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	<title>Blush &#124; Fiat Lux &#187; biografías</title>
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	<description>Revista digital de cultura y humanidades</description>
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		<title>Giordano Bruno</title>
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		<pubDate>Wed, 29 Oct 2008 16:20:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pensadores]]></category>
		<category><![CDATA[biografías]]></category>
		<category><![CDATA[teorías cientificas]]></category>

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		<description><![CDATA[¡Ah!...Prefiero mil veces mi muerte a vuestra suerte;
morir como yo muero...no es una muerte ¡no!
Morir así es la vida; vuestro vivir, la muerte
Por eso habrá quien triunfe, y no es Roma ¡Soy Yo!
Decid a vuestro Papa, vuestro señor y dueño,
Decidle que a la muerte me entrego como un sueño,
porque es la muerte un sueño, que nos conduce a Dios...
Más no a ese Dios siniestro, con vicios y pasiones
que al hombre da la vida y al par su maldición,
Sino a ese Dios-Idea, que en mil evoluciones
da a la materia forma, y vida a la creación.
No al Dios de las batallas, sí al Dios del pensamiento,
al Dios de la conciencia, al Dios que vive en mí,
Al Dios que anima el fuego, la luz, la tierra, el viento,
Al Dios de las bondades, no al Dios de ira sin fin.
Decidle que diez años, con fiebre, con delirio,
Con hambre, no pudieron mi voluntad quebrar,
Que niegue Pedro al Maestro Jesús, que a mí ante el martirio,
de la verdad que sepa, no me haréis apostatar.
]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote>
<p class="texto" style="text-align: right;">&#8220;No hay muerte, pero tampoco permanencia de las individualidades numéricas. Sólo permanece la sustancia única (la materia-alma universal) mutándose en nuevas individualidades. &#8221;<br />
&#8220;&#8230; en cada hombre, en cada individuo, se contempla un mundo, un universo;&#8230; &#8221;<br />
<strong>Giordano Bruno</strong></p>
</blockquote>
<p class="texto">
<p class="texto">
<p class="texto"><a href="http://revistablush.com.ar/wp-content/uploads/2008/09/geordano-bruno.jpg"><img class="alignleft alignnone size-medium wp-image-88" style="border: 0pt none; margin: 9px; float: left;" title="geordano-bruno" src="http://revistablush.com.ar/wp-content/uploads/2008/09/geordano-bruno.jpg" alt="" width="283" height="298" /></a><span class="titulo">F</span>ilósofo                        y poeta renacentista italiano cuya dramática muerte                        dio un especial significado a su obra.</p>
<p class="texto">Había nacido                        Bruno en Nola, cerca de Nápoles. Su nombre de pila                        era Filippo, pero adoptó el de Giordano al ingresar                        en la orden de predicadores; con estos frailes estudió                        la filosofía aristotélica y la teología                        tomista. Pensador independiente de espíritu atormentado,                        abandonó la orden en 1576 para evitar un juicio en                        el que se le acusaba de desviaciones doctrinales e inició                        una vida errante que le caracterizaría hasta el final                        de sus días.</p>
<p class="texto">Visitó Génova, Toulouse, París                        y Londres, donde residió dos años, desde 1583                        hasta 1585, bajo la protección del embajador francés                        y frecuentando el círculo del poeta inglés                        sir Philip Sidney. Fue el periodo más productivo                        de su vida ya que durante estos años escribió                        La cena de las cenizas (1584) y Del Universo infinito y                        los mundos (1584), así como el diálogo Sobre                        la causa, el principio y el uno (1584). En otro poético                        diálogo, Los furores heroicos (1585), ensalza                        una especie de amor platónico que lleva al alma hacia                        Dios a través de la sabiduría.</p>
<p class="texto">En 1585 Bruno volvió a París,                        y viajó después a Marburgo, Wittenberg, Praga,                        Helmstedt y Frankfurt, donde pudo arreglárselas para                        imprimir la mayor parte de sus obras. Por invitación                        del noble veneciano, Giovanni Moncenigo, que se erigió                        en su tutor y valedor privado, Bruno volvió a Italia.</p>
<p class="texto">En 1592, sin embargo, Moncenigo denunció                        a Bruno ante la Inquisición que le acusó de                        herejía. Fue llevado ante las autoridades romanas                        y encarcelado durante más de ocho años mientras                        se preparaba un proceso donde se le acusaba de blasfemo,                        de conducta inmoral y de hereje. Bruno se negó a                        retractarse y en consecuencia fue quemado en una pira levantada                        en Campo dei Fiori el 17 de febrero del año 1600.</p>
<p class="texto">En el siglo XIX se erigió una estatua                        dedicada a la libertad de pensamiento en el lugar donde                        tuvo lugar el martirio. Las teorías filosóficas                        de Bruno combinan y mezclan un místico neoplatonismo                        y el panteísmo.</p>
<p class="texto">Creía que el universo es infinito,                        que Dios es el alma del universo y que las cosas materiales                        no son más que manifestaciones de un único                        principio infinito. Bruno es considerado como un precursor                        de la filosofía moderna por su influencia en las                        doctrinas del filósofo holandés Baruch Spinoza                        y por su anticipación del monismo del siglo XVII.</p>
<p class="texto">En el año 2000 <a href="http://www.elmundo.es/2000/02/20/sociedad/20N0063.html" target="_blank">el Vaticano lamenta su muerte</a> mas no habilita su&#8221;doctrina&#8221;</p>
<p class="texto">
<p class="texto"><strong>Giordano Bruno a sus verdugos<br />
</strong><br />
Decid, ¿cúal es mi crimen? ¿lo sospecháis siquiera?<br />
Y me acusais, ¡sabiendo que nunca delinquí!<br />
Quemadme, que mañana, donde encendais la hoguera,<br />
Levantará la historia una estatua para mí.<br />
Yo sé que me condena vuestra demencia suma,<br />
¿Por qué?&#8230;Porque las luces busqué de la verdad,<br />
No en vuestra falsa ciencia que el pensamiento abruma<br />
Con dogmas y con mitos robados a otra edad,<br />
Sino en el libro eterno del Universo mundo,<br />
que encierra entre sus folios de inmensa duración;<br />
los gérmenes benditos de un porvenir fecundo,<br />
basado en la justicia, fundado en la razón.<br />
Y bien, sabéis que el hombre, si busca en su conciencia,<br />
la causa de las causas, el último por qué<br />
ha de trocar muy pronto, la Biblia por la ciencia,<br />
los templos por la escuela, la razón por la fé.<br />
Yo se que esto os asusta, como os asusta todo<br />
todo lo grande , y quisierais poderme desmentir.<br />
Más aún, vuestras conciencias, hundidas en el lodo<br />
de un servilismo que hace de lástima gemir&#8230;<br />
Aún allá, en el fondo, bien saben que la idea,<br />
es intangible, eterna,divina, inmaterial&#8230;<br />
Que no es ella el Dios y la religión vuestra<br />
Sino la que forma con sus cambios , la historia universal.<br />
Que es ella la que saca la vida del osario<br />
la que convierte al hombre, de polvo, en creador,<br />
la que escribió con sangre la escena del calvario,<br />
después de haber escrito con luz, la de Tabor.<br />
Más sois siempre los mismos, los viejos fariseos,<br />
Los que oran y se postran donde los puedan ver,<br />
fingiendo fé, sois falsos llamando a Dios, ateos<br />
¡chacales que un cadáver buscáis para roer!&#8230;<br />
¿Cúal es vuestra doctrina? Tejido de patrañas,<br />
vuestra ortodoxia, embuste;vuestro patriarca, un rey;<br />
leyenda vuestra historia, fantástica y extraña.<br />
Vuestra razón la fuerza; y el oro vuestra ley.<br />
Tenéis todos los vicios que antaño los gentiles<br />
Tenéis la bacanales, su pérfida maldad;<br />
como ellos sois farsantes, hipócritas y viles<br />
Queréis, como quisieron, matar a la verdad;<br />
Más&#8230;¡Vano vuestro empeño!&#8230;Si en esto vence alguno;<br />
soy yo porque la historia dirá en lo porvenir;<br />
&#8220;Respeto a los que mueren como muriera Bruno&#8221;<br />
Y en cambio vuestros nombres&#8230;¿Quién los podrá decir?</p>
<p>¡Ah!&#8230;Prefiero mil veces mi muerte a vuestra suerte;<br />
Morir como yo muero&#8230;no es una muerte ¡no!<br />
Morir así es la vida; vuestro vivir, la muerte<br />
Por eso habrá quien triunfe, y no es Roma ¡ Soy Yo!<br />
Decid a vuestro Papa, vuestro señor y dueño,<br />
Decidle que a la muerte me entrego como un sueño,<br />
porque es la muerte un sueño, que nos conduce a Dios&#8230;<br />
Más no a ese Dios siniestro, con vicios y pasiones<br />
que al hombre da la vida y al par su maldición,<br />
Sino a ese Dios-Idea, que en mil evoluciones<br />
da a la materia forma, y vida a la creación.<br />
No al Dios de las batallas, sí al Dios del pensamiento,<br />
al Dios de la conciencia, al Dios que vive en mí,<br />
Al Dios que anima el fuego,la luz, la tierra, el viento,<br />
Al Dios de las bondades, no al Dios de ira sin fin.<br />
Decidle que diez años, con fiebre, con delirio,<br />
Con hambre, no pudieron mi voluntad quebrar,<br />
Que niegue Pedro al Maestro Jesús, que a mí ante el martirio,<br />
de la verdad que sepa , no me haréis apostatar.<br />
¡Más basta!&#8230;¡Yo os aguardo! Dad fin a vuestra obra,<br />
¡Cobardes! ¿Qué os detiene?&#8230;¿Teméis al porvenir?<br />
¡Ah!&#8230;Tembláis&#8230;Es porque os falta la fé que a mi me sobra&#8230;<br />
Miradme&#8230;Yo no tiemblo&#8230;¡Y soy quien va a morir!&#8230;</p>
<p><span style="font-weight: bold; color: #ff9900;"><br />
</span></p>
<h3 class="texto">Para seguir aprendiendo<a href="http://asv.vatican.va/es/doc/1597.htm" target="_blank"></a></h3>
<p class="texto"><a href="http://asv.vatican.va/es/doc/1597.htm" target="_blank">Sumario del proceso contra Giordano Brunn</a> (en el Archivo Secreto del vaticano)</p>
<p class="texto"><a href="http://es.wikiquote.org/wiki/Giordano_Bruno" target="_blank">Frases y citas</a></p>
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		<item>
		<title>Michael Foucault: saber y poder</title>
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		<pubDate>Wed, 15 Oct 2008 16:19:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<category><![CDATA[filosofía]]></category>
		<category><![CDATA[Foucault]]></category>
		<category><![CDATA[poder]]></category>

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		<description><![CDATA[Cuando leí por primera vez a Michael Foucault sentí que algo nacía en mí: una nueva mirada sobre la cotidianeidad.

