soberbia, esgrimió el derecho que le daba                        el hecho de ser caudillo supremo y se quedó con la                        joven como botín. El anciano sacerdote se presenta                        ante el campamento griego, y solicita la devolución                        de su hija, como único sostén de su vejez.                        Agamenón lo rechazó bruscamente. Críses                        entonces suplica a Apolo. Éste atendió las                        súplicas de su ministro y desde lo alto empezó                        a disparar sus ardientes fleches ( la peste), que diezmaron                        el ejército griego. Se extendió la peste por                        el campamento griego y las piras ardían sin descanso.</p>
<p class="texto"> Por consejo de Aquiles se reunieron los                        jefes griegos en asamblea. Convocaron al adivino Calcante                        y le interrogaron sobre el origen de la cólera de                        Aquiles. El sacerdote expuso su temor en confesarla, a menos                        que Aquiles no garantizara su seguridad. Finalmente Calcante                        afirmó que el mal sólo desaparecería                        si Criseida era devuelta a su padre Crises. Agamenón                        se vio obligado a ceder a regañadientes. Devuelve                        a Criseida, pero encarga a dos hombres que se dirijan a                        la tienda de Aquiles y se lleven a su esclava Briseida,                        de quien el propio Aquiles estaba enamorado. Éste                        les tranquilizó a estos emisarios, pero les advirtió                        que Agamenón pagaría caro su atrevimiento.                        Desde ese momento Aquiles se negó a participar en                        la lucha, encerrándose en su tienda. Su propia madre                        Tetis  le espoleó en su decisión, con                        el fin de salvar también el hado que pendía                        sobre su hijo.. A requerimiento de éste se presentó                        ante Zeus para que protegiera a los troyanos. Zeus consintió                        , aunque temía la cólera de su esposa Hera,                        dedicada a favorecer al bando griego, y aparentaba mostrarse                        neutral.</p>
<p class="texto"> Durante los meses que duró la ausencia                        de Aquiles, los combates entre griegos y troyanos se sucedieron,                        llevando los griegos su peor parte. De pronto los dos bandos                        deciden parar y resolver que la contienda se decida entre                        el ofendido, Menelao, y el ofensor, Paris, en un combate                        singular. Éste, espoleado por su hermano Héctor,                        sale a combatir de la mejor manera que sabe: arrojó                        una lanza a Menelao que detuvo con su escudo. Cuando estaba                        a punto de sucumbir a manos de Menelao, Afrodita, su benefactora,                        se lo lleva del combate escondido en una nube, y regresa                        al lecho conyugal. Ambos ejércitos convinieron que,                        por la huida de Paris, Menelao era el justo vencedor; y                        los troyanos hubieran devuelto a Helena, si Hera y Atenea                        no hubieran instigado a los troyanos. Así, un soldado                        de los troyanos no aguantó más y disparó                        una flecha sobre Menelao. La improvisada tregua se rompió,                        y continuó la guerra.</p>
<p class="texto"><strong>Muerte de Patroclo, y venganza de su amigo                        Aquiles.</strong></p>
<p class="texto"> Afrodita acude en ayuda de su hijo Eneas,                        cuando éste –el más valiente de los troyanos                        después de Héctor- estuvo a punto de perecer                        ante la acometida de Diomedes, quien llegó a herir                        a la diosa. Ésta abandonó a su hijo. Refugiandose                        junto a su padre Zeus en el Olimpo. Apolo sustituyó                        a  Afrodita, salvando a Eneas y llevándoselo                        envuelto en una nube a la ciudad de Pérgamo, en donde                        su hermana Ártemis le curó la herida . Eneas                        no podía morir, pues el destino le había reservado                        que de su estirpe nacerían Rómulo y Remo,                        fundadores de Roma. Diomedes se creció y, animado                        por Hera, hirió por segunda vez al mismísimo                        dios de la guerra Ares. Atenea guió la lanza del                        héroe. El dios de la guerra tuvo que abandonar el                        campo de batalla. Zeus recordando la promesa hecha a Tetis,                        inclinó la balanza a favor de los troyanos. Héctor,                        gracias a esta ayuda divina, consiguió que los griegos                        se refugiaran junto a sus naves. Los griegos, reunidos en                        asamblea, deciden con Agamenón a la cabeza regresar                        a Grecia. Pero Odiseo le instó que debía de                        una vez por todas devolver a Briseida a Aquiles, para poder                        deponer su cólera. Agamenón prometió                        que así lo haría, pero Aquiles no se fió                        de tal promesa y también se preparaba para el regreso.                        