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	<title>Blush &#124; Fiat Lux &#187; Fernando Pessoa</title>
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	<description>Revista digital de cultura y humanidades</description>
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		<title>Sobre las ventajas del estudio</title>
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		<pubDate>Wed, 14 May 2008 22:27:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Frases]]></category>
		<category><![CDATA[]]></category>
		<category><![CDATA[educación]]></category>
		<category><![CDATA[Fernando Pessoa]]></category>
		<category><![CDATA[reflexiones]]></category>

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		<description><![CDATA[&#8220;La única ventaja de estudiar es gozar                       de lo mucho que los otros                     [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="center">&#8220;La única ventaja de estudiar es gozar                       de lo mucho que los otros                        no dijeron”</p>
<p align="right">Bernardo Soares (*)</p>
<p align="left"><span class="subtit">(*) Heterónimo                        de <a href="http://larevista.turemanso.com.ar/2008/03/27/un-oficinista-silencioso-la-vida-de-fernando-pessoa" target="_blank">Fernando Pessoa</a>, </span><span class="subtit"> en “<a href="http://elmovimientodelasombra.blogspot.com/2007/09/blog-post.html" title="Imperdible" target="_blank">El                        Libro del desasosiego</a>”</span></p>
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		<title>Un oficinista silencioso: la vida de Fernando Pessoa</title>
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		<pubDate>Thu, 27 Mar 2008 11:34:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Personajes]]></category>
		<category><![CDATA[cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Fernando Pessoa]]></category>
		<category><![CDATA[literatura]]></category>

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		<description><![CDATA[ Escondido tras la máscara de un oficinista -lo que en rigor tampoco fue, porque sólo aceptó el trabajo para subsistir y con la condición de no cumplir horarios-, Pessoa emerge como un hombre regido por la pasión. Fue un seguidor del ocultismo y la astrología. Pero, ante todo, un lector empedernido que abordó tempranamente a los autores más difíciles.

El sufrimiento lo acompañó siempre, tanto a un nivel existencial como material. En vida no tuvo nada: carrera, amores, relaciones sociales, obra (sólo vio publicado su libro Mensaje, en 1934).]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="texto"><img class="alignleft" style="float: left; margin-left: 9px; margin-right: 9px;" src="http://www.revistablush.com.ar/wp-content/uploads/2008/03/pessoa.jpg" alt="El gran Pessoa" hspace="9" width="195" height="278" align="left" /><strong><span class="titulo">Su                        vida</span></strong></p>
<p class="texto">Fernando Pessoa nació el 13 de junio                        de 1888 en la ciudad de Lisboa. Muy poco se sabe de su vida                        personal, salvo que salía siempre hacia el mediodía,                        iba a un café, pedía alcohol y al terminar                        su bebida se marchaba. Escribía de noche y preferentemente                        parado.</p>
<p class="texto">Pero no nos vayamos tan lejos en el tiempo                        aun, el padre de Pessoa muere cuando Fernando tiene cinco                        años; su madre se vuelve a casar dos años                        después con el consul portugués de Durban,                        Sudáfrica. Hecho que explica porqué Fernando                        pasó su infancia y juventud en Africa del sur, recibiendo                        una educación inglesa.</p>
<p class="texto">Henriqueta, su media hermana, lo recuerda                        como un niño silencioso que casi no jugaba y que                        ya escribía desde entonces.</p>
<p class="texto">En 1905, a los diecisiete años, regresa                        a Portugal. Solitario, retraído, forja su obra lentamente,                        al mismo tiempo que trabaja como traductor comercial en                        inglés y francés.</p>
<p class="texto">Inicia su obra poética en portugués                        en 1912, con algunos poemas publicados en la revista a Aguia.                        En 1913 publica 35 sonetos en inglés.</p>
<p class="texto">Por aquel entonces entra en relación                        con el grupo saudosista acaudillado por Teixeira de Pascoaes,                        pero lo abandona pronto, para ser, con Sá-Carneiro,                        uno de los introductores de los movimientos de vanguardia                        en Portugal.</p>
<p class="texto">&#8220;No conozco otra vida de escritor tan                        carente, como tampoco otra que haya sido tan transfigurada                        por el arte&#8221;. Las palabras son del prefacio de la biografía                        de Fernando Pessoa, Extraño Extranjero, escrita por                        el francés Robert Bréchon. &#8220;El poeta                        no ha querido, como ciertos estetas, hacer de su existencia                        una obra de arte; ha preferido escenificarla en su obra,                        concebida como un vasto drama donde los heterónimos                        le dan la réplica y se replican, a su vez, mutuamente&#8221;.</p>
<p class="texto">Esa imagen del poeta con camisa blanca,                        traje oscuro, corbata y sombrero gris se repite hasta el                        infinito hasta convertirse en una especie de “monograma”                        del poeta que en algún momento fue considerado &#8220;un                        fracasado&#8221; o, peor aún,&#8221;un inútil&#8221;.</p>
