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	<title>Blush &#124; Fiat Lux &#187; Argentina</title>
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	<description>Revista digital de cultura y humanidades</description>
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		<title>Mañanas vacías</title>
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		<pubDate>Wed, 19 Dec 2007 21:15:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Vida de perros]]></category>
		<category><![CDATA[Argentina]]></category>
		<category><![CDATA[Malvinas]]></category>

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Lo único que no me gustaba del lugar,  era el persistente viento. La temperatura era siempre baja, pero  soportable, quizás por mi pelaje, propio de razas de zonas frías.
Por lo demás, mis días transcurrían  en una rutina plácida y atractiva. Paseos disfrutando la tibieza del  sol cuando había, excursiones en busca [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="hide">&nbsp;</p>
<p>Lo único que no me gustaba del lugar,  era el persistente viento. La temperatura era siempre baja, pero  soportable, quizás por mi pelaje, propio de razas de zonas frías.</p>
<p>Por lo demás, mis días transcurrían  en una rutina plácida y atractiva. Paseos disfrutando la tibieza del  sol cuando había, excursiones en busca de algún manjar olvidado, siestas  reparadoras en lugares protegidos del viento, participación en los  juegos de los niños.<a href="http://www.larevista.turemanso.com.ar/wp-content/uploads/2007/12/perrito.jpg" title="Don Perro"><img src="http://www.larevista.turemanso.com.ar/wp-content/uploads/2007/12/perrito.thumbnail.jpg" alt="Don Perro" align="right" border="0" hspace="9" vspace="0" /></a></p>
<p>De tanto en tanto, alguien me adoptaba  temporariamente y así recibía además, una dosis de ternura y cariño.</p>
<p>Así transcurría mi vida en aquel <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Guerra_de_las_Malvinas" title="Islas Malvinas" target="_blank">año  de 1982 en las lejanas islas</a>.</p>
<p>Aquella mañana de abril, un inusitado  movimiento acompañado de gritos, ruidos extraños y vehículos marchando  me despertó.</p>
<p><span id="more-14"></span>Mis ocasionales amigos, con quienes compartíamos  un rincón de una vieja casa semiderruida, ya se habían despertado  y comentaban que había mucha gente extraña y con raros aparatos en  las manos.</p>
<p>Me desperecé rápidamente y troté hacia  la casa de Frankie, un humano joven que a menudo me daba de comer y  algunas caricias.</p>
<p>Allí todo era exaltación y movimientos.</p>
<p>- Nos invadieron tropas argentinas,    oí que decían.</p>
<p>- Pero no puede ser, murmuraba    la madre de Frankie, mientras comenzaba a desenrollar su rosario.</p>
<p>- Pues así lo dice toda la    gente de la ciudad mamá, contestó Frankie.</p>
<p>Las horas fueron pasando, en una mezcla  de incertidumbre y temor.</p>
<p>A la tarde, ya todos sabíamos que el  ejército argentino había decidido tomar las islas porque, según ellos,  eran suyas desde tiempos inmemoriales.</p>
<p>Mi vida no varió mucho en esos días.  Solamente debí acostumbrarme a ver caras extrañas y recibir algunas  caricias y también patadas nuevas.</p>
<p>Por las noches, echado bajo la mesa donde  Frankie y sus amigos compartían una charla, oía que los isleños comentaban  la próxima llegada de su ejército que los liberaría de esa situación  incómoda.</p>
<p>Frankie seguía estudiando y cuando podía,  me acercaba algún hueso acompañado de caricias.</p>
<p>Y el día llegó&#8230; Con gran estruendo  de aviones, bombas y disparos comenzó el combate.</p>
<p>A Frankie lo veía menos.. Sólo algunos  momentos por las tardes, cuando salía a dejarme comida y charlaba unos  pocos minutos conmigo.</p>