En principio me alegró compartir su preocupación por explicitar los aspectos más ocultos del poder y los hilos "invisibles" que unen las diversas instituciones humanas: la escuela, el hospital, la milicia, el lenguaje, el conocimiento, la sexualidad. Sus investigaciones sobre el saber, el poder y el sujeto nos han abierto nuevas perspectivas de observación. Y si bien sus planteos tienden a la negatividad y a la inexorabilidad, creo que es una buena aproximación al universo que "no miramos". Como diría un dicho, si quieres que algo permanezca oculto, ponlo a la vista de todos.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="texto"><img class="alignleft" style="border: 0pt none; margin: 9px; float: left;" src="http://www.evergreenterrace.info/IMAGES/foucault-reading.jpg" alt="" width="302" height="265" /><em>Cuando leí por primera vez a Michael Foucault sentí que algo nacía en mí: una nueva mirada sobre la cotidianeidad.</em></p>
<p class="texto"><em> En principio me alegró compartir su preocupación por explicitar los aspectos más ocultos del poder y los hilos &#8220;invisibles&#8221; que unen las diversas instituciones humanas: la escuela, el hospital, la milicia, el lenguaje, el conocimiento, la sexualidad. Sus investigaciones sobre el saber, el poder y el sujeto nos han abierto nuevas perspectivas de observación. Y si bien sus planteos tienden a la negatividad y a la inexorabilidad, creo que es una buena aproximación al universo que &#8220;no miramos&#8221;. Como diría un dicho, si quieres que algo permanezca oculto, ponlo a la vista de todos.<br />
</em></p>
<p class="texto">
<h3 class="texto"><em>¿Quién fue Foucault?<br />
</em></h3>
<p class="texto">Nació el 15 de octubre de 1926 en                        Poitiers en el seno de una familia de médicos.</p>
<p class="texto">Cursó estudios de filosofía                        occidental y psicología en la École Normale                        Supérieure de París y se graduó presentando                        una tesis sobre <strong>historia de la locura en la época                        clásica</strong> que se publicó en 1962.</p>
<p class="texto">En los años 60, dirigió los                        departamentos de filosofía de las Universidades de                        Clermont-Ferrand y Vincennes. Participó junto con                        los estudiantes en las protestas y manifestaciones de mayo                        del &#8216;68 y, posteriormente, formó parte de una comisión                        para la defensa de la vida y de los derechos de los inmigrantes.                        En el año 1970 fue profesor de Historia de los Sistemas                        de Pensamiento.</p>
<p class="texto">Las principales influencias en su pensamiento                        fueron los filósofos alemanes <strong>Friedrich Nietzsche                        y Martin Heidegger</strong>. Como filósofo se adscribe                        al estructuralismo. Sus estudios pusieron en tela de juicio                        la influencia del filósofo político alemán                        Karl Marx y del psicoanalista austriaco Sigmund Freud.</p>
<h3>Su pensamiento</h3>
<p>Se desarrolló en tres                        etapas:</p>
<p class="texto">1) El libro <strong>Locura y civilización</strong> (1960), lo escribió mientras era rector en la Universidad                        de Uppsala, en Suecia, estudia, a través de la modificación                        del concepto de “locura” y de la oposición                        entre razón y locura que se establece a partir del                        siglo XVII, la necesidad que tienen todas las culturas de                        definir lo que las limita, es decir, lo que queda fuera                        de ellas mismas.</p>
<p class="texto">2) En <strong>Las palabras y las cosas</strong> (1966), que lleva como subtítulo <em>Arqueología                        de las ciencias humanas</em>, dice que todas las ciencias                        que tienen como objeto el ser humano son producto de mutaciones                        históricas que reorganizan el saber anterior, recreando                        un conjunto epistemológico que define en todos los                        dominios los límites y las condiciones de su desarrollo.</p>
<p class="texto">3) Comenzó con la publicación                        de <strong>Vigilar y castigar</strong>, en 1975, donde se                        preguntaba si el encarcelamiento era un castigo más                        humano que la tortura. Sin embargo, leyendo con detenimiento                        observamos que el verdadero interés de Foucault era                        ocuparse de desenmascarar la forma en que la sociedad ordena                        y controla a los individuos, adiestrando sus cuerpos y sus                        mentes. Reflota el concepto del panóptico, desde                        una perspectiva que gira en torno al poder&#8230; y se anticipa                        a la visión de lo que hoy en día es Big Brother,                        u otros reality show.</p>
<p class="texto">Murió en París, Francia, el                        25 de junio de 1984.</p>
<h3>Para seguir curioseando</h3>
<p class="texto"><a href="http://www.observacionesfilosoficas.net/focault35435.htm" target="_blank">Foucault: poderes-saberes, disciplinamientos y sexualidades</a></p>
<p class="texto"><a href="http://www.psikeba.com.ar/articulos/AVR_Foucault_Los_Anormales.htm" target="_blank">Los anormales, una genealogía de lo monstruoso</a></p>
<p class="texto">Una interesante propuesta de interiorización de las vivencias en prisión, desde la narración.</p>
<p class="texto">Un <span>video realizado por Juan Antonio Cerezuela Zaplana. </span></p>
<p class="texto"><object classid="clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000" width="350" height="288" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"><param name="src" value="http://www.youtube.com/v/uZwZlXDUyTM" /><embed type="application/x-shockwave-flash" width="350" height="288" src="http://www.youtube.com/v/uZwZlXDUyTM"></embed></object></p>
<p class="texto">
<p class="texto">
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		</item>
		<item>
		<title>Un hombre de acción: vida y obra de DF Sarmiento</title>
		<link>http://revistablush.com.ar/2008/09/un-hombre-de-accion-vida-y-obra-de-df-sarmiento/</link>
		<comments>http://revistablush.com.ar/2008/09/un-hombre-de-accion-vida-y-obra-de-df-sarmiento/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 11 Sep 2008 10:01:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pensadores]]></category>
		<category><![CDATA[biografías]]></category>
		<category><![CDATA[Sarmiento]]></category>

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		<description><![CDATA[ En 1845, cuando Sarmiento tenía 34 años, algunos acontecimientos influyeron de manera decisiva en su actuación pública. Ese año publicó en "El Progreso" -en forma de folletín-, "Civilización y Barbarie. Vida de Juan Facundo Quiroga y aspecto físico, costumbres y hábitos de la República Argentina". Con el tiempo, se convirtió en su obra más conocida. También editó su "Método gradual de enseñar a leer el castellano" y "General Fray Félix Aldao, gobernador de Mendoza".

Ese mismo año, Manuel Montt, ministro de Instrucción Pública de Chile -bajo la presidencia de Manuel Bulnes-, le encargó el estudio de los sistemas educativos y las políticas migratorias de EE.UU y Europa. Sarmiento volcó sus impresiones en "Viajes por Europa, Africa y América, 1845-1847": cartas editadas en dos volúmenes entre 1849 y 1851. Recorrió el mundo en dos años: visitó Uruguay, Brasil, Francia, España, Argel, Italia, Alemania, Suiza, Inglaterra, EE.UU, Canadá y Cuba.

A fines de 1845 conoció en Montevideo a Esteban Echeverría el ideólogo de la Generación del 37. En Uruguay también encontró a Bartolomé Mitre y a Florencio Varela. De allí viajó a Brasil. Se contactó con José Mármol en Río de Janeiro, y desde esa ciudad se trasladó a Europa.