Hera, entre tanto, roba el cinturón de Afrodita,                        y distrae a Zeus de la lucha. Acusa a Poseidón de                        haber sido artífice de la victoria momentánea                        de los griegos. Zeus ordenó a Iris que le comunicara                        a Poseidón que se retirara del lugar para que así                        se cumplieran sus deseos. Patroclo corrió hacia la                        tienda de su amigo Aquiles y le solicitó que depusiera                        su cólera y saliera a defender el campamento griego.                        Ante la negativa de éste , porque deseaba preservar                        su honor mancillado, Patroclo le pidió por lo menos                        que le dejara vestir su armadura. Con ella consiguió                        que los troyanos le tomaran por el mismísimo Aquiles.                        Pero de pronto se encontró con su destino, y con                        Héctor, que con ayuda de un mortal, Euforbio, un                        dios, Apolo, y él mismo consiguen arrebatar la vida                        de Patroclo. Éste previamente había matado                        a un hijo de Zeus, el troyano Sarpedón.</p>
<p class="texto"> Cuando le comunicaron a Aquiles la muerte                        de Patroclo su dolor no tuvo límites. Su primera                        intención fue quitarse la vida, pero su madre, presurosa,                        acudió a ayudarle. Decidió entonces vengar                        la muerte de su amigo. De este modo la cólera de                        Aquiles llegó a su fin, transformándose en                        ira exacerbada hacia Héctor. Tetis, muy a su pesar,                        trajo a su hijo nuevas armas fabricadas por el propio Hefesto.                        La aparición de Aquiles en combate cambió                        el signo de la batalla: eran los troyanos los que retrocederían                        hacia la fortaleza de Troya. Héctor decidió                        retar a Aquiles a un combate singular, sabiendo que ese                        sería el último combate de su vida. La última                        despedida de su esposa Andrómaca y de su hijo, Astianacte,                        conmovedoras, no consiguen que el héroe deponga su                        actitud.</p>
<p class="texto"> El Destino había dispuesto para Héctor                        su muerte a manos de Aquiles. Los dioses reunidos en asamblea,                        y Zeus , extendiendo una balanza de oro, puso en los platillos                        dos pesas, observando que el platillo de Héctor descendía                        hacia el Hades.</p>
<p class="texto"> Apolo, muy a pesar suyo, tuvo que abandonar                        a su protegido. Héctor en el combate comprendió                        que los dioses le habían dejado solo. Aquiles con                        la inestimable colaboración de Atenea consigue atravesar                        la garganta con la lanza a su enemigo Héctor. Aquiles,                        ensoberbecido, anuncia que entregaría el cadáver                        de Héctor a los perros. Héctor, agonizante,                        le suplicó que fuera devuelto a su ciudad para que                        se le rindieran honores fúnebres. Pero su alma se                        marchó al Hades, lamentando hasta los dioses su destino.</p>
<p class="texto"><strong>Funerales de Patroclo y de Héctor.                        </strong></p>
<p class="texto"> Aquiles, vencedor, despojó a Héctor                        de su armadura, ató sus pies con cordones de cuero                        que unció a su carro y se dirigió hacia las                        murallas de Troya, alrededor de la que dio tres vueltas,                        arrastrando el cadáver de Héctor. Además                        ordenó que el cadáver del héroe troyano                        fuera privado de los honores de sepultura y entregado a                        los buitres. Los gritos de dolor de Príamo y Hécuba                        ante la muerte de su hijo, y de todos los troyanos                         resonaron en la ciudadela.</p>