<p class="texto"><strong><span class="titulo">El poeta de oficina</span></strong></p>
<p class="texto">Escondido tras la máscara de un oficinista                        -lo que en rigor tampoco fue, porque sólo aceptó                        el trabajo para subsistir y con la condición de no                        cumplir horarios-, Pessoa emerge como un hombre regido por                        la pasión. Fue un seguidor del ocultismo y la astrología.                        Pero, ante todo, un lector empedernido que abordó                        tempranamente a los autores más difíciles.</p>
<p class="texto">El sufrimiento lo acompañó                        siempre, tanto a un nivel existencial como material. En                        vida no tuvo nada: carrera, amores, relaciones sociales,                        obra (sólo vio publicado su libro Mensaje, en 1934).                        Bebió en exceso. Y tenía sobre todo, el vicio                        de no terminar nunca nada de lo que empezaba, quizas con                        esta cita del fragmento 152 del “libro del desasosiego”                        podamos comprender porqué incluso no pudo esperar                        a concluir con su vida de forma natural: “Me quedo                        desolado cuando termino algo. Me quedo pasmado y desolado.                        Mi instinto de perfección debería impedirme                        acabar; debería impedirme incluso empezar…”</p>
<p class="texto">Cuando se suicidó uno de sus pocos                        amigos, le dedicó la siguiente oración fúnebre:                        &#8220;genio del arte, Sá-Carneiro no conoció                        en esta vida ni alegría ni dicha (&#8230;). Así                        les ocurre a los señalados por los dioses. El amor                        les da la espalda, la esperanza no los reclama, la gloria                        los ignora&#8221;.</p>
<p class="texto"><strong><span class="titulo">Sobre heterónimos                        y ortónimos</span></strong></p>
<p class="texto">El año 1914 fue decisivo en la obra                        del poeta, por la invención de sus tres heterónimos.                        Pessoa crea su obra proyectándola sobre cuatro personalidades                        distintas y divergentes en la que se incluye a él                        mismo (Fernado Pessoa) como ortónimo.</p>
<p class="texto">Cuando hablamos de heterónimos no                        estamos refiriéndonos a seudónimos, ni a un                        juego de dispersión emocional, sino a individualidades                        que deben ser consideradas distintas del propio autor. La                        obra seudónima es la del autor en su personalidad,                        salvo en el nombre con que firma; la heterónima es                        del autor fuera de su personalidad, es de una individualidad                        completa fabricada por él, como si fueran los parlamentos                        de cualquier personaje de cualquier drama suyo.</p>
<p class="texto">Cada uno de sus heterónimos parecía                        tener una misión clara y definida dentro de la creación                        poética: el &#8216;poder de despersonalización dramática&#8217;                        se lo otorgó a Alberto Caeiro, la &#8216;disciplina mental&#8217;,                        a Ricardo Reis, y &#8216;toda la emoción que no debo ni                        a mí ni a mi vida&#8217; fue para Alvaro de Campos.</p>
<p class="texto">Pessoa fue todos y cada uno de ellos: fue                        Alberto Caeiro, un poeta sensualista y pagano. Pero también                        fue el futurista Alvaro Campos y el helenista y horaciano                        Ricardo Reis, al que el Premio Nobel de Literatura José                        Saramago dedicara una de sus mejores novelas. Por último,                        asumió la voz del acongojado Bernardo Soares, autor                        del Libro del Desasosiego, que actualmente muchos especialistas                        consideran la obra de su vida.</p>
<p class="texto"><strong><span class="titulo">Su obra </span></strong></p>
<p class="texto"><strong>Pessoa </strong>sólo publicó                        en vida un libro, <strong>Mensaje</strong> (1934), que presentó                        al premio literario &#8220;Antero de Quental&#8221; y quedó                        en segundo lugar.</p>
<p class="texto">Mensagem (contracción de “Mens                        agitat molem” –el espiritu es quien guia a la                        materia) se trata de una epopeya asociada generalmente a                        cierto nacionalismo literario, aunque va más allá                        de la mera exaltación histórica para ofrecernos                        una interpretación mística de Portugal.</p>
<p class="texto">Estructurado en tres grandes partes (&#8221;Blasón&#8221;,                        &#8220;Mar Portugués&#8221; y &#8220;El Encubierto&#8221;),                        este libro hace un repaso por los principales acontecimientos                        de la historia portuguesa, retratando a sus figuras centrales,                        desde Ulises, Viriato, Alfonso Enríquez, Enrique                        el Navegante o Vasco de Gama hasta concluir en Don Sebastián                        y &#8220;la madrugada irreal del Quinto Imperio&#8221; (con                        claras reminiscencias del Padre António Vieira).</p>
<p class="texto">En Mensagem Pessoa procede a una lectura                        esotérica del curso de la historia portuguesa, recuperando                        sus símbolos, sus leyendas y lo esencial de su mitología                        para crear una imagen del destino de Portugal, un destino                        aún por cumplirse.</p>