En Gran Bourg, Francia, visitó al general José de San Martín por 1846. Sarmiento tenía 35 años y San Martín 68. Un año después, en los EE.UU, conoció a un destacado educador norteamericano, secretario del Consejo de Instrucción Pública de Massachusetts, Horace Mann y a su esposa Mary. Ellos influirían significativamente en sus proyectos educativos.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="texto"><a href="http://revistablush.com.ar/wp-content/uploads/2008/09/sarmiento-222.jpg"><img class="alignleft alignnone size-medium wp-image-84" style="border: 0pt none; margin: 9px; float: left;" title="Domingo Faustino Sarmiento" src="http://revistablush.com.ar/wp-content/uploads/2008/09/sarmiento-222-298x300.jpg" alt="" width="298" height="300" /></a>Nació el 14 de febrero de 1811 en                        San Juan, Argentina. Hijo de José Clemente Sarmiento                        y Paula Albarracín.</p>
<p class="texto">Tuvo una formación autodidacta.                        Durante la Guerra Civil -que asoló a las Provincias                        Unidas del Río de la Plata a finales de la década                        de 1820- combatió en el bando liberal, y cuando Juan                        Manuel de Rosas estableció su dictadura en 1835,                        partió como exiliado a Chile. En este país                        trabajó como periodista y profesor, y fue allí                        donde publicó “Facundo, civilización                        y barbarie” (1845), contra el régimen del “Reformador”.                        En 1842 comenzó a ejercer como director de la importante                        Escuela Normal de Preceptores en Santiago y, tres años                        más tarde, el gobierno chileno le envió a                        Europa y Estados Unidos para estudiar sus sistemas educativos.                        Tras la caída de Rosas en 1852, regresó a                        su país. Lo llamaron &#8220;chinito petulante&#8221;                        y, él los definió como una &#8220;oligarquía                        con olor a bosta de vaca”. Ministro plenipotenciario                        de la República Argentina (proclamada en 1862) en                        Estados Unidos, desde 1864 hasta 1868; al final de su ejercicio                        fue elegido presidente de la República. Su administración                        fue enérgica y progresista, extendió el comercio,                        mejoró el transporte, favoreció la inmigración                        y fomentó la enseñanza.</p>
<p class="texto">Cuando acabó su época presidencial,                        volvió a enseñar. Como director de escuelas                        en Buenos Aires, reorganizó el sistema escolar. Entre                        sus escritos destacan: “Conflictos y armonías                        de las razas en América” (1883), “La vida                        de Dominguito” (1885), dedicado a su hijo muerto en                        la Guerra del Paraguay. En 1885 fundó “El Censor”                        y se opuso a la candidatura de Miguel Juárez Celman.</p>
<p class="texto">Murió del corazón en Asunción,                        a los 77 años, la madrugada del 11 de setiembre,                        en el Cancha Hotel. Cerca estaba Aurelia Vélez Sarsfield,                        su gran amor desde 1865. Fue embalsamado y amortajado con                        las banderas argentina, chilena, paraguaya y uruguaya.</p>
<p class="texto">
<p class="texto" align="left"><strong><span class="titulo">Arte y                        ciencia, los amores de Sarmiento</span></strong></p>
<p class="texto" align="left">Sarmiento fue un aficionado                        al dibujo desde su infancia. Después, su temperamento                        inquieto lo dejó sin tiempo para estudiarlo. Sin                        embargo, nunca dejó de interesarse por la pintura                        y de alentar a los artistas, a quienes ayudó en todo                        momento. La historia le reconoce ser el principal promotor                        del movimiento plástico que surgió en San                        Juan a partir de 1840. La mayoría de aquellos artistas                        fueron mujeres que habían comenzado a adquirir sus                        habilidades en una escuela fundada por el mismo Sarmiento:                        “el Colegio de Santa Rosa”.</p>
<p class="texto" align="left">Algunos de los pintores que                        integraron el movimiento sanjuanino fueron Benjamín                        Franklin Rawson, Gregorio Torres, Procesa Sarmiento (su                        hermana) y Ataliva Lima.</p>
<p class="texto" align="left">Sarmiento no sólo se                        ocupó de las artes plásticas en San Juan sino                        que, siendo presidente de la República, fomentó                        los cursos de pintura que daba el profesor veneciano Aguyari.                        Y hasta tuvo la intención de crear la Academia y                        el Museo de Bellas Artes, sin que le alcanzara el tiempo                        de su período de gobierno para conseguirlo.</p>
<p class="texto" align="left">Entre sus amigos contó                        a algunos pintores de reconocido prestigio, como los franceses                        Amadeo Gras, Monvoisin y el alemán Mauricio Rugendas.                        Esta afición por la pintura fue compartida por su                        familia ya que, además de su hermana Procesa, también                        su nieta Eugenia Belín se dedicó a la pintura.</p>
<p class="texto" align="left">El autor de &#8220;Facundo&#8221;                        fue también un decidido promotor de la ciencia y                        de la divulgación del conocimiento científico,                        el que consideraba fundamental para poder desarrollar el                        país. Con esta idea en mente, trajo desde el exterior                        al naturalista Germán Burmeister y al astrónomo                        norteamericano Benjamín Arpthorp Gould. A este último                        lo puso al frente del Observatorio de Córdoba, que                        recientemente había creado. También apoyó                        el trabajo de los sabios locales, como el del paleontólogo                        Florentino Ameghino. Y brindó conferencias en las                        que confesó su admiración por el inglés                        Charles Darwin, padre de la Teoría de la Evolución.</p>
<p class="texto" align="left"><strong><span class="titulo">El método                        de la lectura gradual de Sarmiento </span></strong></p>
<p class="texto" align="left">Con el final de 1882 llega                        a Buenos Aires una nueva edición del Método                        de Lectura Gradual creado por Domingo Faustino Sarmiento                        casi cuatro décadas atrás, cuando residía                        en Chile. El volumen -de apenas 64 páginas- fue impreso                        en Bélgica por orden de la librería de Ch.                        Bouret, de París, con sucursal en México.                        Se vende por miles en Chile y en otras naciones hispanoamericanas.                        En Argentina las preferencias- se inclinan por la Anagnosia,                        de Marcos Sastre.</p>
<p class="texto" align="left">Años atrás, Sarmiento                        dio razones de la poca circulación que su obra tuvo                        en el país: &#8220;Para hacer conocer sus ventajas-                        escribió en 1875 a Miguel Uliarte- era necesario                        recomendarlo al público, o introducirlo autoritariamente                        en las escuelas. Pero sucedía que el autor era jefe                        del Departamento de Escuelas de Buenos Aires y (como) había                        otros métodos de uso, debió considerar impropio,                        y acaso incompatible con sus funciones, preconizar su propia                        obra o hacerla adoptar&#8221; Agregó que &#8220;requería                        además, que los maestros adoptasen una nomenclatura                        artificial o técnica en el nombre que se da a las                        letras del alfabeto, llamándolas be, ce, de, fe,                        me, ne, etc y maestros tomados de aquí y de allá                        no están siempre dispuestos a oir razón, haciendo                        suyos los nombres usuales de efe, hache, jota, etc, que                        tanto embarazan y confunden a los niños.</p>
<p class="texto" align="left">Nuestros escolares de hoy bendecirían                        a quien les permitiera escribir como proponía Sarmiento.                        Así, por ejemplo: ¿Qe gusto tendrá                        el pan echo con esta arina falsificada?. O así: El                        año se compone de trescientos sesenta i cinco días                        i seis oras, qe al cabo de cuatro años acen un día                        entero.</p>
<p class="texto" align="left">Tras analizar el Método                        un maestro dijo a su autor: &#8220;Por este libro le serán                        perdonados en la otra vida todas las penas del Purgatorio                        y le sobrarán seis años de indulgencia todavía&#8221;.</p>
<p class="texto" align="left"><em>Fuente: Ambas Américas                        Revista de Educación, Bibliografía y Agricultura                        Fundada por D.F. Sarmiento en Nueva York en 1867 Pag. 29                        Nþ6 Septiembre de 1993 </em></p>
<p class="texto" align="left">
<p class="texto" align="left"><span class="titulo"><strong>De publicaciones,                        exilio y sociedades literarias (1835-1845)</strong> </span></p>
<p class="texto" align="left">En San Juan, entre 1835 y 1840,                        Sarmiento creó una sociedad literaria, filial de                        la Asociación de Mayo fundada por Esteban Echeverría                        en Buenos Aires. Y, en 1839, junto con el llamado Grupo                        de los Cinco, Manuel Quiroga Rosas, Antonino Aberastáin,                        Indalecio Cortínez, Guillermo Rawson y Dionisio Rodriguez,                        fundó el periódico &#8220;El Zonda&#8221;. Según                        Natalio Botana-, se editaron seis números en poco                        más de un mes dirigidos a no más de cincuenta                        lectores porque sólo tenían 39 suscriptores.                        El cierre se debió a que el Gobierno sanjuanino los                        obligó a pagar un impuesto muy elevado por la publicación.</p>
<p class="texto" align="left">Ese mismo año fundó                        el Colegio de Señoritas de la Advocación de                        Santa Rosa de América con el apoyo de su tío,                        José Quiroga Sarmiento. Por entonces leía                        a autores como Alexis de Tocqueville, Louis Blanc, el Conde                        Claudio de Saint Simón y Pierre Leroux.</p>
<p class="texto" align="left">En 1840 se exilió nuevamente                        en Chile por participar en una fracasada conspiración                        unitaria contra el gobernador Nazario Benavídez (federal).                        Allí, gobernaban los pelucones (conservadores) desde                        hacía diez años en un régimen político                        republicano, cuya ley fundamental era la Constitución                        de 1833. El presidente chileno era el general Joaquín                        Prieto (1831-1841) a quien sucedió el general Manuel                        Bulnes (1841-1851).</p>
<p class="texto" align="left">Durante la presidencia de Prieto                        se había restablecido la estabilidad política                        y econonómica. Santiago de Chile era una progresista                        ciudad de 80.000 habitantes, con libertad de prensa, y una                        Universidad fundada y dirigida por el ilustre poeta venezolano                        Andrés Bello.</p>