<p class="texto">  En el Olimpo, el maltrato infligido                        a los restos de Héctor era del desagrado de la mayoría                        de los Inmortales y, especialmente, de Zeus. Éste                        envía a Iris a Troya para que recomiende a Príamo                        que se presente ante Aquiles con un carro repleto de magníficos                        tesoros y le solicite con humildad el cuerpo de su hijo.                        Así lo hace. Aquiles, en un principio impasible –                        preparaba la pira que había de consumir el cadáver                        de su amigo Patroclo, organizando unos solemnes funerales                        para éste , y los juegos que debían conmemorar                        su  muerte- consiguieron finalmente ablandar el corazón                        del Pelida que, abrazando al anciano padre de su encarnizado                        enemigo, le entrega a su hijo para que se le tributen los                        honores debidos. Griegos y troyanos convienen una tregua                        para que se celebren sendos funerales: el de Patroclo (                        los griegos) y el de Héctor ( los troyanos).</p>
<p class="texto"> El cadáver de Héctor regresó                        a Troya y hubo lamentaciones durante nueve días,                        finalmente fue incinerado, recogiendo sus calcinados huesos                        y depositándolos en un sudario púrpura dentro                        de una urna de oro, que enterraron en una magnífica                        tumba. Así concluye la  Ilíada, de Homero,                        pero la guerra continuó.</p>
<p class="texto"><strong>Muerte de Aquiles y de Áyax Telamón.                        </strong></p>
<p class="texto"> Lo que sucedió tras la muerte de                        Héctor hay que reconstruirlo a través de las                        leyendas heroicas posteriores, las llamadas post homéricas                        (algunas de ellas,  más o menos fragmentadas):                        la Odisea, en tragedias de Sófocles y Eurípides,                        en la Eneida de Virgilio-. En ellos se cuenta, por ejemplo                        la muerte a manos de Aquíles de la amazona Pentesilea,                        nada menos que la hija de Ares que juraría no descansar                        hasta dar muerte a Aquíles.</p>
<p class="texto"> Los troyanos quedaron tan desmoralizados                        que pensaron evacuar la ciudad. El Destino quiso que cuando                        Aquíles perseguía a los troyanos hasta las                        mismas puertas de la ciudad, una flecha disparada por Paris                        y guiada por Apolo, su tenaz enemigo, le alcanzara en el                        talón, su único punto vulnerable. Áyax                        Telamón retiró su cadáver del campo                        de batalla y Odiseo rechazó a los troyanos.</p>
<p class="texto"> Los griegos celebraron solemnes honras fúnebres                        en honor de su mejor héroe y su madre, al oír                        los lamentos, acudió, formando con sus lágrimas                        un verdadero río. Se cuenta que después de                        incinerado sus cenizas se mezclaron en la urna con las de                        su amigo Patroclo. Tras la desaparición de su hijo,                        Tetis ofreció sus invulnerables armas al héroe                        griego más valeroso de los que quedaban vivos. (En                        la Pequeña Ilíada se narra el famoso Juicio                        de las armas) Áyax Telamón y Odiseo se disputaron                        la herencia, hasta que una asamblea que fuera Odiseo el                        vencedor con un voto de diferencia. Áyax, sintiéndose                        ultrajado, se volvió loco, corriendo por el campo                        de batalla matando a carneros y cabras, pensando que estaba                        matando a Agamenón, Menelao, y el propio Odiseo.                        Vuelto a su sano juicio, y calibrando la burla que recibiría                        de sus compañeros , se arrojó sobre su espada                        ( regalo del propio Héctor por su valentía)                        Agamenón, al conocer el desgraciado fin, no quiso                        que un suicida recibiera honras fúnebres. Pero Odiseo,                        que mientras vivía había sido un noble rival,                        condescendió, con lo que su pira fue tan grande como                        la del propio Aquíles.</p>