<p class="texto">También es muy interesante la obra                        de del modesto, rural y retirado<strong> Alberto Caeiro</strong> y su discípulo urbano <strong>Álvaro de Campos</strong>.                        Estas dos criaturas con autonomía y personalidad                        propias nacieron el mismo día y se estableció                        entre ellos un vínculo duradero, el de maestro y                        discípulo. Sus estilos son distintos, y sus perspectivas                        vitales también, pero algo les une de una manera                        profunda. Los dos quieren guiar su vida por el mandamiento                        del sentir antes que por cualquier otro. Sentir, no pensar,                        dejar que la vida sea una totalidad que se afirme desde                        su inmediatez sensitiva sin ninguna clase de intermediarios,                        y, sobre todo, sin el propio yo que como conciencia reflexiva                        e inquisitiva se interpone entre las cosas del mundo y los                        sentidos que las perciben. Pero una diferencia les separa                        radicalmente:</p>
<p class="texto"><strong>Caeiro</strong> –que teme al                        pensamiento como a una enfermedad- dedica todo su empeño                        a demostrar que la naturaleza que nos rodea es, en sí                        misma, suficiente porque se limita a ser sin más,                        y se desconoce a sí misma, y en ese desconocimiento                        está toda su fuerza.</p>
<p class="texto">Esa existencia no reflexiva, que ignora la                        conciencia y las preguntas inútiles, es una forma                        de felicidad a la que aspira el sencillo y complejo Caeiro                        y que logra expresar más de una vez. Es decir, Caeiro                        no conoce los tormentos de los desdoblamientos, goza de                        un yo estable y aspira a ser como la luz del sol que &#8220;no                        sabe lo que hace / y por eso no se equivoca y es común                        y es buena&#8221;.</p>
<blockquote>
<p class="texto">“Por eso (¡tristes de nosotros                          que traemos el alma<br />
vestida!)<br />
Eso exige un estudio profundo,<br />
Un aprendizaje de desaprender<br />
Y un secuestro en la libertad de aquel convento<br />
Del que los poetas dicen que las estrellas son las<br />
Monjas eternas<br />
Y las flores las penitentes convictas de un solo día,<br />
Pero donde al final las estrellas no son sino estrellas<br />
Ni las flores sino flores,<br />
Siendo que las llamamos estrellas y flores.”<br />
<strong>[del “Guardador de rebaños”,                          Alberto Caeiro]</strong></p>
</blockquote>
<p class="texto">Pero <strong>Álvaro de Campos</strong> es un atormentado, enfermo de la enfermedad inquietante                        de no ser un yo integrado y feliz. No hay lugar que apacigüe                        las ansias constantes de Álvaro de Campos y su infelicidad                        es no poder estar donde quisiera estar, aunque tampoco sabría                        él mismo definir muy bien en qué sitio quisiera                        estar, quizá únicamente en un lugar de legendaria                        infancia. Todo es destierro y ansia de partir, sea como                        sea, para emprender un viaje a ninguna parte, a una lejanía                        que se hace abstracta inconcreción, lugar o destino                        inapresable, la lejanía de las lejanías. Todo                        es deseo de no existir, de un cansancio o tedio infinito                        –Baudelaire se queda corto a su lado- y todo es enfermedad:                        la enfermedad del mismo Pessoa, la incapacidad de sentir                        la realidad sin interponer obligadamente el pensamiento                        mediador -que con sus distorsiones enloquece la vida-. &#8220;Grandes                        son los desiertos, y todo es desierto&#8221;, dice Álvaro                        de Campos. Es esa profundidad inquietante, inabarcable,                        demoledora en sus aristas, la que nos pone a sus pies, rendidos                        como él por sus fatigas y ansias, como transportados                        a un universo mas que literario.</p>
<blockquote>
<p class="texto">“En la noche terrible, sustancia                          natural de todas las<br />
noches,<br />
En la noche de insomnio, sustancia natural de todas<br />
mis noches,<br />
Recuerdo, velando en modorra incómoda,<br />
Recuerdo lo que hice y lo que podría haber hecho                          en<br />
La vida.<br />
Recuerdo, y una angustia<br />
Se dispersa por mí todo como un frío del                          cuerpo o un<br />
Miedo.<br />
Lo irreparable de mi pasado -¡ése es el cadáver!-<br />
Todos los otros cadáveres puede ser que sean<br />
Ilusión.<br />
Todos los muertos puede ser que sean vivos en otra<br />
Parte.<br />
Todos mis propios momentos pasados puede ser que<br />
Existan en algún lugar,<br />
En la ilusión del espacio y del tiempo,<br />
En la falsedad de transcurrir.<br />
Pero lo que yo no fui, lo que yo no hice, lo que ni<br />
Siquiera soñé;<br />
Lo que sólo ahora veo que debería haber                          sido-<br />
Eso está muerto más allá de todos                          los Dioses<br />
Eso-y fue finalmente lo mejor para mí- ni los Dioses<br />
Hacen vivir…<br />
Si en cierta altura<br />
Hubiese girado para la izquierda en vez de para la<br />
Derecha;<br />
Si en cierto momento<br />
Hubiese dicho sí en vez de no, o no en vez”</p>
<p class="texto"><strong>[De: “Lisbon Revisted”, Álvaro                          de Campos]</strong></p>
</blockquote>
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