<p class="texto" align="left">Sarmiento colaboró -durante                        el gobierno de Bulnes-, con su amigo y futuro presidente                        de Chile, el ministro de Instrucción Pública,                        Manuel Montt.</p>
<p class="texto" align="left"><strong><span class="titulo">Viajes                        y libros (1845)</span></strong></p>
<p class="texto" align="left">En 1845, cuando Sarmiento tenía                        34 años, algunos acontecimientos influyeron de manera                        decisiva en su actuación pública. Ese año                        publicó en &#8220;El Progreso&#8221; -en forma de folletín-,                        &#8220;Civilización y Barbarie. Vida de Juan Facundo                        Quiroga y aspecto físico, costumbres y hábitos                        de la República Argentina&#8221;. Con el tiempo, se                        convirtió en su obra más conocida. También                        editó su &#8220;Método gradual de enseñar                        a leer el castellano&#8221; y &#8220;General Fray Félix                        Aldao, gobernador de Mendoza&#8221;.</p>
<p class="texto" align="left">Ese mismo año, Manuel                        Montt, ministro de Instrucción Pública de                        Chile -bajo la presidencia de Manuel Bulnes-, le encargó                        el estudio de los sistemas educativos y las políticas                        migratorias de EE.UU y Europa. Sarmiento volcó sus                        impresiones en &#8220;Viajes por Europa, Africa y América,                        1845-1847&#8243;: cartas editadas en dos volúmenes                        entre 1849 y 1851. Recorrió el mundo en dos años:                        visitó Uruguay, Brasil, Francia, España, Argel,                        Italia, Alemania, Suiza, Inglaterra, EE.UU, Canadá                        y Cuba.</p>
<p class="texto" align="left">A fines de 1845 conoció                        en Montevideo a Esteban Echeverría el ideólogo                        de la Generación del 37. En Uruguay también                        encontró a Bartolomé Mitre y a Florencio Varela.                        De allí viajó a Brasil. Se contactó                        con José Mármol en Río de Janeiro,                        y desde esa ciudad se trasladó a Europa.</p>
<p class="texto" align="left">En Gran Bourg, Francia, visitó                        al general José de San Martín por 1846. Sarmiento                        tenía 35 años y San Martín 68. Un año                        después, en los EE.UU, conoció a un destacado                        educador norteamericano, secretario del Consejo de Instrucción                        Pública de Massachusetts, Horace Mann y a su esposa                        Mary. Ellos influirían significativamente en sus                        proyectos educativos.</p>
<p class="texto" align="left"><strong><span class="titulo">Escritos                        pedagógicos de Sarmiento</span></strong><span class="subtit"> </span></p>
<p class="texto" align="left">A la obra pedagógica                        principal de Sarmiento, &#8220;Educación popular&#8221;,                        el libro que mas estimaba su autor, deben añadirse                        los folletos titulados: &#8220;Programa de un colegio de                        señoritas en San Juan&#8221; &#8220;Análisis                        de las carillas, silabarios y otros métodos de lectura                        conocidos y practicados en Chile&#8221; (1842) &#8220;Método                        de lectura gradual, adoptado por la Facultad de Humanidades                        y mandado seguir por el Gobierno en las escuela públicas&#8221;                        &#8220;Instrucción a los maestros de escuela&#8221;                        Publico a sus expensas: &#8220;Método de lectura en                        quince cuadernos , por Bonifaz&#8221; (1841) Tradujo, para                        dotar a la instrucción primaria de tratados útiles,                        los siguientes: &#8220;Conciencia de un niño&#8221;                        &#8220;Manual de la historia de los pueblos de Levi Alvarez,                        &#8220;El Por qué o la física popularizada&#8221;                        &#8220;Vida de Franklin&#8221;, entre otros.</p>
<p class="texto" align="left">Entre sus interesantes artículos                        periodísticos de carácter pedagógico                        pueden situarse: &#8220;La educación publica en América                        Latina&#8221;. (El Mercurio, 17,18,22,23 de marzo de 1842)                        &#8220;La mujer y la civilización&#8221; (El Mercurio                        del 22,23,24 de agosto de 1841) &#8220;El trabajo de la mujer&#8221;                        (El Progreso 25 de septiembre de 1844) &#8220;Eficacia de                        la ley de Instrucción pública&#8221; ( La Crónica                        de junio 24 de 1849 &#8220;El medio de crear escuelas&#8221;                        (El Mercurio de noviembre 26 de 1842) &#8220;Estado de la                        Instrucción primaria en los Estados Unidos durante                        1851&#8243;. Entre otros En 1855 publicó la obra &#8220;Plan                        combinado de educación común, silvicultura                        e industria pastoral, aplicable al Estado de Buenos Aires&#8221;                        En 1860 se imprimió por &#8220;orden del jefe de departamento                        de Escuelas y Ministro de Gobierno de Buenos Aires, D. Domingo                        Sarmiento &#8220;un Sistema métrico, obra destinada                        especialmente al comercio y a las escuelas&#8221; así                        como el texto &#8220;Aritmética práctica&#8221;                        Sarmiento fundó el primer periódico sobre                        escuelas que haya tenido el país &#8220;Anales de                        la educación Común&#8221; que existieron desde                        1858 hasta 1876 con una interrupción de 30 meses                        (1863-1865) que no fueron nunca oficiales: vivían                        de la suscripción.</p>
<p class="texto" align="left">En 1866 da a luz un trabajo                        titulado &#8220;Las escuelas, base de la prosperidad y de                        la República en los Estados. Informe al ministro                        de instrucción pública de la R. Argentina.&#8221;</p>
<p class="texto" align="left"><strong><span class="titulo">Anécdotario                        (por sus obras los conocereis)</span></strong></p>
<p class="texto" align="left">Cuentan que un día Sarmiento                        se encuentra con un “enemigo” político,                        mientras caminaba por una vereda de Buenos Aires. Ante la                        sorpresa, el personaje le espeta: “yo no le cedo el                        paso a las bestias”. A lo cual Sarmiento respondió                        bajando a la calle: “yo sí”.</p>
<p class="texto" align="left">Un día, dando un discurso                        en el Congreso Nacional, pronunció “Shakespeare”                        como se escribe; ante la risita de algunos “intelectuales”,                        Sarmiento optó por continuar su discurso&#8230; todo                        en inglés!!!</p>
<p class="texto" align="left">En una de sus incursiones por                        las escuelas de la provincia, tuvo oportunidad de encontrar                        a un maestro que le dijo que no creía necesaria la                        enseñanza de los signos de puntuación. Sarmiento,                        lejos de discutir, le pidió que escribiera: “El                        maestro dijo Sarmiento es un bruto” cuando el docente                        hubo terminado, el sanjuanino se acercó al pizarrón                        y colocó dos puntos: “El maestro dijo: Sarmiento                        es un bruto”</p>
<p class="texto" align="left">Ante el horror del docente                        Sarmiento borró los dos puntos y agregó dos                        comas, el texto quedó asi: “El maestro, dijo                        Sarmiento, es un bruto”</p>
<p class="texto" align="left">El maestro comprendió                        lo importantes que eran los signos de puntuación.</p>
<p class="texto" align="left">En una ocasión, Sarmiento                        mantenía una discusión con el doctor Facundo                        Zuviría, quien estaba en contra de la libertad de                        imprenta. El doctor, haciendo gala de su erudición,                        intentaba convencer a Sarmiento de sus argumentos. Finalmente,                        harto de tanta necedad, el gran sanjuanino le dijo: &#8220;Es                        imposible saber más, ni entender menos la materia                        de que se trata&#8221;.</p>
<p class="texto" align="left">Sarmiento sabía del                        valor inapreciable de los libros, base de todo saber. Por                        eso, en la portada de sus libros puso las siguientes &#8220;instrucciones&#8221;:</p>
<p class="texto" align="left">1þ Nunca tomes un libro con                        las manos sucias.<br />
2þ Nunca mojes el dedo para volver la hoja.<br />
3þ Nunca te pongas el libro en la boca.<br />
4þ Nunca rajes las esquinas.<br />
5þ Nunca dobles una página como señal.<br />
6þ Nunca dejes el libro abierto.<br />
7þ Nunca lo dejes sino en lugar seguro.</p>
<p class="texto" align="left"><span class="titulo"><strong>Los                        ferrocarriles y los risueños legisladores (conste                        en acta!)</strong></span></p>
<p class="texto" align="left">(1)Para construir el ferrocarril                        a San Fernando debía acordar la Legislatura una garantía                        pero los senadores, que &#8220;eran razonadores universitarios,                        notables por su mala preparación para la nueva vida                        a que era llamado el país&#8221;, se espeluznaban                        ante el capital de 800.000 pesos fuertes y hallaban excesiva                        carga garantizar el 7% del mismo.</p>
<p class="texto" align="left">Contestaba Sarmiento que, por                        el contrario, era tan poca cosa, que en Londres, un banquero                        a quien se le fuera a pedir esa suma, contestaría:                        &#8220;Vean ustedes al prestamista del barrio&#8221;. &#8220;En                        cuanto a mí, agregaba, no he de morirme sin ver empleados                        en ferrocarriles, en este país, íNo digo 800.000                        duros (*), sino ochocientos millones de duros!&#8221;.</p>
<p class="texto" align="left">Los senadores y la barra se                        echaron a reír, tan insensata les parecía                        la suma, y Sarmiento pide que conste esa hilaridad en el                        acta.</p>
<p class="texto" align="left">&#8220;Porque necesito que las                        generaciones venideras sepan que para ayudar al progreso                        de mi país, he debido adquirir inquebrantable confianza                        en su porvenir. Necesito que consten esas risas, para que                        se sepa también con qué clase de necios he                        tenido que lidiar&#8221;.</p>
<p class="texto" align="left">Rira bien qui rira le dernier                        (**)</p>
<p class="texto" align="left">(*) Duros. Sinónimo                        de pesos fuertes</p>
<p class="texto" align="left">(**) Rira bien qui rira le                        dernier. Palabras francesas que significan: Reirá                        bien quien ría último.</p>
<p class="texto" align="left"><span class="titulo"><strong>Pero                        la decencia lo impide (1)</strong></span></p>