<p class="texto"> <strong>Introducción en Troya del Caballo                        de Madera: destrucción de la ciudadela. </strong>Según                        un oráculo, Troya sería inexpugnable mientras                        los griegos no consiguieran las armas de Heracles en poder                        de Filoctetes, y el  Paladio, una estatua de Atenea,                        que se guardaba en la ciudadela de Troya. Odiseo, junto                        con Diomedes,  disfrazados, consiguieron robar la estatua.                        Odiseo, con engaño, consiguió las flechas,                        el arco y el carcaj maravillosos de Filoctetes. Sintiendo                        lástima de éste, se lo llevó con él                        a Troya, en donde su primera acción en combate, fue                        herir mortalmente a Paris. A éste se lo llevaron                        ante la ninfa Enone, despreciada por Paris, que no le brindó                        su ayuda, contemplando su agonía, y suicidándose                        después.</p>
<p class="texto"> Pero la idea más brillante de Odiseo                        fue la construcción de un enorme caballo de madera                        con la ayuda de Atenea. Este decisivo episodio en la historia                        de la guerra fue narrado magistralmente por el poeta romano                        Virgilio, en su obra La Eneida. En su interior ocultaron                        la flor y nata del ejército griego ( Odiseo, Diomedes,…Áyax                        el Menor,…) y lo abandonaron en la playa – se                        ocultaron en la isla de Ténedos, muy cerca de las                        costas troyanas-, mientras simulaban los demás griegos                        una retirada y el fin del asedio a Troya.</p>
<p class="texto"> A pesar de las advertencias de algunos adivinos                        como Laocoonte ( sumo sacerdote de Poseidón) o de                        Casandra, hija de Príamo- no creída por el                        castigo infligido por Apolo a que profetizara el futuro                        sin que nadie la creyera-, los troyanos engañados                        por un espía griego, Sinón, deciden introducir                        el caballo en la ciudad. Completamente desprevenidos los                        troyanos pelearon su última batalla. La mayor parte                        de ellos fueron pasados a cuchillo, especialmente hombres,                        niños y viejos; las mujeres, como era costumbre,                        fueron respetadas, salvo las pobres y  viejas. Las                        demás, como Hécuba y Andrómaca, sirvieron                        como esclavas para el vencedor.</p>
<p class="texto">  Los griegos abusaron de la victoria,                        y se hicieron odiosos a los mismos dioses. La profetisa                        Casandra estuvo a punto de ser violada por Áyax el                        Menor, la irritada Atenea castigó tal osadía                        sumergiendo la nave de Áyax cuando regresaba a su                        patria. También tuvieron suerte dispar otros griegos                        al regreso del asedio: Agamenón, asesinado por su                        esposa y el amante de ésta; Menelao y su esposa Helena;                        Odiseo, etc. De entre los troyanos un caudillo, Eneas, logró                        salvarse con su familia – salvo su esposa Creusa- Cuando                        los griegos se marcharon, Eneas y los suyos embarcaron rumbo                        a las costas de Italia con el fin de fundar una nueva Troya,                        y con el unánime beneplácito de los dioses.</p>
<p class="texto">&nbsp;</p>
<p class="texto" align="center">***************************</p>
<p class="texto" align="center"> <strong>Helena </strong></p>
<p class="texto" align="center"> En noche de traición                        y de misterio<br />
cayó en los brazos del recién venido,<br />
y huyeron ambos, sobre el mar dormido,<br />
sacudiendo las bases del imperio.<br />
Fue trágico y fatal el adulterio,<br />
pues la víctima fue, no ya el marido,<br />
sino el flujo de muerte inextinguido<br />
que hizo de Troya un vasto cementerio.<br />
Los ancianos del reino protestaron<br />
la situación extrema y tan aguda<br />
por sólo una mujer que nunca vieron.<br />
Cuando ella apareció, tal la admiraron<br />
que se desvaneció al punto la duda,<br />
y aceptaron la guerra que opusieron.</p>
<p class="texto" align="center"> <strong>Francisco Alvarez Hidalgo</strong><br />
Los Angeles, 30 de Julio de 1997
</p>
<p class="texto"><font class="mf1" color="black"><span class="link"></span></font></p>
<p class="link" align="right"><span class="texto"><strong><br />
</strong></span></p>
]]></content:encoded>
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		<title>El origen de las luciérnagas</title>
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		<pubDate>Tue, 26 Feb 2008 20:02:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Leyendas]]></category>
		<category><![CDATA[guarani]]></category>
		<category><![CDATA[Isondú]]></category>
		<category><![CDATA[luciérnaga]]></category>

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		<description><![CDATA[

Isondú era el hombre más hermoso entre los guaraníes: el más alto, el más fuerte, el más hábil. Había que verlo disparando una flecha, remando en la canoa, bailando en las ceremonias de los payés.