<p>Una mañana, mientras ambulaba por las  calles del pueblo, un soldado argentino me llamó y comenzó a acariciarme  y a hablarme.</p>
<p>Me dijo que se llamaba Francisco, y que  allá, en su lejano pueblo, tenia un perro muy parecido a mi.</p>
<p>Lo sentí sincero y afectuoso.</p>
<p>Desde ese momento, todas las mañanas  trataba de ubicarlo para recibir mi cuota diaria de caricias.</p>
<p>Y por las tardes, Frankie completaba  este ritual.</p>
<p>En medio de una guerra, me sentía casi  feliz&#8230; tenía dos amigos que me apreciaban y hasta podría decir que  eran parecidos uno a otro.</p>
<p>Frankie era más melancólico, Francisco  más extrovertido, pero ambos eran jovencísimos y tenían sueños y  proyectos.</p>
<p>Francisco quería estudiar Medicina y  Frankie se sentía atraído por las letras y las artes.</p>
<p>Francisco había dejado una novia en  su tierra natal, una hermosa jovencita llamada Verónica,  de la  que siempre llevaba una fotografía en sus bolsillos,  mientras  que Frankie, amaba secretamente a  su vecina,  Susan, pero  su carácter tímido le impedía hablarle.</p>
<p>Pasaron algunos días así, en una situación  indefinida. Yo de guerras no entendía mucho, pero me sentía contento  de haber encontrado dos buenos amigos.</p>
<p>Una mañana, temprano, grandes explosiones  me despertaron y mirando por un hueco que había en el galpón donde  dormía, vi un resplandor vivísimo en el horizonte.</p>
<p>Inmediatamente oí corridas, gritos y  órdenes militares por todos lados.</p>
<p>Tímidamente me asomé y vi que Francisco  y sus compañeros, salían corriendo,  cargando pesadas mochilas  y un arma en los brazos. Sus rostros expresaban angustia y miedo.</p>
<p>Todo ese día fue así&#8230; explosiones  fortísimas, aviones pasando muy bajo, gritos de dolor, voces de mando.</p>
<p>Frankie pasó esas horas estudiando,  o por lo menos aparentando estudiar, pues a la tarde, cuando fui a buscarlo,  lo vi abstraído, con la mirada perdida en el horizonte. Seguramente  pensaba en su vecina, o quizás en la absurda situación por la que  se vivía en ese momento.</p>
<p>Sus caricias fueron más afectuosas que  de costumbre aquella tarde. También me premió con un caramelo.</p>
<p>Al anochecer, vi que los soldados argentinos  regresaban cansados y sucios. No vi a Francisco, pero la noche cerró  rápidamente y el movimiento era inusualmente grande.</p>
<p>Las luces se apagaron rápidamente aquella  noche y no me quedó otra solución  que refugiarme en mi galpón  tratando de  protegerme del excesivo frío de aquel mayo de 1982</p>
<p>A medianoche me despertó el sonido tristísimo  de una armónica. Sería aquel amigo de Francisco que llevaba una y  solía divertir a sus compañeros con sus canciones?. La melodía era  muy triste y al poco tiempo se hizo silencio total.</p>
<p>Por la mañana, me costó levantarme.  El sol era tenue y la neblina cubría el lugar con un espeso manto blanco.</p>
<p>Me sacudí rápidamente y partí buscando  a Francisco.</p>
<p>Toda aquella mañana lo busqué&#8230; infructuosamente.</p>
<p>Vi a su compañero, el de la armónica,  con una cara tan sombría que me sorprendió, puesto que era muy alegre.</p>
<p>Ambulé por trincheras y barracones,  por casas y campos, pero no pude dar con Francisco.</p>
<p>Por la tarde, percibí que Frankie también  estaba más triste y apenado que de costumbre. Si bien su carácter  era más reservado y melancólico, su expresión me decía que pasaba  por un momento especial y triste.</p>
<p>Siguieron otras mañanas de infructuosa  búsqueda de Francisco.</p>
<p>En una de ellas vi, junto a una cruz  de madera, la placa que mi amigo llevaba siempre colgada al cuello,  y a su lado la fotografía  de Verónica. Aquella tarde,   vi a Frankie paseando  de la mano de Susan</p>
<p>Desde aquel día, mis mañanas estuvieron  siempre vacías.</p>
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