<p class="texto" align="left">Necesitaba Sarmiento gobernar                        y ser al mismo tiempo el expositor de sus ideas en su viejo                        amigo José Posse (*) y su vigorosa pluma. Pero eran                        reducidas y mezquinas las situaciones que pudo ofrecerle                        para radicarse en Buenos Aires y abandonar su tucumán                        florido. Era imposible mermar la autoridad de los ministros                        cada uno en su ramo y los puestos disponibles inferiores                        a los méritos del amigo.</p>
<p class="texto" align="left">Años después,                        lamentaba Sarmiento haberse privado de tan eminente colaboración                        forzado a ser su propio comentarista, con el manoseo consiguiente                        en la prensa diaria.</p>
<p class="texto" align="left">Habiéndole oído                        más de una vez ese lamento, le ocurrió a quien                        esto escribe preguntarle qué motivo hubo para que                        Posse no fuese uno de los ministros, teniendo la autoridad                        adquirida como ministro y gobernador, diputado, etc. Sarmiento                        parecía caído del cielo ante semejante idea.</p>
<p class="texto" align="left">&#8220;Nunca -dijo- se me hubiera                        ocurrido hacer ministro responsable a un amigo íntimo.                        No está prohibido que un hermano del presidente fuese                        ministro pero la decencia lo impide. La firma de ministro                        es un contralor legal. ¿Qué quieres? Esta                        clase de escrúpulos me ha impedido hacer muchas cosas                        buenas y tal vez algunas malas&#8221;.</p>
<p class="texto" align="left">(*) Posse, José. Abogado,                        periodista y político tucumano (1816-1906). Fue miembro                        de la convención de 1860 que refirmó la Constitución                        de 1853. En su provincia fue gobernador y rector del Colegio                        Nacional.</p>
<p class="texto" align="left"><span class="titulo"><strong>Igualdad                        ante la ley (1)</strong></span></p>
<p class="texto" align="left">Los grandes propietarios, con                        sus estancias abiertas de par en par, se quejaban amargamente                        de los buhoneros, pequeños comerciantes ambulantes,                        a quienes acusaban de encubrir los robos de cueros. Se trató                        de ponerles una fuerte patente para escarmentarlos; pero                        el vigoroso buen sentido de Sarmiento se puso por delante:                        -&#8221;No hay cosa que produzca más fatales resultados                        que hacer leyes de carambola que apuntan a una parte para                        ir a dar en otra. Las leyes de impuestos deben ser para                        lo que son, para contribución, y entonces ha de haber                        la gradación según el capital; pero nunca                        se han de convertir en leyes penales.</p>
<p class="texto" align="left">&#8220;Ese pequeño comerciante                        es un elemento de progreso, de movimiento, y si recoge lo                        que está abandonado, es que las estancias no tienen                        límite. No hagamos leyes para proteger el atraso                        de los estancieros que no se guardan, que no emplean la                        gente necesaria, que no amansan sus ganados, que no cercan                        sus estancias.</p>
<p class="texto" align="left">&#8220;La ley nunca muere debe                        llevar el sello de la clase social que la dictó en                        su beneficio y en perjuicio de otros&#8221;.</p>
<p class="texto" align="left"><span class="titulo"><strong>Reglas                        de elocuencia (1)</strong></span></p>
<p class="texto" align="left">A la edad de trece años                        paseábamos en bote con Sarmiento en un lago de los                        Estados Unidos, cuando preguntó: -Augusto, ¿sabes                        nadar? -No, señor.</p>
<p class="texto" align="left">-Desnúdate; te voy a                        echar al agua; no te olvides que no te dejaré ahogar,                        y nadarás con tal de conservar la cabeza fuera del                        agua.</p>
<p class="texto" align="left">Así se hizo y, en la                        confianza de que aquello no encerraba el menor peligro,                        nadamos un rato a manotones y metodizando otras dos experiencias;                        Sarmiento, que de anciano llamaba la atención como                        insigne nadador, logró muy pronto hacernos nadar.</p>
<p class="texto" align="left">Pues bien; muchos años                        después, formando parte de un cuerpo constituyente,                        creíamos haber acopiado algunas ideas propias sobre                        un asunto, y manifestamos al mismo maestro la perplejidad                        de no saber hablar en público.</p>
<p class="texto" align="left">-¿Te acuerdas cómo                        aprendiste a nadar? Pues así se habla: echándose                        al agua. Estudia y medita; y si logras adquirir un convencimiento,                        exprésalo tal como lo sientes. Darás manotadas                        inútiles al principio, si te preocupas demasiado                        del efecto; pero la convicción y el asunto mismo                        te sostendrán sobre el agua. Si tienes ideas propias,                        tendrás estilo propio. Las reglas de la elocuencia                        se han inventado para explicar la elocuencia, y nunca han                        servido para hacer elocuente a nadie.</p>
<p class="texto" align="left"><span class="titulo"><strong>La                        exposición de Córdoba (1)</strong></span></p>
<p class="texto" align="left">Un amigo de gran sentido práctico                        y de gran valía para él, se fue a pelearlo                        al presidente sobre su empeño de llevar a cabo la                        Exposición de Córdoba.</p>
<p class="texto" align="left">N.- No tenemos otra cosa que                        exponer que la carencia de industria- le decía.</p>
<p class="texto" align="left">Pte.- Será un balance                        de la situación saber que en 1870 no había                        industria, y un punto de partida para crearla.</p>
<p class="texto" align="left">N.- Vamos a mostrar nuestras                        miserias. Hay un millón de destituídos, sin                        profesión, sin tierra, sin casa, sin medios de vivir&#8230;</p>
<p class="texto" align="left">Pte.- Y hay ríos navegables,                        territorios inmensos de pan llevar, bosques con maderas                        exquisitas, minerales, etc., etc. Se hará sensible                        la coexistencia de estos dos hechos: ítanta riqueza                        y tal miseria, y su causa la falta de industria!</p>
<p class="texto" align="left">N.- Siquiera se hiciese en                        Buenos Aires, para estudiar mejor los productos de las provincias                        y sus necesidades.</p>
<p class="texto" align="left">Pte.- Deje ueted. Para la población                        de Buenos Aires la exposición sería como el                        carnaval, como tantas otras exhibiciones de su cultura,                        y de nungún provecho para el pueblo, para quien se                        hacen estas cosas. Entre exponer aquí la pobreza                        de allá y llevarles allá el ejemplo de otros                        progresos, elijo lo más provechoso.</p>
<p class="texto" align="left">N.- Pero aquí el extranjero                        vería una ciudad culta y se formaría mejor                        idea de nosotros.</p>
<p class="texto" align="left">Pte.- Para el extranjero precisamente.                        Empiece usted con que verá el gran río hasta                        el Rosario, espectáculo más codiciado por                        el europeo que todas las baratijas de una exposición.                        Después, el Rosario, única ciudad floreciente                        que se haya levantado después de la independencia.                        En seguida, la Pampa, por leguas, silenciosa, inhabitada,                        inculta, y la contemplará con respeto al saber que                        hemos decretado suprimirla; y por fin, Córdoba misma.                        ¿Qué cree usted, que Córdoba es cosa                        así no más? Es la verdadera joya de la República.                        Una ciudad colonial, con el espíritu de entonces,                        su Universidad, sus conventos, su herencia inquisitorial.                        En vano recorrería el viajero la Europa y la América                        en busca de un pedazo de mundo antiguo inocente de toda                        reforma, de toda innovación.</p>
<p class="texto" align="left">N. -Esas gentes serán                        refractarias a todo progreso.</p>
<p class="texto" align="left">Pte. -De lo que se trata es                        de revolucionar todo eso. Si los cordobeses son reacios,                        materia de exposición. Si corresponden a la idea                        que todos abrigan de su cultura y aptitud al progreso, materia                        de exposición . . .</p>
<p class="texto" align="left">N. -Pero ha de saber V.E. que                        hay católicos cordobeses que, al saber que una máquina                        útil sale de manos herejes, retirarán con                        asco las suyas y declararán abominable y malsano                        el pan que se confeccionase con el trigo que hubieses trillado,                        cosechado y sembrado tales máquinas.</p>
<p class="texto" align="left">Pte. -No averiguan tanto como                        eso. De todos modos, no existe otro medio de renovar un                        mundo atrasado, sino haciendo penetrar ideas nuevas por                        medio del bienestar y de la propia conveniencia. Vaya uno                        a decirles que si Salomón, en toda su gloria, está                        vestido apenas como un lirio de los campos, ha necesitado                        de toda la industria humana para vestirse tal como se vistiera.                        Si tal decimos, somos herejes contumaces; pero por los ojos                        entra la vida.</p>
<p class="texto" align="left">N. ¿Y no se avergonzaría                        el presidente de mostrar ese atraso a los europeos? Pte.                        -íQué se avergüence la España!                        Si no tenemos industria fabril, es porque así lo                        quiso, en su propio daño, la nación de que                        procedemos. Cuando un pueblo pretende ser civilizado, es                        preciso que tenga el coraje de serlo, y el punto de partida                        de la reforma no debemos ocultarlo ni a nosotros mismos                        ni a los demás. Por exiguo que sea el resultado de                        la exposición, su conocimiento será ya un                        progreso. Sabremos que no tenemos aún los medios                        de enriquecernos que otros pueblos han acumulado en la variedad                        de industrias manuales; pero el observador notará                        cuáles son los recursos, cuáles son los obstáculos                        para su desarrollo y cuáles las industrias que progresarían                        si el capital europeo y la inteligencia viniesen a fecundarlas.                        El interior de la República, ignorado aún                        para los que gobiernan, es un misterio para el mundo exterior,                        y una política ilustrada está interesada en                        ir descubriendo el velo que oculta aquel misterio.</p>
<p class="texto" align="left">N. -Mucho me temo que la Exposición                        sea un fracaso y mal gastado tanto dinero.</p>