Cuando era chico, no había madre en su tevy que, al verlo reírse, no le hiciera una caricia y, cuando le [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.larevista.turemanso.com.ar/wp-content/uploads/2008/02/verano_porteno2.jpg" title="Pintura de Marcelo Soares Leguineche"></a></p>
<p style="text-align: center"><a href="http://www.larevista.turemanso.com.ar/wp-content/uploads/2008/02/verano_porteno2.jpg" title="Pintura de Marcelo Soares Leguineche"><img src="http://www.larevista.turemanso.com.ar/wp-content/uploads/2008/02/verano_porteno2.jpg" alt="Pintura de Marcelo Soares Leguineche" border="0" height="188" width="323" /><img src="http://www.larevista.turemanso.com.ar/wp-content/uploads/2008/02/verano_porteno2.jpg" alt="Pintura de Marcelo Soares Leguineche" border="0" height="188" width="323" /></a></p>
<p><font face="verdana, sans-serif" size="2">Isondú era el <span class="l">hombre</span> más hermoso entre los guaraníes: el más alto, el más fuerte, el más hábil. Había que verlo disparando una flecha, remando en la canoa, bailando en las ceremonias de los <a href="/" title="médico hechicero">payés</a>.</font></p>
<p><font face="verdana, sans-serif" size="2">Cuando era chico, no había <span class="l">madre</span> en su <a href="http://www.fuenterrebollo.com/Etnografia/guaranies.html" target="_blank">tevy</a> que, al verlo reírse, no le hiciera una caricia y, cuando le llegó la hora del <a href="http://www.antropos.galeon.com/html/guaranies.htm" title="especie de adorno-amuleto" target="_blank">tembetá</a>  ya había muchas indiecitas que querían casarse con él. A todas les gustaban sus manos diestras, su mirada penetrante y su perfume a madera.</font></p>
<p><font face="verdana, sans-serif" size="2">Junto con el <span class="l">amor</span> que despertó en tantas muchachas, se despertó tam<span class="l">bién</span> la envidia de los <span class="l">hombre</span>s. Los que habían jugado con él sobre las hojas de palmera y más tarde en los claros o en el río ahora le tenían rabia. Por eso prepararon la emboscada.</font></p>
<p><font face="verdana, sans-serif" size="2">A Isondú lo esperaron un atardecer. Temprano habían cavado el pozo en el camino y lo habían disimulado <span class="l">bien;</span> después se sentaron a esperar, y a tomarse la chicha de maíz que habían llevado.</font></p>
<p><span id="more-20"></span><font face="verdana, sans-serif" size="2">Isondú volvía de la aldea vecina, donde tenía parientes. Venía solo, pensando en una chica que había conocido allí, la única muchacha que estaba seguro de <span class="l">poder</span> <span class="l">querer</span>. Sin duda pronto se casaría con ella, ya se la imaginaba junto a él, con el cuerpo adornado con pinturas y una flor &#8211; la orquídea más hermosa que él pudiera encontrar &#8211; en su largo pelo negro. Contento y cansado iba por los caminos de la selva, espantándose los mosquitos de tanto en tanto. A él, tan grande y fuerte, se lo veía pqueño al lado de los árboles inmensos.</font></p>
<p><font face="verdana, sans-serif" size="2">Cuando faltaba poco para llegar a su aldea, empezó a escuchar las risas y los gritos de sus enemigos. Pero no se inquietó, porque era joven, no le tenía miedo a nada y había sido siempre demasiado dichoso como para suponer que se acercaba la desgracia. Cuando escucharon sus pasos, los otros se quedaron callados. De pronto, Isondú tropezó entre unas lianas y cayó en el pozo.</font></p>
<p><font face="verdana, sans-serif" size="2">Los otros salieron enseguida de sus escondites y empezaron a reírse y a burlarse de él:</font></p>
<p><font face="verdana, sans-serif" size="2">- ¡Isondú! ¡Isondú! ¡Te cazamos como a un tapir!</font></p>
<p><font face="verdana, sans-serif" size="2">- A ver, ¿de qué te sirve ahora ser tan valiente?</font></p>
<p><font face="verdana, sans-serif" size="2">- ¡Isondú! ¡Ahí va un anzuelo para que muerdas! ¿O querés que llamemos a tu mamita para que te salve?</font></p>
<p><font face="verdana, sans-serif" size="2">Y mientras tanto le tiraban palitos, frutos y unas bolitas de arcilla dura con las que cazaban ratones y los pájaros.</font></p>
<p><font face="verdana, sans-serif" size="2">Isondú les gritaba:</font></p>
<p><font face="verdana, sans-serif" size="2">- Pero, ¿qué hacen? ¿qué les pasa? ¿qué les hice yo, cobardes? &#8211; Y desde abajo les devolvía los proyectiles.</font></p>
<p><font face="verdana, sans-serif" size="2">Uno de los agresores le contestó:</font></p>
<p><font face="verdana, sans-serif" size="2">Ya vas a ver si somos cobardes. &#8211; Y agarró su maza y le pegó a Isondú en un hombro, en la cabeza, en la espalda&#8230; Los demás se envalentonaron y entre insultos hicieron lo propio: el cuerpo de Isondú se fue llenando de cardenales y de sangre, y allí quedó, acallado, caído sobre un costado en el fondo del pozo.</font></p>
<p><font face="verdana, sans-serif" size="2">En la selva era casi de noche. Los asesinos seguían en el borde de la trampa, paralizados por el miedo. De pronto vieron confusamente que Isondú se movía, que su cuerpo tomaba de a poco la forma de un insecto y que en el lugar de cada herida se encendía una lucecita. Isondú agitó sus alas y salió volando: ya estaba libre.</font></p>