<p class="texto" align="left">Pte. -Tenemos que hacer mal                        las cosas para saber cómo deberemos hacerlas mejor.                        Quiero mostrar lo que no hemos hecho y lo que nos queda                        por hacer. La Exposición será un acontecimiento                        más beneficioso que una batalla, y Córdoba                        empezará a marchar, como que la cultura mal encaminada                        pero real que allí existe será el origen de                        un gran progreso. Créame: Córdoba será                        un barrio de Buenos Aires, si Buenos Aires no es al fin                        un barrio de Córdoba.</p>
<p class="texto" align="left">N. -Que los cordobeses del                        porvenir se lo premien, señor presidente, que los                        del presente no se lo perdonarán.</p>
<p class="texto" align="left">Pte. -Amén.</p>
<p class="texto" align="left"><span class="titulo"><strong>Dinero                        para las escuelas (1)</strong></span></p>
<p class="texto" align="left">Durante la administración                        libérrima de Don Pastor Obligado (A), tan patriota                        como el que más, en la intención, negóse                        la creación de un departamento separado de educación                        primaria, la que estaba afecta al rector de la Universidad;                        pero Sarmiento hacía tanta insistencia de su propósito                        de consagrarse a la educación y condición                        de su permanencia en Buenos Aires, que consiguió                        se introdujese en el presupuesto la separación, como                        de contrabando. Al proponer los items que para el año                        entrante debían figurar en el presupuesto para sostenimiento                        y creación de escuelas en toda la provincia, Sarmiento                        propuso 200.000 pesos moneda corriente (B), como ocho mil                        fuertes (C).</p>
<p class="texto" align="left">Por poco no se cae de espaldas                        el buen gobernador al leer corregida la cifra del anterior                        presupuesto de 20.000 pesos (menos de mil fuertes). íEra                        de no creer a sus ojos! í200.000 pesos en útiles                        y libros! Ya empezaba a cobrar fama de loco el autor de                        la enmienda; pero atribuyó el error a no estar en                        antecedentes &#8220;este mozo que venía de afuera&#8221;.</p>
<p class="texto" align="left">-Venga , doctor -le dijo al                        ministro Vélez (D)-a ver la graciosa equivocación                        de su amigo. íComo no está en antecedentes,                        ha leído en el presupuesto un item de 20.000 para                        útiles, y al copiarlo le ha agregado un cero y propone                        200.000! Rieron mucho gobernador y ministro de la peregrina                        ocurrencia; pero el ministro, que tenía mejores antecedentes                        del asunto, sugirió, antes de enderezar el entuerto,                        hablar con el causante, &#8220;porque -decía el cándido                        doctor- no se que le he oído a Sarmiento y bueno                        fuera que le oyera usted.&#8221; Llamado a conferencia particular                        y expuesto el caso, le dijo que, en efecto, al llegar a                        aquella partida había meditado mucho para fijar la                        suma indispensable para proveer de mobiliario, mapas, textos,                        a todas las escuelas de la provincia, y calculado necesario,                        por ahora, dos millones de pesos papel&#8230;</p>
<p class="texto" align="left">-íDos millones! -le                        interrumpió el gobernador, con muestras visibles                        de espanto, pudiendo leer el interlocutor en su semblante                        signos manifiestos de que encontraba confirmada la sospecha                        popular de que tenía propensiones a la locura-. íDos                        millones en escuelas&#8230;! Nos podemos imaginar las elocuentes                        razones de uno y otro lado. La lucha duró varias                        horas, empeñado el jefe de escuelas en mantener sus                        200.000 pesos como mínimo, y el gobernador emperrado                        en sus 20.000 pesos, que todavía creía exorbitantes.                        A fuerza de regatear, consiguió como un triunfo 70.000                        pesos papel, que figuraron en el presupuesto.</p>
<p class="texto" align="left">(A) Obligado, Pastor. Abogado                        argentino (1818-1870) que fue gobernador de la provincia                        de Bs.As. (1854-1857).</p>
<p class="texto" align="left">(B) Moneda corriente. Moneda                        papel cuyo valor era una veinteava parte, aproximadamente,                        del peso plata. Según los años, su valor varió                        en más o en menos</p>
<p class="texto" align="left">(C) Pesos fuertes: Denominación                        del peso plata, equivalente a un dólar norteamericano                        de la época.</p>
<p class="texto" align="left">(D) Vélez Sarfield,                        Dalmacio: Jursconsulto argentino (1801-1875) que volvió                        de Montevideo al caer Rosas. Ocupó altos cargos y                        varias veces fue ministro. Compiló los códigos                        Civil y Comercial.</p>
<p class="texto" align="left">
<p class="texto" align="left"><span class="titulo"><strong>El Rastreador</strong> </span></p>
<p class="texto" align="left"><span class="texto"> El más                        conspicuo de todos, el más extraordinario, es el                        rastreador. Todos los gauchos del interior son rastreadores.                        En llanuras tan dilatadas, en donde las senda y caminos                        se cruzan en todas direcciones, y los campos en que pacen                        o transitan las bestias son abiertos, es preciso saber seguir                        las huellas de un animal y distinguirlas de entre mil, conocer                        si va despacio o ligero, suelto o tirado, cargado o de vacío:                        esta es una ciencia casera y popular. Una vez caía                        yo de un camino de encrucijada al de Buenos Aires, y el                        peón que me conducía echó, como de                        costumbre, la vista al suelo: &#8220;Aquí va -dijo                        luego- una mulita mora muy buena . . .; ésta es la                        tropa de don N. Zapata . . ., es de muy buena silla . .                        ., va ensillada . . ., ha pasado ayer . . .&#8221;. Este                        hombre venía de la Sierra de San Luis, la tropa volvía                        de Buenos Aires, y hacía un año que él                        había visto por última vez, la mulita mora,                        cuyo rastro estaba confundido con el de toda una tropa en                        un sendero de dos pies de ancho. Pues esto, que parece increíble,                        es, con todo, la ciencia vulgar; ¿éste era                        un peón de área, y no un rastreador de profesión.</span></p>
<p class="texto" align="left"><span class="texto"> El rastreador                        es un personaje grave, circunspecto, cuyas aseveraciones                        hacen fe en los tribunales inferiores. La conciencia del                        saber que posee le da cierta dignidad reservada y misteriosa.                        Todos le tratan con consideración: el pobre, porque                        puede hacerle mal, calumniándolo o denunciándolo;                        el propietario, porque su testimonio puede fallarle. Un                        robo se ha ejecutado durante la noche: no bien se nota,                        corren a buscar una pisada del ladrón, y encontrada,                        se cubre con algo para que el viento no la disipe. Se llama                        enseguida al rastreador, que ve el rastro y lo sigue sin                        mirar, sino de tarde en tarde, el suelo, como si sus ojos                        vieran de relieve esta pisada, que para otro es imperceptible.                        Sigue el curso de las calles, atraviesa los huertos, entra                        en una casa y, señalando un hombre que encuentra,                        dice fríamente: &#8220;íEste es!&#8221; El delito                        está probado, y raro es el delincuente que resiste                        a esta acusación. Para él, más que                        para el juez, la deposición del rastreador es la                        evidencia misma: negarla sería ridículo, absurdo.                        Se somete, pues, a este testigo, que considera como el dedo                        de Dios que lo señala. Yo mismo he conocido a Calíbar,                        que ha ejercido, en una provincia, su oficio, durante cuarenta                        años consecutivos. Tiene, ahora, cerca de ochenta                        años: encorvado por la edad, conserva, sin embargo,                        un aspecto venerable y lleno de dignidad. Cuando le hablan                        de su reputación fabulosa, contesta: &#8220;Ya no                        valgo nada; ahí están los niños&#8221;.                        Los niños son sus hijos, que han aprendido en la                        escuela de tan famoso maestro. Se cuenta de él, que                        durante un viaje a Buenos Aires le robaron una vez, su montura                        de gala. Su mujer tapó el rastro con una artesa.                        Dos meses después, Calíbar regresó,                        vio el rastro, ya borrado e inapercibible para otros ojos,                        y no se habló más del caso.</span></p>
<p class="texto" align="left"><span class="texto"> Año                        y medio después, Calíbar marchaba cabizbajo                        por una calle de los suburbios, entra a una casa y encuentra                        su montura, ennegrecida ya y casi inutilizada por el uso.                        íHabía encontrado el rastro de su raptor,                        después de dos años! El año 1830, un                        reo condenado a muerte se había escapado de la cárcel.                        Calíbar fue encargado de buscarlo. El infeliz, previendo                        que sería rastreado, había tomado todas las                        precauciones que la imagen del cadalso le sugirió.                        íPrecauciones inútiles! Acaso sólo                        sirvieron para perderle, porque comprometido Calíbar                        en su reputación, el amor propio ofendido le hizo                        desempeñar con calor, una tarea que perdía                        a un hombre, pero que probaba su maravillosa vista. El prófugo                        aprovechaba todos los accidentes del suelo para no dejar                        huellas; cuadras enteras había marchado pisando con                        la punta del pie; trepábase en seguida a las murallas                        bajas, cruzaba un sitio y volvía para atrás;                        Calíbar lo seguía sin perder la pista. Si                        le sucedía momentáneamente extraviarse, al                        hallarla de nuevo, exclamaba: &#8220;íDónde                        te mi as dir!&#8221;. Al fin llegó a una acequia de                        agua, en los suburbios, cuya corriente había seguido                        aquél para burlar al rastreador . . . inútil!                        Calíbar iba por las orillas sin inquietud, sin vacilar.                        Al fin se detiene, examina unas yerbas y dice: &#8220;Por                        aquí ha salido; no hay rastro, pero estas gotas de                        agua en los pastos lo indican&#8221;. Entra en una viña:                        Calíbar reconoció las tapias que la rodeaban,                        y dijo: &#8220;Adentro está&#8221;. La partida de soldados                        se cansó de buscar, y volvió a dar cuenta                        de la inutilidad de las pesquisas. &#8220;No ha salido&#8221;                        fue la breve respuesta que sin moverse, sin proceder a nuevo                        examen, dio el rastreador. No había salido, en efecto,                        y al día siguiente fue ejecutado. En 1831, algunos                        presos políticos intentaban una evasión: todo                        estaba preparado, los auxiliares de fuera, prevenidos. En                        el momento de efectuarla, uno dijo: -&#8221;¡Cierto!&#8221;                        -contestaron los otros anonadados, aterrados-. ¡Calíbar!                        Sus familias pudieron conseguir de Calíbar que estuviese                        enfermo cuatro días, contados desde la evasión,                        y así pudo efectuarse sin inconveniente.</span></p>
<p class="texto" align="left"><span class="texto"> ¿Qué                        misterio es éste del rastreador? ¿Qué                        poder microscópico se desenvuelve en el órgano                        de la vista de estos hombres? ¡Cuán sublime                        criatura es la que Dios hizo a su imagen y semejanza</span>!</p>
<p><strong><span class="titulo">El baqueano </span></strong></p>
<p><span class="texto">Después del rastreador, viene                        el baqueano, personaje eminente y que tiene en sus manos                        la suerte de los particulares y de las provincias. El baqueano                        es un gaucho grave y reservado, que conoce a palmos, veinte                        leguas cuadradas de llanuras, bosques y montañas.                        Es el topógrafo más completo; es el único                        mapa que lleva un general para dirigir los movimientos de                        su campaña. El baqueano va siempre a su lado. Modesto                        y reservado como una tapia, está en todos los secretos                        de la campaña; la suerte del ejército, el                        éxito de una batalla, la conquista de una provincia,                        todo depende de él.</span></p>
<p><span class="texto"> El baqueano es casi siempre fiel a                        su deber; pero no siempre el general tiene en él,                        plena confianza. Imaginaos la posición de un jefe                        condenado a llevar un traidor a su lado y a pedirle los                        conocimientos indispensables para triunfar. Un baqueano                        encuentra una sendita que hace cruz con el camino que lleva:                        él sabe a qué aguada remota conduce; si encuentra                        mil, y esto sucede en un espacio de cien leguas, él                        las conoce todas, sabe de dónde vienen y adónde                        van. El sabe el vado oculto que tiene un río, más                        arriba o más abajo del paso ordinario, y esto en                        cien ríos o arroyos; él conoce en los ciénagos                        extensos, un sendero por donde pueden ser atravesados sin                        inconveniente, y esto en cien ciénagos distintos.</span></p>
<p><span class="texto"> En lo más oscuro de la noche,                        en medio de los bosques o en las llanuras sin límites,                        perdidos sus compañeros, extraviados, da una vuelta                        en círculo de ellos, observa los árboles;                        si no los hay, se desmonta, se inclina a tierra, examina                        algunos matorrales y se orienta de la altura en que se halla,                        monta en seguida, y les dice, para asegurarlos: &#8220;Estamos                        en dereceras de tal lugar, a tantas leguas de las habitaciones;                        el camino ha de ir al Sur&#8221;; y se dirige hacia el rumbo                        que señala, tranquilo, sin prisa de encontrarlo y                        sin responder a las objeciones que el temor o la fascinación                        sugiere a los otros.</span></p>
<p><span class="texto"> Si aún esto no basta, o si                        se encuentra en la pampa y la oscuridad es impenetrable,                        entonces arranca pastos de varios puntos, huele la raíz                        y la tierra, las masca y, después de repetir este                        procedimiento varias veces, se cerciora de la proximidad                        de algún lago, o arroyo salado, o de agua dulce,                        y sale en su busca para orientarse fijamente. El general                        Rosas, dicen, conoce, por el gusto, el pasto de cada estancia                        del sur de Buenos Aires.</span></p>
<p><span class="texto"> Si el baqueano lo es de la pampa,                        donde no hay caminos para atravesarla, y un pasajero le                        pide que lo lleve directamente a un paraje distante cincuenta                        leguas, el baqueano se para un momento, reconoce el horizonte,                        examina el suelo, clava la vista en un punto y se echa a                        galopar con la rectitud de una flecha, hasta que cambia                        el rumbo por motivos que sólo él sabe, y ,                        galopando día y noche, llega al lugar designado.</span></p>
<p><span class="texto"> El baqueano anuncia también                        la proximidad del enemigo, esto es, diez leguas, y el rumbo                        por donde se acerca, por medio del movimiento de los avestruces,                        de los gamos y guanacos que huyen en cierta dirección.                        Cuando se aproxima, observa los polvos y por su espesor                        cuenta la fuerza: &#8220;Son dos mil hombre&#8221; -dice-,                        &#8220;quinientos&#8221;, &#8220;doscientos&#8221; y el jefe                        obra bajo este dato, que casi siempre es infalible. Si los                        cóndores y cuervos revolotean en un círculo                        del cielo, él sabrá decir si hay gente escondida,                        o es un campamento recién abandonado, o un simple                        animal muerto. El baqueano conoce la distancia que hay de                        un lugar a otro; los días y las horas necesarias                        para llegar a él, y a más, una senda extraviada                        e ignorada, por donde se puede llegar de sorpresa y en la                        mitad del tiempo; así es que las partidas de montoneras                        emprenden sorpresas sobre pueblos que están a cincuenta                        leguas de distancia, que casi siempre las aciertan. ¿Creeráse                        exagerado? íNo! El general Rivera (1), de la Banda                        Oriental, es un simple baqueano, que conoce cada árbol                        que hay en toda la extensión de la República                        del Uruguay. No la hubieran ocupado los brasileros si su                        auxilio; no la hubieran libertado, sin él, los argentinos.                        Oribe (2), apoyado por Rosas, sucumbió después                        de tres años de lucha con el general baqueano, y                        todo el poder de Buenos Aires hoy, con sus numerosos ejércitos                        que cubren toda la campaña del Uruguay, puede desaparecer,                        destruido a pedazos, por una sorpresa hoy, por una fuerza                        cortada mañana, por una victoria que él sabrá                        convertir en su provecho, por el conocimiento de algún                        caminito que cae a retaguardia del enemigo, o por otro accidente                        inapercibido o insignificante.</span></p>
<p><span class="texto"> El general Rivera principió                        sus estudios del terreno el año de 1804: haciendo                        la guerra a las autoridades, entonces, como contrabandista;                        a los contrabandistas, después, como empleado; al                        rey, enseguida, como patriota; a los patriotas, más                        tarde, como montonero; a los argentinos, como jefe brasilero;                        a éstos, como general argentino; a Lavalleja (3),                        como Presidente; al Presidente Oribe, como jefe proscripto;                        a Rosas, en fin, aliado de Oribe, como general oriental,                        ha tenido sobrado tiempo para aprender un poco dela ciencia                        del baqueano.</span></p>
<p><em><span class="titulo">Notas:</span></em></p>
<p><span class="texto"> (1) Fructuoso Rivera (1788-1854),                        nacido en Montevideo e importante terrateniente del sur                        de la Banda Oriental. Defensor y amigo de la política                        imperial, combatió por sus ideas federales con suerte                        desigual. En 1830 fue elegido presidente constitucional                        del Uruguay, derrotó a Lavalleja y se alió                        con los exiliados argentinos y los franceses. Venció                        en Cagancha a las fuerzas argentinas. En 1842 es derrotado,                        resiste, y finalmente se refugia en el Brasil.</span></p>
<p><span class="texto"> (2) Manuel Oribe (1772-1857), montevideano.                        Combatió bajo el mando de Artigas. Participó                        de la expedición de los 33 orientales (1825) y en                        el sitio de Montevideo. Después de participar en                        Ituzaingó y Caaguazú, aliado a Rosas, combate                        a Rivera. Derrotó a Lavalle en Famaillá y                        a López en Santa Fe. Vuelto a Uruguay permaneció                        en su cuartel general del Cerrito. Capituló en 1851.</span></p>
<p><span class="texto"> (3) Juan Antonio Lavalleja (1786-1853),                        oriental, se inicia en la lucha, combatiendo junto a Artigas                        contra los españoles, el directorio porteño                        y los portugueses. Cae prisionero. Con los Treinta y tres                        orientales invade desde Buenos Aires la Banda Oriental para                        desalojar al invasor brasileño. Se suceden los enfrentamientos                        con el Brasil. Obtenida la independencia uruguaya, se enfrenta                        a Rivera, luego se une a Oribe presidente. Desde 1848 hasta                        1851 participa del sitio de Montevideo; muere en 1853, siendo                        miembro de un triunvirato formado luego de la derrota del                        presidente Giró. </span></p>
<p><span class="texto"><strong>Fuente: Facundo Capítulo                        2. Pág. 44 a 46 Domingo F. Sarmiento Biblioteca General                        Básica Centro Editor de América Latina. 1992</strong></span></p>
<p class="texto" align="left"><strong><span class="titulo">Cronología                        de un luchador</span></strong></p>
<p class="texto" align="left">El 22 de abril de 1816 ingresó en la Escuela de la Patria. Ignacio y José Rodríguez fueron sus maestros de primeras letras. José Oro -hermano de fray Justo Santa María de Oro- le enseñó latín, geografía y religión.</p>
<p class="texto" align="left">1821<br />
Viajó con su padre a Córdoba. Procuraba una beca en el Seminario de Loreto, que le fue denegada. Tenía 10 años.</p>
<p class="texto" align="left">1823<br />
Intentó el ingreso al Colegio de Ciencias Morales, en Buenos Aires, en la Manzana de las Luces. Alcanzó la beca provincial, pero perdió dos veces por sorteo.<br />
En una carta dirigida al gobernador de la provincia, Martín Rodríguez, le pidió ingresar al Colegio como supernumerario. Pero no pudo ser.<br />