<p><font face="verdana, sans-serif" size="2">Un momento después centenares de Isondúes se dispersaban en la selva, debajo del techo que forman allí los árboles, los helechos y las lianas, iluminando intermitentemente la noche guaraní. Muchos de estos insectos traspusieron los ríos, dejaron atrás la selva y se perdieron en el campo.</font></p>
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		<title>La leyenda de San Valentín</title>
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		<pubDate>Thu, 14 Feb 2008 13:29:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<category><![CDATA[san valentín]]></category>

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La leyenda dice que, en los tiempos cuando                            la religión católica era una novedad,               [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="texto"><a href="http://www.larevista.turemanso.com.ar/wp-content/uploads/2008/02/1.jpg" title="El árbol de almendra, en flor"></p>
<p style="text-align: center"><img src="http://www.larevista.turemanso.com.ar/wp-content/uploads/2008/02/1.jpg" alt="El árbol de almendra, en flor" border="0" height="234" width="310" /></p>
<p></a></p>
<p class="texto">La leyenda dice que, en los tiempos cuando                            la religión católica era una novedad,                            el emperador Claudio II, le prohibió a los soldados                            romanos contraer matrimonio, o involucrarse con mujeres.<br />
Claudio creía que si sus soldados se casaban,                            iban a querer quedarse en casa con sus mujeres y familias                            en lugar de participar en guerras. El cura Valentino                            desafió esta orden y casó a varios soldados                            del emperador. Por esto, Valentín fue arrestado                            y condenado a muerte.<br />
Durante las últimas semanas de su vida, algo                            impresionante sucedió. El carcelero, habiendo                            visto que Valentino era un hombre de letras, pidió                            permiso para traer a su hija, Julia, a recibir lecciones                            de Valentino.</p>
<p class="texto">Julia, quien había sido ciega desde                            su nacimiento, era una joven preciosa y de mente ágil.                            Valentino le leyó cuentos de la historia romana,                            le enseñó aritmética y le habló                            de Dios. Ella vió el mundo a través de                            los ojos de Valentino, confió en su sabiduría                            y encontró apoyo en su tranquila fortaleza.<br />
<em> &#8220;¿Valentino, es verdad que Dios escucha                            nuestras oraciones?&#8221; </em>Julia le preguntó un                            día. <em>&#8220;Si, mi niña. El escucha todas                            y cada una de nuestra oraciones,&#8221;</em> le respondió                            Valentino. <em>&#8220;¿Sabes lo que le pido a Dios                            cada noche y cada mañana? Yo rezo porque pueda                            ver. Tengo grandes deseos de ver todo lo que me has                            contado!&#8221;</em> Valentino le contestó, <em>&#8220;Dios                            siempre hace lo mejor para nosotros, si creemos en El.&#8221;</em>                            <em>&#8220;Oh, Valentino, yo si creo en Dios&#8221;</em>, dijo                            Julia con mucha intensidad. <strong>&#8220;Yo creo&#8221;</strong> Ella                            se arrodilló y apretó la mano de Valentino.</p>
<p class="texto">Se sentaron juntos, cada uno en oración. Depronto,                            una luz brillante iluminó la celda de la prisión.                            Radiante, Julia exclamó, <em>&#8220;Valentino, puedo                            ver, puedo ver!&#8221;</em> <em>&#8220;Gloria a Dios!&#8221;</em> exclamó                            Valentino.<br />
En la víspera de su muerte, Valentino le escribió                            una última carta a Julia pidiéndole que                            se mantuviera cerca de Dios y la firmó <em>&#8220;de tu Valentino&#8221;</em>.
</p>
<p class="texto">Valentino fué ejecutado el                            día siguiente, el 14 de febrero del año                            270, cerca de una puerta que más tarde fuera                            nombrada Puerta de Valentino para honrar su memoria.                            Fué enterrado en la que es hoy la <a href="http://www.sacred-destinations.com/italy/rome-santa-prassede.htm" target="_blank">Iglesia de                            Praxedes</a> en Roma. Cuenta la leyenda que Julia plantó                            un Almendro de flores rosadas junto a su tumba.</p>
<p class="texto">Hoy,                            el <em>árbol de almendras</em> es un símbolo de                            amor y amistad duraderos. En cada 14 de febrero, el                            día de San Valentín, mensajes de afecto,                            amor y devoción son intercambiados alrededor                            del mundo.</p>
<p class="texto"><strong>Valentino sabía que el amor hace más                            fuerte y determinad</strong><strong>o al ser humano.</strong></p>
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