.Trabajó en la Oficina de Topografía de San                        Juan con el ingeniero francés Víctor Barreau.<br />
.Acompañó a su tío al destierro, a                        San Francisco del Monte, en San Luis.</p>
<p class="texto" align="left">1827<br />
.Fue dependiente en la tienda de su tía y, debido a esos trabajos, viajó a Chile por primera vez. Tenía 16 años.<br />
.El joven, que se dedicaba al comercio pero que tenía otros horizontes al que las instituciones de excelencia educativa existentes le habían cerrado las puertas, leía por su cuenta a Cicerón, Benjamín Franklin, Rousseau, la Biblia&#8230;</p>
<p class="texto" align="left">1828<br />
.Fue subteniente de la segunda compañía del batallón de infantería provincial, con 17 años. Pero el cargo lo perjudicaba. Faltó a tres guardias y lo procesaron. Intervino la familia Oro. Argumentó que había faltado por &#8220;subsistir y socorrer a su pobre familia&#8221;.<br />
.Se hizo unitario, como su padre.</p>
<p class="texto" align="left">1829<br />
Intervino en la Campaña de Jáchal, contra                        Facundo, a órdenes de Nicolás Vega.<br />
Peleó en: Las 9 Quijadas; Niquivil; Tafin (salvó la vida en este desastre). .29 de setiembre: En la derrota unitaria de Pilar, fue ayudante de Rudecindo Alvarado.<br />
Huyó con Narciso de Laprida.</p>
<p class="texto" align="left">1830<br />
Fue ascendido por el gobernador Juan Aguilar a ayudante del Escuadrón de Dragones de la Escolta. Tenía 19 años.</p>
<p class="texto" align="left">1831<br />
Al triunfar Quiroga en Chacón, se exilió en                        Chile, con su padre.<br />
.Se unió con una chilena, María Jesús del Canto. Tuvo una hija, Ana Faustina, que nació el 18 de julio de 1831.<br />
Fue maestro en la escuela municipal de los Andes, hasta                        que lo destituyeron de ese cargo.</p>
<p class="texto" align="left">1832<br />
Siempre en Chile, entonces en Pocuno, trabajó en                        una mina. Pero también dio clases.</p>
<p class="texto" align="left">1833<br />
Trabajó en Valparaíso, como dependiente de comercio. Aprendió a leer inglés. Tenía mala pronunciación y contaba 22 años.</p>
<p class="texto" align="left">1834<br />
En Chile, (más precisamente en Copiapó), fue Mayordomo de una mina de plata (La Colorada), propiedad de su antiguo jefe, Nicolás Vega.<br />
En esa tarea pudo vérsele con el humilde saco azul y el sencillo birrete rojo que usaban todos los mineros.<br />
En ese lugar, siguió ejerciendo su vocación educativa dictando clases de francés. Y se dedicó a dibujar animales y pájaros. También tradujo una parte de la obra novelística del escritor Walter Scott.</p>
<p class="texto" align="left">1835<br />
Enfermó de fiebre tifoidea. Tenía 24 años. Su familia consiguió que lo readmitieran en San Juan, tras cinco años de extrañamiento.</p>
<p class="texto" align="left">1836<br />
En San Juan enseñó dibujo y francés.                        Actuó de perito tasador y de procurador de los Tribunales.<br />
.Murió el sacerdote Oro.<br />
.Sarmiento conoció al médico Guillermo Rawson.</p>
<p class="texto" align="left">1839<br />
En San Juan fundó &#8220;El Zonda&#8221;. Tenía                        28 años.<br />
.Por entonces leía a Byron.<br />
.Fundó un Colegio de niñas. Al Colegio de Pensionistas de Santa Rosa asistían 18 niñas. Allí se enseñaba: lectura, escritura, geografía, aritmética, gramática, ortografía, religión, dibujo, música, francés, italiano, labores.<br />
Sus hermanas Bienvenida, Procesa, Rosario estudian y trabajan                        en la institución.</p>
<p class="texto" align="left">1840<br />
Clausuraron el diario. Sarmiento emigró a Chile. Y en unas rocas escribió aquella frase: &#8220;Las ideas no se matan&#8221;, que según Groussac, es una frase que le pertenece a Volney.<br />
Entonces, según algunas referencias de ese período, estuvo un tiempo sin trabajo ni medios, padeció -quizás- hasta el hambre y, posiblemente, la soledad y, han creído que todo esto le produjo un envejecimiento anticipado. El escritor Lastarria dice de él, en esos años: &#8220;El hombre era realmente raro; sus treinta y dos años de edad parecían sesenta, por su calva frente, sus mejillas carnosas, sueltas y afectadas, su mirada fija pero osada, a pesar del brillo de sus ojos, y por todo el conjunto de su cabeza, que reposaba en un tronco obeso y casi encorvado. Pero eran tales la viveza y la franqueza de la palabra de aquel joven viejo que su fisonomía se animaba con los destellos de un gran espíritu, y se hacía simpático e interesante&#8221;.</p>
<p class="texto" align="left">1841 Chile.<br />
Trabajó en El Mercurio (Valparaíso), del que era su director M. Rivadaneira. .Luego en El Nacional (Santiago), por amistad con Manuel Montt. Ministro de Instrucción Pública.<br />
.Fundó la Primera Escuela Normal de Preceptores de                        Sudamérica.<br />
.Colaboró en El Progreso.<br />
.Sostuvo que el Estrecho de Magallanes y sus tierras adyacentes                        eran pertenencia de Chile.<br />
.Trabajó en otros diarios y periódicos.</p>
<p class="texto" align="left">1843<br />
Publicó “Mi defensa” y “Memoria sobre                        la Ortografía americana”.<br />
.Querelló a Domingo S. Godoy.<br />
.Miembro de la Facultad de Humanidades de la Universidad.<br />
.Redactó el “Método de lectura gradual”                        (con él aprendieron a leer 2.000.000 de niños).</p>
<p class="texto" align="left">1845<br />
Chile<br />
.Publicó en los folletines de El Progreso “Facundo                        o Civilización y barbarie”.<br />
A Paz le dijo respecto del “Facundo” que era una “obra improvisada llena de inexactitudes a designio, a veces&#8221;.<br />
.El gobierno de Chile lo envió a Europa y a los EE.UU. a estudiar los sistemas de educación primaria. A decir verdad, se lo sacaron de encima. Pero valió la pena, transformó su alejamiento en valiosa experiencia e inspiración creadora.</p>
<p class="texto" align="left">1847<br />
Estuvo el 24 mayo con San Martín, en Grand Bourg.</p>
<p class="texto" align="left">1848<br />
Volvió a Chile luego de tres años de estudios en el exterior. Tenía 37 años. .Casó con Benita Martínez Pastoriza (viuda de Domingo Castro y Calvo). Con ella concibió a su hijo Dominguito, que murió a los 22 años.</p>
<p class="texto" align="left">1849<br />
Publicó sus recuerdos de viaje &#8220;Viajes en Europa y América”. En 1851 apareció la segunda parte de la obra.<br />
.Publicó “Educación Popular”. Acaso la producción más valiosa en la materia durante el siglo pasado.</p>
<p class="texto" align="left">1850<br />
Publicó “Argirópolis, o La Capital de los Estados Confederados del Río de la Plata”, que dedicó a Urquiza.<br />
.Publicó “Recuerdos de Provincia”.<br />
.Se separó de su esposa.</p>
<p class="texto" align="left">1851<br />
Se incorporó al ejército de Urquiza, junto                        a Mitre, como boletinero.</p>
<p class="texto" align="left">1852<br />
Caseros. Participó de la batalla. Escribió                        el parte del combate con la pluma de Rosas.<br />
.Se peleó con Urquiza y volvió a Chile.<br />
.Publicó el “Diario de la Campaña del                        Ejército Grande”.</p>
<p class="texto" align="left">1853<br />
Polemizó con Alberdi -que escribió el libro “Cuatro cartas sobre la prensa y la política militante en la República Argentina”, las “Cartas Quillotanas”-. El le contestó con “Las ciento y una”.<br />
.Fundó en Santiago “El Monitor de las escuelas primarias”, cuando Montt era presidente. En 4 años produjo doce volúmenes.</p>
<p class="texto" align="left">1855<br />
Estuvo en Argentina, en Buenos Aires. Tenía 44 años.<br />
.Concejal por la parroquia de Catedral al Norte.<br />
.Jefe del Departamento de Escuelas de Buenos Aires, hasta                        1862.</p>
<p class="texto" align="left">1858<br />
Creó los &#8220;Anales de la Educación Común&#8221;.<br />
Asumió como Miembro del Instituto Histórico-Geográfico,                        presidido por Mitre.</p>
<p class="texto" align="left">1860<br />
Senador en la Legislatura porteña.<br />
.Participó en debates por proyectos de leyes para                        la educación.<br />
.Derqui lo nombró Enviado Extraordinario y Plenipotenciario                        ante los EE.UU. Pero no aceptó.<br />
.Falleció Paula Albarracín, su madre.</p>
<p class="texto" align="left">1862<br />
Fue Gobernador de San Juan<br />
Su acción fue intensa en la educación primaria                        y en materia de minería.<br />
Reapareció “El Zonda”.<br />
Llevó la guerra contra El Chacho Peñaloza.</p>
<p class="texto" align="left">1863<br />
Murió el Chacho. Según el general Paunero, Sarmiento era sanguinario como un jacobino. Dijo Sarmiento: &#8220;El Chacho ha sido perseguido, ha sido alcanzado en Olta, e Irrazábal le ha cortado la cabeza. Yo he aplaudido el hecho precisamente por la forma&#8221;.</p>
<p class="texto" align="left">1865<br />
Embajador en EE.UU.<br />
.Fue amante de Aurelia Vélez Sarsfield, hija del                        famoso jurista.</p>
<p class="texto" align="left">1868<br />
Presidente de la República. Tenía 57 años.<br />
.Fundó millares de escuelas y de bibliotecas populares.<br />
.También fundó el Observatorio Astronómico                        de Córdoba.<br />
.Prolongó ferrocarriles y telégrafos.<br />
.Levantó el primer Censo, el de 1869.<br />
.Proyectó la construcción de los puertos de                        Buenos Aires y de Rosario.<br />
.Sancionó el Código Civil de Vélez                        Sarsfield.<br />
.Organizó la Primera Exposición Nacional.<br />
.Terminó la Guerra con Paraguay.</p>
<p class="texto" align="left">1870<br />
El 3 de febrero se reunió con Urquiza, que murió                        asesinado el 3 de abril.<br />
.Llegó a su fin la lucha de Sarmiento contra López                        Jordán.<br />
.Fundó el Colegio Militar de la Nación y reorganizó                        la Escuela Naval.<br />
.Se sancionó la Ley de Bibliotecas Populares (creó cien bibliotecas y envió muchísimos libros. Leopoldo Lugones escribió que en una de esas bibliotecas descubrió su vocación).<br />
1871<br />
Se produjo la epidemia de fiebre amarilla.</p>
<p class="texto" align="left">1872<br />
Instaló la Escuela Normal de Paraná, la primera                        del país.</p>
<p class="texto" align="left">1873<br />
23 de agosto. Atentaron contra su vida en la esquina de Maipú y Corrientes. El hombre que intentó asesinarlo respondía a López Jordán.</p>
<p class="texto" align="left">1874<br />
Tenía 63 años.<br />
Finalizó su período presidencial.<br />
Le sucedió Nicolás Avellaneda.</p>
<p class="texto" align="left">1875<br />
Fue Senador Nacional por San Juan y Director de Escuelas                        de Buenos Aires.</p>
<p class="texto" align="left">1879<br />
Tenía 68 años y renunció a su banca                        de senador.<br />
.Fue Ministro del Interior de Avellaneda por un mes y medio.</p>
<p class="texto" align="left">1881<br />
Superintendente General de Escuelas del Consejo Nacional                        de Educación.<br />
Renunció tras una polémica con Avellaneda por la enseñanza laica en las escuelas. Avellaneda era católico.</p>
<p class="texto" align="left">1884<br />
Roca publicó las obras completas de Sarmiento, a cargo del erario público. Son 52 tomos. La edición fue de su nieto Augusto Belín Sarmiento.</p>
<p class="texto" align="left">1886<br />
Publicó dos opúsculos biográficos: “Coronel Francisco Muñiz” y “Vida de Dominguito”.<br />
.Recorrió escuelas del interior.</p>
<p class="texto" align="left">1887<br />
Enfermo, se trasladó a Paraguay, a los 76 años.</p>
<p class="texto" align="left">1888<br />
Falleció el 11 de Septiembre de 1888 en la ciudad                        de Asunción, Paraguay.</p>
<p><em>::::</em></p>
<p><em>(1) Fuente:                        Sarmiento Anecdótico Cuarenta anécdotas narradas                        por su nieto, Augusto Belín Sarmiento. Selección,                        prólogo y notas de Narciso Biayán. Editorial                        Kapelusz. 1961 </em></p>
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